Reciclar los residuos para dar vida al suelo extremeño

Imagen de las instalaciones de Complus, donde se ven las pilas de compostaje al fondo y un operario trabajando en el carro biotriturador mezclador./PAKOPI
Imagen de las instalaciones de Complus, donde se ven las pilas de compostaje al fondo y un operario trabajando en el carro biotriturador mezclador. / PAKOPI

El grupo operativo Valorares pretende mejorar los cultivos mediante abono orgánico realizado en una planta ubicada en Valdetorres

ALBA BARANDA

Sebastián Trinidad (La Zarza, 1963) conoce todos los entresijos de la técnica del compostaje. Este ingeniero técnico agrícola lleva treinta años trabajando en el sector y actualmente es el gerente de Complus Regeneración Ambiental S. L. El nombre de la empresa ya deja entrever cuál es su actividad, que no es otra que gestionar subproductos tales como restos de poda, estiércol ovino, el alperujo de las almazaras o gallinaza, entre otros, para producir abono orgánico mediante el proceso de compostaje.

Situada en el término municipal de Valdetorres, Complus es la planta de reciclado de subproductos procedentes de industrias agroalimentarias y explotaciones agroganaderas más grande de Extremadura, según Trinidad. Por volumen y tecnología, también se encuentra entre las diez primeras a nivel nacional, estima el ingeniero. Las instalaciones tienen capacidad para gestionar 30.000 toneladas de subproductos o materia prima al año.

Complus lidera este proyecto, pero unido a Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura, Sociedad Cooperativa Virgen de la Estrella y D3 Ingeniería y Obras, conforman el grupo operativo Valorares. Financiado con 300.000 euros por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural y la Junta de Extremadura, Valorares trabajará hasta mayo de 2020 en el desarrollo de nuevas técnicas de compostaje que permitan su reciclado y valorización. Aunque ya se están probando en numerosos cultivos de la región, se comercializará la próxima campaña agrícola en polvo o prensado (pellet) y se podrá adquirir en sacas de mil kilos o a granel.

La planta está ubicada en el término de Valdetorres y gestiona 30.000 toneladas de subproductos

El compost se obtiene tras someter los diferentes materiales orgánicos ya citados a un proceso biológico controlado de oxidación y sin la utilización de químicos. Actualmente Complus lo elabora de la forma tradicional, aunque también se está experimentando con un novedoso sistema para acelerar el proceso. La manera convencional de realizarlo consiste en mezclar la materia prima en una proporción previamente estudiada en el proyecto de I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) en el carro biotriturador mezclador para homogeneizar el producto.

Posteriormente, esa mezcla se lleva a la zona de compostaje, que es donde están las pilas de volteo, que tienen unas dimensiones de 72 metros de largo, cuatro de ancho y dos de alto. Es ahí donde da comienzo el proceso de transformación, que dura cuatro meses. Durante el primer mes las temperaturas suben hasta los 70 grados de una forma natural.

En esta etapa se produce la higienización del producto, que permite la destrucción de bacterias contaminantes como Escherichia coli (E. coli) y Salmonella, si las hubiera. También desaparecen malas hierbas que pudieran contaminar el cultivo más tarde. Además, se realizan frecuentes volteos para aportar oxígeno, el cual es rápidamente consumido por los microorganismos.

El abono orgánico mejora la estructura del suelo y aumenta su capacidad para retener líquidos

Según indica Trinidad, en el proceso del compostaje hay dos variables muy importantes: la temperatura y la humedad. El aumento de la actividad metabólica genera calor y como consecuencia, aumenta la temperatura. Por eso, «hay que asegurarse que la pila alcance los 70 grados durante el primer mes y que vaya bajando progresivamente», asevera. Para esta medición, cada pila tiene inyectados tres sensores que transmiten inalámbricamente a un ordenador cada cuatro horas la temperatura y así se va generando el historial de la evolución térmica.

Por otro lado, también es determinante en el proceso la humedad. Para medir este parámetro, se coge manualmente una muestra y se introduce en una termobalanza que determina si el producto está seco o no. Si es así, las pilas se riegan por aspersión debido a que de esta forma absorben mejor el agua y además, este sistema imita la caída natural de la lluvia.

Economía circular

Como uno de los objetivos de este proyecto ya iniciado es la sostenibilidad medioambiental, Trinidad explica que no se desaprovecha ningún recurso. «Todas las aguas de lluvia van a parar a una balsa con una capacidad de 20.000 metros cúbicos. Ese mismo agua se reutiliza para regar las pilas posteriormente», comenta. Asimismo, hay rejas en el hormigón comunicadas por tuberías hasta la misma balsa y todo el líquido sobrante del riego termina ahí. Esto se conoce como lixiviado y es interesante reintroducirlo en la cadena productiva porque arrastra gran cantidad de los compuestos presentes en el sólido que atraviesa; en este caso, microorganismos activos que, en otro caso, se perderían en el asfalto.

Una vez triturada y mezclada la materia prima, se coloca en pilas de 72 metros de largo y comienza el proceso de creación de abono orgánico, que dura hasta cuatro meses.
Una vez triturada y mezclada la materia prima, se coloca en pilas de 72 metros de largo y comienza el proceso de creación de abono orgánico, que dura hasta cuatro meses. / Pakopí

Valorares apuesta por una gestión adecuada para obtener un beneficio económico y medioambiental a partir de un modelo productivo sostenible para el sector agroalimentario extremeño y para toda la sociedad, por lo que es my importante la economía circular.

Una vez que han pasado los cuatro meses pertinentes para la creación del abono orgánico, el producto final pasa por una criba de ocho milímetros y ya estaría listo para su uso. El compost tiene un aspecto terroso, y no huele mal (su aroma se asemeja levemente al de la tierra húmeda, aunque no es tan intenso). La materia que no pasa el cribado, se vuelve a utilizar incorporándola al proceso.

Trinidad apostilla que únicamente falta por montar en la nave donde se almacena el compost (que tiene una capacidad de 2.000 metros cúbicos) y se encuentra parte de la maquinaria, una línea de peletizado que compacte en forma de gránulos el abono orgánico. El gerente de Complus augura que a finales de año, habrá cinco personas trabajando en la empresa (actualmente con él hay tres).

Técnicas novedosas

La segunda forma para fabricar abono orgánico; más innovadora, y que acelera considerablemente el proceso del compostaje, es mediante aireación forzada. Se diferencia de la manera convencional en que una vez triturada la mezcla de materias primas, se introduce en largos sacos de plástico de polietileno y se conecta a una máquina con tubos de ventilación forzada y aspiración de aire viciado. Esta técnica ya se está probando en Complus, pero aún está pendiente de comprobar en cuánto tiempo disminuye el proceso orgánico.

Con el producto final, según Trinidad, se consigue el aporte a la tierra de los elementos básicos; como nitrógeno, fósforo y potasio, además de otros ingredientes importantes como hierro, azufre, calcio, etcétera. Pero no solo eso, «buscamos la parte positiva que genera la materia orgánica en el suelo: mejorar la estructura del mismo, desbloquear elementos a consecuencia de un uso indiscriminado de químicos, aumentar su capacidad para retener agua y hacerlo más poroso. En definitiva, el compost da vida al suelo», asevera el responsable.

Los beneficios del abono orgánico son numerosos, pero Trinidad asegura no es una guerra hacia los químicos. «Se trata de corregir muchos errores que hemos cometido de aquí para atrás, especialmente en la agricultura. Como es normal, los agricultores deben producir en el menor tiempo y con el menor coste posible, pero nos hemos olvidado de la vida del suelo y hemos agotado su materia orgánica. Sin embargo, con el compost tenemos la opción de regenerarlo», argumenta.

No obstante, aclara Trinidad que «cada vez estamos más concienciados con el cuidado del medio ambiente y los agricultores que han probado ya la materia orgánica en sus cultivos, están viendo los resultados positivos, aunque usen también productos químicos, porque se complementan. Utilizan compost, mejoran su suelo y el resto de lo que necesitan, lo completan con abono no orgánico».

De esta forma Valorares pretende solucionar la escasez de agua y de materia orgánica en los suelos extremeños, además de cerrar un ciclo con la gestión de los subproductos tales como restos de poda, estiércol ovino, gallinaza, etcétera. Como dentro del grupo operativo hay plantas de tratamiento de alperujos, entre otras, esta será una de las materias primas utilizadas en el proceso para retornarlas al suelo en forma de abono orgánico para la agricultura. «El residuo para nosotros es una materia prima, se aprovecha todo», aclara Trinidad.

Por último, dentro de las vertientes de este proyecto sostenible, está una que aún no ha comenzado pero que, según el gerente de Complus, va a ser muy interesante porque va a extraer las propiedades del abono al líquido. Se trata del té de compost, una alternativa agroecológica al uso de plaguicidas sintéticos.

El té se obtiene introduciendo en un recipiente aire, agua, alguna otra sustancia como la melaza, y una proporción de compost durante 48-72 horas. En este extracto acuoso se han encontrado microorganismos aeróbicos, que incluyen cepas de bacterias y hongos, por lo que tiene propiedades de defensa de la planta. Sin duda, es una buena opción natural para proteger los cultivos ante plagas y de paso, hacer lo propio con el medio ambiente.

 

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