El Canal de las Dehesas inunda de expectativas la zona centro

Un tramo del Canal de las Dehesas, próximo a Navalvillar de Pela. :: J. m. Romero/
Un tramo del Canal de las Dehesas, próximo a Navalvillar de Pela. :: J. m. Romero

En Navalvillar de Pela, Madrigalejo y otros pueblos del entorno empezaron a regar por su cuenta porque el proyecto de regadío que se redactó en 1995 se posponía continuamente

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

En 1986 el trigo se vendía a 26 pesetas el kilo (16 céntimos al cambio). En la última campaña, la media fue de 19 céntimos el kilo. Con tres céntimos en treinta y dos años no hay negocio posible.

La comparación la hace Pedro Sánchez para argumentar por qué los agricultores de su pueblo necesitan salir del secano y meter la cabeza en el regadío.

En Navalvillar de Pela tienen el agua cerca y quieren aprovecharla. Por allí discurre uno de los ramales del Canal de las Dehesas. Los más de 88 kilómetros de zanja abierta que bebe del García Sola marca la frontera entre las provincias de Badajoz y Cáceres.

«Si hubiéramos continuado en el secano habríamos abandonado el campo»

El olivar superintensivo ha ganado terreno sobre el arroz, el maíz o los frutales

Junto a Pela, Madrigalejo, Acedera, Logrosán o Puebla de Alcocer también miran al Canal desde 1991. Ese año se redactó el anteproyecto de obras para instalar la red de tuberías en las parcelas.

En 1995 se configuró definitivamente: Trece sectores y 13.800 hectáreas repartidas en diez términos municipales.

Abandonado décadas, en los últimos años se han entubado cuatro mil hectáreas en cinco sectores. El proyecto inunda de expectativas a agricultores asfixiados por el secano. Los propietarios de las tierras incluida en ese mapa pintado en 1995 creen que ha llegado el momento de dar el empujón definitivo al proyecto.

Pedro Sánchez, funcionario jubilado del Ministerio de Agricultura y agricultor, fue uno de los fundadores de la comunidad de regantes en 2009.

Surgió de forma atípica, más por necesidad que por recursos.

Habitualmente los beneficiarios se organizan en comunidad para gestionar pagos, solicitudes y relaciones con la Confederación Hidrográfica del Guadiana cuando tienen la red con la que operar.

Aquí se organizaron mucho antes de que llegara la instalación. Con el canal de agua tan cerca y los precios del cereal tan bajos, dieron un paso al frente para cambiar de cultivos.

Pidieron a la Confederación concesiones de agua a título particular y regaron sus campos como pudieron. Instalación muy modesta. Aprovechando arroyos y enterrando tubos cambiaron el trigo y la cebada por el maíz o el arroz.

«A pesar de esta precariedad muchos dieron el paso porque veían una salida al ahogo del secano», recuerda. Poco a poco se fueron sumando agricultores y hoy más de mil socios forman esta particular comunidad de regantes.

J. M. Romero

«El regadío está muy mal porque trabajas con márgenes muy pequeños, pero el secano te lleva a la ruina. O te reconvertías o te ibas del pueblo». De todo este proceso, en la comunidad están especialmente orgullosos de haber mantenido la zona oficial tal y como se diseñó en un principio. Tuvieron que pelear porque en un principio desde el Ministerio achacaban que se trataba de tierras pobres o con mucha altura para invertir en infraestructuras de riego. Aunque no cuentan con tierras tan fértiles como las de las vegas del Guadiana o la de Tierra de Barros, la experiencia de estos años ha demostrado que en Las Dehesas, con agua y sol también salen adelante frutales, tomates o almendros.

Aunque el cultivo estrella es el olivar superintensivo. En estos momentos se están regando más de quince mil hectáreas en el entorno del canal, muchas fueras de la zona oficial a base de concesiones anuales. «En estos años hemos demostrado que el regadío aquí es la única alternativa y que las tierras responden».

Aval

En el pueblo quieren que el esfuerzo y la inversión que han hecho por su cuenta y riesgo sirva ahora de aval para que las administraciones se impliquen y saquen adelante lo que aún queda por hacer.

Con márgenes tan pequeños, las explotaciones agrícolas solo son rentables con agricultura de precisión. Toca minimizar gastos en tratamientos, mejorar rendimientos por hectáreas o invertir en maquinaría e infraestructura moderna.

Las conducciones precarias con las que iniciaron los riegos hace una década se han quedado obsoletas. «Fue una solución provisional. Si hubiéramos esperado, a estas alturas no habría nada y sin embargo hemos conseguido 15.000 hectáreas».

El Ministerio, a través de la Confederación, debe conectar el canal con los hidrantes que distribuyen por la red secundaria y la Junta remata el entramado de conducciones entubando hasta las parcelas. Desde allí cada agricultor ya pone las gomas según el cultivo que quiera trabajar.

De momento, explica el presidente, la Junta se ha comprometido en completar su parte en los sectores donde falta, pero es necesario que el Ministerio también se comprometa para arrancar en el resto de áreas comprometidas. Para reclamarle más celeridad se reunieron el pasado martes con el presidente del gestor de la cuenta. «Ya sabemos que durante años hubo restricciones en las inversiones por la crisis, pero no podemos esperar más».

En las Dehesas quieren que este proyecto entre en la agenda de obras del Ministerio. Desde los sectores nueve al trece no hay ni redacción de proyectos. También necesitan que se abran algunas balsas de regulación que garantice el abastecimiento. Si aumenta la extensión de terreno a cubrir, cada vez entra menos agua en las conducciones. Entre las obras recientes destaca la finalización de la concentración parcelaria de Navalvillar de Pela. En Puebla de Alcocer, sin embargo, todavía siguen esperando. El perfil de los interesados es muy parecido. Pequeños propietarios de terreno que quieren diversificar cultivos para vender varias cosechas.

La reconversión al regadío implica también una inversión posterior en maquinaria agrícola apropiada para trabajar la tierra. No es lo mismo una explotación para cereal que una para almendro o frutales.

Francisco Lemus muestra los mapas del área de influencia
Francisco Lemus muestra los mapas del área de influencia / J. M. Romero

Olivos

En los últimos años, por ejemplo, se han especializado en la plantación de olivar superintensivo gracias a la llegada del agua del Canal. Según los datos que maneja la Comunidad de Regantes, en estos momentos se riegan más del cinco mil hectáreas en su área de influencia, casi un tercio del total de terreno se dedica ya a sacar cosechas de aceitunas. Implica un método de trabajo distinto al olivar tradicional o al de riego por goteo de los sondeos de sondeos. La plantación en superintensivo se hace de forma lineal y en seto, con una distancia entre plantas que va entre 1,35 y 1,5 metros, la separación entre calles es de entre 3,5 y 4 metros, y la altura del olivo se deja en 2,5 metros como máximo. Se trabaja, por tanto en explotaciones de alta densidad, de entre 1.000 y 2.000 árboles por hectárea. Esta ocupación del terreno requiere equipos apropiados de recogida y de tratamiento.

El auge de los olivareros coincide con el declive de los arroceros. Tradicionalmente. El arroz fue lo primero que se sembró en las Dehesas. No requiere infraestructura de riego precisas y los propietarios podían costear por su cuenta los conductos para inundar los campos. En el Canal se dedican más de tres mil hectáreas al arroz, el 21% de la superficie. Pierde atractivo porque cada cosecha cuesta más sacarlo adelante por la resistencia de las malas hierbas. El coste en tratamientos para matarlas merma la rentabilidad. Algo parecido ocurre con el maíz. Cada vez se plantan menos gramínea. Las dos mil hectáreas actuales suponen un 16% del área de influencia. El presidente recuerda que hasta no hace mucho tiempo el maíz tenía más del 30%. En una comarca en la que operan tantas centrales de fruta a ambos lados de la Nacional 430, llama la atención que en las Dehesas solo se planten poco más de mil quinientas hectáreas. Apenas un 10%.

La tendencia, según ha observado el presidente, tiene que ver con el interés que ha despertado el almendro. «Ahora tenemos más de doscientas hectáreas de almendra, pero hace tres años no había nada». Con el agua hay más opciones. Puedes elegir. Con el secano, insisten en Navalvillar, solo quedaba resignarse y mirar al cielo.