San Vicente, capital mundial de la fabricación de tapones de corcho

Un operario muestra uno de los tapones de corcho que salen de la factoría de DIAM de San Vicente. / José Vicente Arnelas

El 15% de los cierres que se utilizan en el planeta proceden de la empresa Diam Corchos de la localidad extremeña

F. GASTÓN

Sabido es que antiguamente nadie conseguía remediar que el vino sufriera una corta vida dada su difícil capacidad de conservación. Una teoría asegura que la idea de usar el tapón de corcho para poner cierre a las botellas tiene su origen en los inicios del siglo XVIII por Dom Pérignon, abad del monasterio de Hautvilliers.

Hoy en día Extremadura es una potencia mundial de este material natural que tiene gran elasticidad, ya que puede comprimirse y posteriormente recuperar su forma. Al mismo tiempo, su composición le permite ser un gran aislante. Su uso no se limita solo a tapones, también a niveles térmicos y acústicos, puesto que actúa como un agente absorbente e impenetrable.

Geográficamente, San Vicente de Alcántara es el centro de la producción mundial de corcho. Se encuentra a nivel internacional en una ubicación equidistante de otros centros que producen y trabajan esta corteza procedente del alcornoque. Dentro de este municipio pacense se encuentra la empresa DIAM Corchos, filial del grupo francés Oeneo, una de las marcas punteras dentro del mundo del vino. Cuenta con una plantilla que a día de hoy supera los 200 trabajadores, a los que hay que sumar casi el doble mediante empleos inducidos e indirectos. En este último año se han fabricado casi 1.500 millones de unidades de tapón de vino tranquilo. Además, también se han limpiado en torno a 6.500 toneladas de granulado de corcho con la tecnología de fluidos supercríticos.

En esta fábrica se trabaja con el formato de tapones semiterminados, a los que no se le pone ningún tipo de marca. Más tarde, estos son exportados al resto del mundo. El director de Calidad de Diam, Joaquín Herreros, explica que tienen centros de terminación en lugares donde hay producción de vino y, por tanto, necesidad de consumo de tapones. «Nosotros desde aquí les suministramos los tapones a países como Chile, Estados Unidos, Australia, China o Japón», asegura.

Vinos tranquilos

En San Vicente se centran sobre todo en vinos tranquilos (que son aquellos vinos de carácter suave), aunque el grupo vende tapones para todo tipo de envases. Pueden ser para los espumosos (cava o sidra) o también para otro tipo de bebidas espirituosas (cognac, whiskys o vinos de Jerez). Dicha producción gira en torno a dos cosas: la fabricación de tapones para dichos vinos tranquilos y la elaboración de granulados, que más tarde son utilizados por el resto de grupos para hacer los tapones de otros tipos. Esta actividad consiste en hacer grano el corcho procedente directamente del campo, para después enviarlo a otras empresas del grupo, las cuales realizan sus propios tapones. «A nivel mundial se cierran con corcho 12.000 millones de botellas. Alrededor del 15% de los tapones que se utilizan en el mundo proceden de esta fábrica», apunta Herreros.

El procedimiento de fabricación tiene en su fase inicial la recepción de la materia prima. A continuación, se evalúa si debe pasar por el proceso de cocción. Una vez cocido se introduce en el molino, donde se fabrica el granulado. El siguiente paso está en la unidad 'Diamant', donde recibe un tratamiento con fluidos supercríticos. «Este hecho es el más significativo y por el cual este tapón ha desarrollado la importancia que tiene actualmente. Es un proceso único, patentado por el grupo DIAM y tienen la unidad más grande de fabricación con tratamiento de fluidos supercríticos del mundo», asegura Herreros.

«En esta empresa realizamos más de 1.000 análisis de TCA por semana»

«En esta empresa realizamos más de 1.000 análisis de TCA por semana» Aurora Redondo, Responsable de Calidad de DIAM

«Nosotros suministramos tapones a países como EE UU, China, Japón, Chile o Australia»

«Nosotros suministramos tapones a países como EE UU, China, Japón, Chile o Australia» Joaquín Herreros, Director de Calidad de DIAM

El C02 es la sustancia más utilizada en estos procesos. Es inocuo y permite su uso para hacer la limpieza del granulado. «Una de las grandes garantías que aporta DIAM es la ausencia de TCA (tricloruroanisol)», apunta el director de Calidad. Se trata de una molécula que tiene la particularidad que en muy pequeñas concentraciones tiene un umbral de detección muy alto y puede provocar cambios importantes en el vino, estropeando así su sabor. «Un par de cucharadillas de café podrían contaminar el vino del mundo entero en un año», concluye Herreros.

Este componente penetra en el granulado, adquiriendo moléculas y transportándolas en función de condiciones de presión, de temperatura o polaridad del medio, pudiendo así diseñar condiciones adecuadas para eliminar el TCA.

Con el proceso de fluidos supercríticos se pueden eliminar estas moléculas, que pueden estar presentes en el vino como consecuencia de formar parte del corcho. Para ello, se lleva a cabo un exhaustivo trabajo en los laboratorios para que no haya ni rastro de TCA u otras moléculas en toda la producción de grano y de tapones. «Se calibran cada tres meses. Hay más de 1.000 análisis de TCA por semana. Eso nos permite estar seguros de que los tapones que salen de la casa están seguros», expone la responsable de Calidad, Aurora Redondo.

El granulado, antes y después del tratamiento supercrítico.
El granulado, antes y después del tratamiento supercrítico. / J. V. A