19 días en los que La Roja involucionó dos años

Los jugadores de la selección española tras caer ante Rusia./EFE
Los jugadores de la selección española tras caer ante Rusia. / EFE

La salida de Lopetegui devolvió al grupo a la era anterior, tanto en hábitos como en recursos futbolísticos hasta terminar impotente en Rusia

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENEnviado especial a Krasnodar

«Se fue nuestro líder, el que era nuestro entrenador (Julen Lopetegui). Después ha llegado Fernando (Hierro), que lo ha hecho lo mejor que ha podido». La sinceridad de Koke reveló un sentimiento interno del vestuario: la sensación de equipo preparado para ser campeón saltó por los aires en el momento en el que Lopetegui fue destituido. Se rompió el proceso mundialista a sólo dos días del debut. «No me arrepiento de nada. Lo de Lopetegui no fue una decisión deportiva. Todos sabeis por qué fue. Era lo mejor para la Federación y se pasa página. Seguramente hubiera habido críticas igual», explicó Luis Rubiales. España ha regresado al pasado en sólo 19 días. Hierro, que pidió calma aquel 13 de junio al presidente pero supo que la decisión estaba tomada, asumió el cargo por responsabilidad, pero conocía que su amigo llevaba dos años afinando y encontrando soluciones a todos los problemas posibles durante el torneo.

Incluso al efecto que había tenido en el grupo que un equipo español fuera campeón de la Champions, algo siempre vinculado a fracaso de La Roja en el Mundial. Se estudió si era más un tema mental que físico. Y por eso apareció un 'coach' en un grupo moldeado no sólo en los futbolístico (su racha de 20 partidos sin caer lo dice todo), sino también en lo emocional. El equipo había superado todo tipo de problemas, ya que en cada lista había un lío: ausencias de históricos (Cesc o Casillas), las mangas de Piqué y su renuncia a la selección tras ser el centro de críticas y pitos, la 'operación Soule' y detención de Ángel María Villar, la salida de María José Claramunt tras su enfrentamiento entre algunos directivos, el referéndum del 1 de octubre con los catalanes en el ojo del huracán, las elecciones a la presidencia que no llegaban...

El grupo, aquella larga noche del 12 de junio, temió perder la referencia, la persona en la que confiaban. Por ello incluso algunos le transmitieron su deseo a Rubiales de que, pese a lo sucedido y no estando de acuerdo con la manera de proceder de Lopetegui al irse al Real Madrid, aún era el mejor el estratega que podían tener en Rusia. Pero la decisión, calificada por Javier Clemente como «una castaña pilonga», era irrevocable. Tras el shock la selección se conjuró. «Un Mundial es cada cuatro años», se repetían aunque, a veces, a algunos les afloraban en público los pensamientos. «La decisión nos descolocó, no fue el momento adecuado. Julen se merecía seguir con nosotros tras dos años preparando el Mundial», soltó Saúl a TVE. «No voy a valorar los actos ni las decisiones, pero la inestabilidad nunca es buena compañera», afirmó el capitán, Sergio Ramos, sobre la destitución de Lopetegui.

Dinámicas ya olvidadas

«Evolución» fue la palabra que usó Lopetegui en su primer día. A su cuerpo técnico le costó conquistar al núcleo duro, pero logró tenerlo todo medido: las sesiones, la táctica, el peso, los descansos, la alimentación, la estrategia... A veces se consideraba excesivo pero funcionaba. Tras su salida, Hierro, conocedor más de la etapa anterior, se centró más en 'empollarse' los partidos y los hábitos cambiaron. Algunos desayunos y sesiones ya eran opcionales y los horarios se modificaron. Los descansos no eran aprovechados del mejor modo para estar con familiares o amigos, algunos 'estiraban' las competiciones de cartas o videojuegos provocando que llegaran casi recién levantados a la comida o turno de atención a prensa... En esos detalles el grupo involucionó. Y pudo tener efecto en el rendimiento posterior. La estadística confirma que se prolongó la racha y hasta 24 encuentros sin perder. En Rusia sólo ganó uno, a Irán. 1-0 y de rebote.

Pese al entusiasmo inicial ante Portugal (3-3), se fue desmoronando, quedando casi un recuerdo aquella España que ofreció exhibiciones ante Italia en septiembre o Argentina en marzo, días después de su partidazo en Alemania. Y es que con Lopetegui, que optó por rivales de alto nivel en sus amistosos, ganó en Bruselas a Bélgica, en París a Francia y empató ante Inglaterra o Colombia. Todas ellas sueñan ahora con ser capaces de robar la copa dorada a Brasil en suelo ruso. En la 'era Julen' se había tenido en mente que la Francia de 2006, capaz ocho años después de regenerarse con parte de los gloriosos veteranos y algunos nuevos jóvenes, podía ser un espejo en el que mirarse.

Hierro no sigue su ideario

En el primer duelo de eliminatorias Hierro se olvidó de Iniesta, el 'Zidane español', y apostó más orden (un 4-2-3-1 que nunca usó Lopetegui) con el que no hirió al rival. Todos le jugaron igual a España: Portugal, Irán, Marruecos y Rusia. «El músculo no va con nosotros» o «traicionar el estilo sería inmolarnos» fueron dos sentencias hechas por el técnico en su presentación y olvidadas al primer obstáculo. Recordó al banquillazo de Xavi ante Chile en 2014. El manchego no lo entendió. Sus compañeros tampoco. Sobre todo porque no hubo ideas ni soluciones tácticas. Fue una España plomiza, que no dispuso de un plan B desde el banquillo. El primer cambio de Hierro llegó después de tres sustituciones de Cherchesov.

Desde la lejanía el saliente cuerpo técnico observó al grupo casi tan perdido como el día que Italia aplastó a España en París. Ese 0-2 que usaron hasta el extremo para trabajar tácticamente, en el que una defensa de tres centrales con buenos automatismos destrozó al grupo de Del Bosque, que el día previo había consensuado con los suyos la táctica a utilizar ante los de Antonio Conte. Para evitar otro atasco como aquel ante Chile u Holanda, el único plan fue tocar y tocar (1.114 pases sin peligro, con un 90% de acierto para tener un 79% de posesión estéril) sin evitar que el barco, paulatinamente, se encaminase hacia el abismo. El hundimiento se produjo como le pasó a los otros con más posesión (Alemania, con el 67,3 %; y Argentina, con el 62,8%) y que también están fuera del Mundial. No fue juego de posición. Fue retención.

Todo pasó justo seis años después de tocar el techo en Kiev. Ahí empezó el declive. Primero con la final de la Confederaciones perdida en Maracaná, primera visita a una Brasil donde quedó sepultado el ciclo de oro en 2014. Aquella época se esfumó y y no volverá. La selección dice adiós a Iniesta, que llegó al aeropuerto de Krasnodar con un balón en la mano; a Piqué, desafortunado en acciones puntuales decisivas; y quizá a Reina, uno de los puntales anímicos del grupo. Silva, gris y castigado por su tono físico, ya no llegará a Catar. Ramos quiere estar allí, «con barba blanca» si es necesario, aunque lleva tres torneos irreconocible tras levantar distintas 'orejonas' semanas antes y siendo responsable de errores que costaron goles. Todo un misterio.

Ya suenan nombres

Desde el momento que salió Lopetegui de la institución, la FEF se puso a trabajar en las posibles opciones por si no seguía Fernando Hierro, como así será. Hizo un sondeo hace unas semanas a Luis Enrique, que en 2015 ya reconoció en público que le gustaría entrenar a La Roja, mientras que tanto Quique Sánchez Flores como Míchel aparecen en el horizonte como opciones. Todos ellos están libres y se les considera capacitados. El único recelo existente con el asturiano es su particular carácter, aunque en la FEF lo ven más un problema con los medios que de puertas para dentro en la institución.

Quique Setién gusta a la actual junta, pero tiene contrato con el Betis. «Hay que mirar adelante», decía Rubiales antes de tomar el UX 978 que llevó al equipo hasta Madrid desde la terminal 2 del aeródromo de Krasnodar. Hasta allí llegaron en un bus que lucía en sus lunas un buen mensaje para empezar la reconstrucción de la selección: «Juntos somos invencibles».