La voz de la conciencia

ADOLFO TORRECILLA, CRÍTICO Y PROFESOR DE LITERATURAmadrid

Para unos, la figura de Günter Grass, premio Nobel de Literatura y premio Príncipe Asturias de las Letras el mismo año, en 1999, está íntimamente ligada, con sus luces y sus sombras, a la literatura y a la política alemana de la segunda mitad del siglo XX, periodo de especiales turbulencias tras la demolición física e intelectual que supuso el fin de la Segunda Guerra Mundial. Para otros, Grass se ha sentido muy cómodo en el papel de ácido aguafiestas, provocando polémicas, útiles o estériles, de las que indirectamente se ha beneficiado su literatura hasta para vender más.

     No ha sido un escritor complaciente o ensimismado, que se haya desinteresado de los problemas de la sociedad alemana. Al contrario, ha intervenido, quizá demasiado, posicionándose en muchas ocasiones al lado de las opiniones del partido socialdemócrata y, de manera especial, al lado siempre de su gran amigo Willy Brandt. Hasta hace bien poco no ha tenido ningún reparo en manifestarse en posiciones políticas comprometidas y polémicas, aunque la que provocó más revuelo fue el descubrimiento, tras la publicación de su libro 'Pelando la cebolla' (2007) -aunque antes ya había escrito sobre ello- que Grass había pertenecido a los 17 años, de manera voluntaria, a las Waffen-SS. Este hecho provocó un sonoro revuelo, pues buena parte de su espléndida literatura se había centrado en analizar de manera muy crítica el pasado alemán y la actitud de sus compatriotas (sin que nadie conociese este dato).

     Nacido en 1927 en la ciudad de Gdansk, hoy polaca, Grass estudió dibujo y escultura antes de publicar su primera y exitosa novela, 'El tambor de hojalata', una original parábola sobre la sociedad alemana centrada en un niño que se niega a crecer para no pertenecer al mundo de los adultos. Dos años después, en 1961, publicó otra de sus grandes novelas, 'El gato y el ratón', y en 1963, la tercera de la denominada trilogía de Gdansk, 'Años de perro'.

     A pesar de su dedicación a la literatura, y cada vez más a la política en unos años cruciales, Grass nunca abandonó ni el dibujo ni la poesía ni su dedicación a la escultura, como cuenta en un libro más o menos biográfico, 'Cinco decenios', publicado en España en 2002 a la vez que su novela 'A paso de cangrejo'. En 1977 apareció otra de sus mejores novelas, 'El rodaballo' (1977), a las que hay que sumar 'La Ratesa' (1986), 'Es cuento largo' (1996), 'Mi siglo' (1999) y la ya mencionada 'A paso de cangrejo' (2002).

     A estas novelas hay que sumar una larga lista de ensayos sobre todo tipo de cuestiones artísticas, literarias y políticas, y su libro autobiográfico 'Pelando la cebolla', publicado en España en 2007 con la traducción de Miguel Sáenz, su asiduo traductor en español. Para Grass, una de las misiones de la literatura, como hicieron también el resto de los integrantes del Grupo 47 en el que militó, es revivir críticamente el pasado para que no caiga en el olvido. Hasta el final de sus días, esto es lo que ha pretendido en sus novelas más celebradas, sabiendo que se estaba enfrentando a un tema espinoso, pues la recreación del pasado y las indagaciones por qué las cosas sucedieron de esa manera no es precisamente un tema cómodo en Alemania sino fuente casi siempre de encendidas polémicas, en las que él participó con mucho gusto.