El Fandi riñe con el palco

David Fandila 'El Fandi' en la faena a su primer astado, de García Jiménez. :: efe/
David Fandila 'El Fandi' en la faena a su primer astado, de García Jiménez. :: efe

Corta una oreja que pudieron haber sido tres. El torero granadino, capaz, fresco y entregado, siente la negativa del palco como un agravio y le echa la gente encima

BARQUERITO CÁCERES.

Los dos toros de mejor son de la corrida de tres hierros de los Matilla fueron, sin contar un bondadoso sexto, primero y cuarto. El primero, el más liviano de un envío que dio en báscula 580 kilos de promedio, el mejor rematado. Castaño, lustroso, astifino. El cuarto, negro zaino, uno de los tres del cupo que rebaso el listón de los 600, fue también el de más armonioso remate dentro de los pesos pesados del combate. A los dos toros les dio fiesta El Fandi, que anduvo a gorrazos como quien dice.

No dejarse nada en el tintero. Largas cambiadas de rodillas en el tercio para recibir a uno y otro. Galleos, lances de capa acartonada y sin vuelo, pero de brazos y pulso buenos. Tres pares de banderillas al primero y cuatro al cuarto: cinco cuarteos y dos violines, y tras el último la carrera por delante y marcha atrás, y el dedo imperativo en el testuz que acaba deteniendo rendido y en seco al toro, y la gente se pone de pie con asombro siempre renovado.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Seis toros de la familia Matilla. Uno -1º- con el hierro de Peña de Francia, tres -2º, 4º y 6º- con el de Hermanos García Jiménez y los dos restantes con el de Olga Jiménez.
Toreros
David Fandila 'El Fandi', vuelta y una oreja. Alberto López Simón, silencio y oreja tras un aviso. Ginés Marín, silencio y ovación.
Plaza
Zaragoza, 6ª de feria, 7.500 almas. Veraniego, desplegada la cúpula pese a la ausencia de viento y frío. El festejo entero, con luz artificial. Dos horas y veinticinco minutos de función.

Y dos faenas a destajo en toda regla porque David, que brindó al público las dos, acabó pegando cerca del centenar de muletazos y no escatimó esfuerzos para exprimir hasta la última gota de celo, entrega o bravura de esos dos toros, que fueron, por cierto, bien distintos. No solo porque el negro le sacara al castaño cien kilos de diferencia. El primero, que escarbó de comezón y no de mansedumbre, muy codicioso, metió la cara de verdad, repitió con ganas y resistió sin duelo una faena desmedida. No hubo apenas pausas entre tandas, que fueron una docena. El Fandi abusó del toreo a suerte descargada y también de los gestos o guiños al tendido. El toro, siempre tapado, tenía cuerda y se prestó al juego con ganas. Muchos molinetes, un doble y casi triple circular celebradísimo, toreo rehilado, más vueltas de lo normal, el cambiado por la espalda, el circular cambiado con el de pecho.

Facundia sin reservas, todo el oficio del mundo. Para que nadie pensara que El Fandi, que termina temporada tan fresco como si la empezara, había venido a Zaragoza de visita. Esta es una de sus plazas fuertes y no por casualidad. Lleno en tendidos, gradas y andanadas de sol y sol y sombra. Solo claros menores en la sombra. ¿Tanta gente? Por El Fandi, que después de una tanda de montalvinas, cobró con el primero una estocada soltando el engaño. Sin puntilla. Hubo mayoría notoria de pañuelos, pero el palco no atendió el reclamo. Con gesto compungido dio El Fandi una vuelta triunfal.

Abroncaron al presidente, que, en uso de su potestad, también negó a David la segunda oreja del cuarto, con el que El Fandi no trabajó tanto ni tan suficientemente como el primero. A la faena del primero le faltó toreo con la zurda -y a eso se agarraría el presidente- y a la del cuarto le faltó toro, que a partir de la cuarta tanda empezó a dar síntomas de agotamiento. Le pesaban tantas carnes. Acusaría un estrellón contra tablas antes de varas en un descuido de Ginés Marín.

Las dos faenas infatigables de El Fandi se atuvieron al canon de las llamadas faenas de sol, pero más la segunda que la primera. También la segunda tuvo por coda una estocada inapelable. Sin puntilla. El disgusto de David al serle negada la segunda oreja -y la salida a hombros- fue escenificado con exceso de teatralidad. Al terminar la vuelta al ruedo, hizo desde los medios una reverencia de desesperación. Echó a la gente encima del palco. Nunca se había visto a El Fandi en tales términos. En el palco aguantaron el chaparrón. Tal vez por mala conciencia o en despecho el presidente premió con una oreja la segunda faena de López Simón, que no tuvo ritmo ni mayor fundamento. A toro parado como los de piedra, el torero de Barajas, facilísimo con la espada, hizo una parodia del toreo de arrimón. Arrimón dentro de un orden.

Ginés Marín, con un aparatoso vendaje en la cara tras la cornada en Madrid, en la faena a su primero
Ginés Marín, con un aparatoso vendaje en la cara tras la cornada en Madrid, en la faena a su primero / EFE

El Fandi hizo de pantalla de la corrida toda y por eso no contaron apenas ni López Simón ni Ginés Marín, que reaparecía tras la cornada de Madrid con un aparatoso vendaje en mandíbula y mejilla. A López Simón le incomodó el segundo de la tarde, por pronto y pegajoso. El tercero, escupido del caballo, muy mansito, fue el más ofensivo de todos: cornialto, abierto de palas en uve, astifino. Ginés Marín ni se puso propiamente ni se propuso nada. Los 640 kilos del sexto imponían, pero fue toro pastueño. Una faena sin fe de Ginés ligerita y despegada, con alguna fruslería menor y, según costumbre, paseos y más paseos entre tandas. Una buena estocada.

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