Julián López: «Las películas no son ni racistas ni homófobas»

Julián López y Sergio Dalma, en una escena de la película./R. C.
Julián López y Sergio Dalma, en una escena de la película. / R. C.

El humorista vuelve a ponerse en la piel de Braulio, el científico de 'Perdiendo el norte', que en esta ocasión prueba suerte en China

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

A Julián López (Cuenca, 1978) difícilmente se le puede ganar a entusiasmo. En cada palabra y en cada gesto, el actor de El Provencio demuestra una pasión y unas ganas de aprender poco habituales a este lado de la profesión, la promoción. No es para menos. La suya es una carrera de fondo que comenzó casi por divertimento ('La hora chanante') y que ha acabado otorgándole ya algunos papeles protagonistas, como el que ahora le compete. Y es que el cómico vuelve a dar vida a Braulio, el científico un tanto pardillo que hace cuatro años se las veía y se las deseaba en su viaje a Berlín, acuciado por la falta de oportunidades laborales en España ('Perdiendo el norte').

En 'Perdiendo el este', que llega a las salas de cine este viernes, Braulio trata de probar suerte ahora en China, pero sus esfuerzos por conseguir una beca en la universidad de Hong Kong resultan del todo ineficaces. Para colmo de males, su padre (Leo Harlem) no hace más que fardar de lo bien que le está yendo a su hijo entre sus vecinos. Tanto es así que dos de sus amigos, Rafa (Miki Esparbé) y Hakan (Younes Bachir), se animan a dar el salto a China para poner un negocio en marcha. Cuando llegan, sin embargo, descubren todo el pastel. Braulio no sólo no ha conseguido lo que se proponía, sino que deberá abandonar el país en breve, a no ser que se case con una china. Justo en ese momento Xiao (Chacha Huang) aparecerá en escena.

Cambia, pues, el país, pero no la estructura de una película que busca la carcajada del espectador a través del choque cultural entre la realidad española y china. En este sentido, el filme tira de tópicos, clichés y exageraciones «porque se busca conectar con el público y es la forma en la que los espectadores van a reconocer lo que sucede en la pantalla», justifica López. En tiempos de corrección política y con el debate acerca de los límites del humor sobre la mesa, cabe preguntarle si alguna mofa se ha quedado fuera del montaje por bruta o, directamente, por estar fuera de lugar. «No he estado presente en ninguna reunión en la que se haya tratado un asunto así. De todas maneras, yo siempre intento recalcar que el chiste es ficción. Las reglas del juego me las enseñó la vida desde niño y es que un chiste es un chiste en su universo. Nadie puede decir que una película sea homófoba o racista. Las personas son racistas u homófobas, pero una película es ficción», apunta López, que reconoce que a veces ha pensado en autocensurarse, «una batalla que no podemos perder».

Tampoco oculta sus inseguridades iniciales a la hora de abordar esta secuela que convierte a Braulio en el protagonista. «Te ves mucho más expuesto, ya que todo el peso recae sobre ti. Ya no se trata solo de la parte cómica, sino también de la trama romántica, que es algo que siempre se ha dejado a los galanes, y claro te entran nervios». Sus conversaciones con Paco Caballero, que afrontaba como director su ópera prima, le ayudaron a relativizar todo y se pusieron manos a la obra.

Según explica el cómico, «fue un reto» porque, más allá de las situaciones cómicas, hay secuencias emotivas «donde tienes que mostrar una verdad muy real y cierta gravedad». «Lo bueno -continúa López- es que son ladrillitos que vas poniendo en una parcela en la que no había trabajado hasta ahora y que me servirá para otras películas».

Una parcela, como muchas otras, sobre las que que López jamás había imaginado construir. Cuenta el humorista que cuando hizo sus primeras incursiones en 'La hora chanante' se encontraba estudiando en el conservatorio y pensaba que el asunto se acabaría cualquier día. «Por suerte hubo gente que pensó que había un filón e hicimos otro programa y luego un papelito en una película o en una serie y al final lo que antes era el entretenimiento con los amigos se ha profesionalizado», dice. «Lo mejor -señala- es que todo ha pasado de manera paulatina. Si el éxito hubiese llegado de la noche a la mañana hubiera sido más difícil gestionarlo. Hemos tenido suerte de tener ese tiempo y en ese trayecto hemos ido aprendiendo los unos de los otros y vas pisando sobre seguro».

Julián López, como Braulio.
Julián López, como Braulio.

Quién sabe si en un futuro veremos a López en una cinta netamente dramática. De momento, el actor no dice que no. «Si estaba en el conservatorio cuando hacía 'La hora chanante' y he acabado haciendo películas que ve mucha gente, la lógica me dice que puede ser posible. Nunca diría que es mi meta. Yo soy muy feliz haciendo comedia y creo que, a pesar de que muchos hablen de encasillamiento, especializarte es una virtud. Yo firmaría hacer comedias hasta el final, pero si llega lo otro lo cogeré con los brazos abiertos porque si me dedico a esto también es para jugar, investigar y probar cosas».

De momento, López seguirá unido a la comedia y ya hay quien se plantea dónde podría tener lugar la tercera entrega. «En el rodaje, dijimos que tendría que ser en el oeste. Y México estaría bien. Meter a Braulio en una red de narcotráfico sería buenísimo», dice divertido. Braulio meets 'Breaking Bad'. ¡Deberían ponerse ya a ello!

 

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