Cuando la fiebre de las comparsas llega de niño

María, en 1991, con 6 años, su primer desfile con Cambalada. :: hoy/
María, en 1991, con 6 años, su primer desfile con Cambalada. :: hoy

Las agrupaciones de Badajoz están formadas por muchos aficionados que adoptaron esta tradición en su infancia

NATALIA REIGADASBadajoz

El domingo desfilará en Badajoz una de las personas con más experiencia en esta fiesta, con 25 años de Carnaval a sus espaldas. Eso sí, solo tiene 31 años. Es María Díaz, de Cambalada. Participó por primera vez en 1994 en el pasacalles, con solo 6 años, y el domingo cumplirá 24 ediciones.

No es la única en esta situación. El desfile del domingo será el más numeroso de la historia con 6.000 componentes. Parte del mérito está en la continuidad que han conseguido darle los fundadores de las primeras comparsas. Son pacenses de más de 50 y 60 años que ahora comparten agrupación con sus hijos y sus nietos. La segunda y tercera generación han hecho que el fenómeno crezca y que se garantice el futuro. Además han vivido la fiebre del Carnaval desde niños.

Es el caso de María Díaz, que cuenta con dos fotografías que reflejan muy bien su historia y su pasión. Entró en Cambalada en 1994. Coincidió que fue un año muy especial. Se disfrazaron de tigres y a día de hoy es uno de los disfraces que más se recuerdan de esta agrupación. En 2015 la comparsa cumplió un cuarto de siglo y decidieron repetir, esta vez como tigres blancos. María volvió a colocarse los colmillos y repitió una foto dos décadas después.

Buenos valores

Esta joven pacense, además de carnavalera, es psicóloga infantil y asegura que formar parte de una comparsa desde niños es una excelente oportunidad para los menores. «Además de ser una experiencia compartida entre padres e hijos, los valores que se respiran en el ambiente de una comparsa son estupendos. Los niños ven que no solo es diversión, sino compromiso y responsabilidad. Hay que estar con los compañeros».

Esta experta también destaca que es una manera de integrarse en una comunidad porque las comparsas trabajan juntas durante todo el año y hacen muchas actividades. «Yo recuerdo de niña las acampadas que hacemos con mucha ilusión y ahora los niños vienen también, y están en los ensayos y es como si fuesen de todos. Son los niños de la comparsa».

María Díaz comenzó en este mundo gracias a sus tíos, que se animaron a llevarla a Cambalada. Ahora asegura que no sabe vivir el Carnaval fuera de una comparsa. Se marchó cinco años a Salamanca a estudiar y en una de las ocasiones, al volver para estas fiestas, decidió colocarse el traje de comparsa del año anterior y salir con su grupo de amigos en lugar de estar con su agrupación. «No pude, no lo disfruté. Para mí el Carnaval es estar en comparsa».

Sus primeros años en este mundo los recuerda con muchísimo cariño, a pesar de que era cansado para los niños. El desfile entonces duraba hasta tres horas porque los grupos llegaban hasta la plaza de toros. «Pero yo nunca tenía suficiente, siempre quería más. Me acuerdo de que mis tíos salían de cena o de noche y a mí me lo ocultaban porque me daba rabia, quería ir a todas partes».

«El sonido de los tambores, bailar. Tiene algo que engancha a pesar de que estés reventado. Son cinco días que pasan volando, pero son muy intensos», asegura María, que lo tiene claro, cuando tenga hijos, saldrán con su comparsa.

Al otro lado están los veteranos que lograron enganchar a la segunda y tercera generación. Un ejemplo es Encarni Rodríguez, de la comparsa Caribe. Tiene 68 años y su marido 72. Fueron parte del grupo de pacenses que recuperaron los Carnavales en los años 80. En 1981 salieron por primera vez, aunque por libre. Poco a poco se fueron organizando y fue el germen de las comparsas.

En la actualidad, según destaca esta veterana, hay once personas de su casa que salen en Caribe. Son su hija, su yerno, cuatro de sus nietos, su hermana, una sobrina y la hija de su sobrina. Además de ella y su marido. Encarni es un ejemplo de cómo se ha ensanchado el desfile que, además, ha ido atrayendo a muchos más pacenses.

Prueba de ello es el desfile infantil que tendrá lugar mañana. Más de 1.200 menores de hasta 15 años participarán en 37 comparsas distintas, solo 13 grupos menos que el pasacalles principal.

La muestra infantil ha crecido tanto en los últimos años que los organizadores se han visto obligados a cambiar el recorrido y el horario. El año pasado el pasacalles se alargó tanto que retrasó el pregón. Por esa razón, en este 2017, se adelanta a las 17.00 horas. Además terminará en San Atón porque la subida de San Juan retrasaba mucho a los niños.

El presidente de la Federación de Asociaciones del Carnaval Pacense (Falcap), Luis Pajares, está contento con el auge de la cantera, pero quiere más. El representante de este colectivo desea que la subida no dependa solo de los hijos de comparseros, y quiere atraer a otras familias. Por ello apuesta por incorporar la formación de comparsa en los colegios, como ya se ha hecho con las murgas. Espera que estos cursos se impartan pronto en los colegios pacenses y así implicar a más familias pacenses.

«Si un niño se queda en Carnaval, porque está en una murga o una comparsa, sus padres también se quedan en la ciudad en lugar de hacer un viaje a la nieve y además ven esta fiesta de otra forma. Esa es la forma de crecer», concluye Luis Pajares.

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