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«La novela negra española ha logrado elevar su nivel literario»

Eugenio Fuentes, ante la biblioteca de su domicilio en Cáceres. :: jorge rey
Eugenio Fuentes, ante la biblioteca de su domicilio en Cáceres. :: jorge rey
  • El escritor Eugenio Fuentes, un imprescindible del género negro nacional, recibirá el jueves día 10 en Plasencia el premio Extremeños de HOY

Hace ya 26 años que Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958) concibió a Ricardo Cupido, aunque entonces aún no era el detective que, con el paso del tiempo y de los libros, se convirtió en la referencia que es hoy dentro de la novela negra española. Fuentes, que entra y sale según le va pidiendo el cuerpo de un género al que siempre ha intentado elevar mediante la calidad de la escritura, está más que consolidado como un puntal de la literatura hecha por extremeños

¿Habrá nuevo libro pronto? ¿Será con Ricardo Cupido como protagonista?

No publicaré un nuevo libro de forma inmediata, sino que tardará todavía un poco. Y no será de la serie de Ricardo Cupido, aunque el detective ya está llamando de nuevo a la puerta, esperando turno y pidiendo la palabra.

Al principio de su carrera era reacio a aceptar que se le encuadrase en el género negro. ¿Sigue siendo así? ¿Por qué?

Sí, era reacio, pero no porque tenga nada en contra de ese género. No creo que haya ninguna jerarquía de géneros. Los libros, como las personas, son buenos o malos, independientemente de su género, se trate de una novela negra o de un poemario, de un ensayo o de una pieza teatral. Como lector, me gusta especialmente la poesía, porque creo lo que decía Brodsky, que es la mejor vara de medición del lenguaje. Pero eso no es más que es una preferencia personal. Era reacio porque creía que mi escritura no encajaba en ninguna de las dos corrientes, la que se denomina novela negra y la novela policiaca. En la una predomina una violencia que me resulta ajena; la otra basa todo su interés en la coartada, que es una palabra antigua y un recurso a todas luces insuficiente sobre el que sostener una historia. Y lo que siempre me ha interesado son los personajes, porque creo que, de Flaubert a Faulkner, no hay una gran novela que no tenga grandes personajes. Esa era, al menos, una de mis discrepancias con el género. Con el tiempo, uno se resigna y se lo toma con humor.

¿Y las otras discrepancias?

Otra era el estilo. En la tradicional novela negra el contenido pesa más que la forma, por decirlo de una manera simplificada. La novela negra llegó tarde a la historia de la literatura, y en su afán por meter los codos entre los demás géneros buscó el agrado del público con unas formas sencillas que renunciaban a todo lo que significaban las lecciones formales del Modernismo. Sus autores practicaron un estilo duro y seco, casi indigente, que huía de los adjetivos como si fueran algo venenoso. En mis novelas yo buscaba algo distinto. Otra cosa es que lo haya conseguido. Y, por otro lado, es una clasificación del mercado. Las novelas negras que he escrito, si aceptamos esa calificación, cuantitativamente no llegan ni siquiera a la mitad de mi bibliografía. En cualquier librería se encuentran mis títulos en varias secciones diferentes: novela negra, sí, pero también novela en general, cuentos, ensayo, periodismo. Pero la serie de Cupido es la que más atención mediática ha despertado.

Ha mencionado el periodismo.

Sí, porque es una escritura que me gusta mucho, que te obliga a tener los pies en el suelo y te sujeta a la realidad, frente a la ficción, que te empuja a lo contrario. Además, es un permanente ejercicio de riesgo, al tener que adentrarte en territorios que no dominas, por lo que resulta una tarea apasionante. Cada artículo es un salto en el vacío, porque supone opinar del euro sin tener ni idea de economía; opinar de la ecología sin tener más que unos rudimentos sobre la naturaleza; opinar de política sin tener información de lo que ocurre en los pasillos de los parlamentos. Y siempre con una actitud de independencia, porque tienes derecho a emitir tu opinión, y al mismo tiempo de profundo respeto, de no creerte en posesión de ninguna verdad absoluta.

¿La novela negra refleja la realidad social mejor que otros géneros?

Yo diría que sí, al enfocar sus historias sobre el malestar, tanto individual como colectivo. La novela negra tiene una especial capacidad y unos reflejos muy rápidos para revelar las inquietudes sociales, económicas y políticas. Es un mérito del género, sí, pero yo no creo que tenga que ser una obligación ni que la novela negra tenga que ser el speaker de la crisis actual. Un poema de Luis García Montero o de Jorge Riechmann, o una novela de Chirbes o de Belén Gopegui son portavoces igualmente válidos de ese malestar.

¿Los lectores aprecian la literatura policiaca que se hace en España o sigue el 'boom' de los países nórdicos?

Ahora mismo hay muchos lectores aficionados a la novela negra española, quizá porque ha logrado algo muy importante: elevar su nivel literario con la aparición de estupendas escritoras que aportan una nueva mirada con mujeres detectives, y con la incorporación de grandes escritores de otros géneros. La novela negra, así, está sirviendo de enlace entre géneros distintos y está rompiendo la vieja incompatibilidad entre una literatura compleja y trascendente, pero que no tiene demasiados lectores, y una literatura popular que tiene lectores pero no tiene trascendencia. Todo está muy mezclado y Slavoj Zizek afirma que 'le noir' no es tanto un género cuanto un tema, un espíritu que impregna todos los géneros. En cuanto al boom de los países nórdicos, como todos los booms, ha durado un tiempo, pero está en franca retirada.

Le han editado en 12 países. ¿Fuera de España, dónde se aprecian o se entienden mejor los libros de Eugenio Fuentes?

En Alemania.

¿Por qué cree que hay críticos que le consideran un renovador del género?

Supongo que por lo dicho arriba: por un cierto cuidado del estilo en un género que a menudo ha sido bastante descuidado, y por enfocar las historias sobre los personajes, en lugar de hacerlo sobre el enigma.

Crear un personaje reconocible y que se convierta en alguien familiar para los lectores es una tarea difícil en la literatura. ¿Cómo nació Ricardo Cupido?

Ricardo Cupido nació como personaje en 'Las batallas de Breda'. Era un adolescente que de ninguna forma podía imaginar que un día se convertiría en detective. Tampoco yo lo imaginaba. Pero hoy me alegro mucho de que esté por ahí y de que se haya ganado aprecio de los lectores. Quiero creer que se debe a que no es un personaje plano, a que no es un personaje-función que solo cumple un papel dentro de una estructura narrativa.

Tiempo para escribir

Aunque se les conozca y tengan cierto éxito, hay pocos autores, sobre todo en Extremadura, que se atrevan a dejar sus trabajos 'seguros' para lanzarse de lleno a la escritura. ¿Por qué lo hizo usted?

La razón fundamental es la necesidad de tener tiempo para escribir y para atender a algunas de las tareas colaterales que generaba la escritura. Pero, en realidad, es una decisión que tiene más inconvenientes que ventajas.

¿Cómo ve la nueva literatura hecha por extremeños? ¿Quiénes vienen con más fuerza tras los Landero, Valverde, Hidalgo Bayal, Cercas o usted mismo?

A menudo pienso en lo que dice, porque es imprescindible que voces nuevas digan cosas nuevas y renueven el panorama. Sería fantástico. Conozco la obra de algunos escritores jóvenes, pero no la de todos, y por eso sería sumamente injusto decir nombres o establecer jerarquías.

¿Prefiere ventas o prestigio literario? Y no me diga que ambos al mismo tiempo.

Yo creo que la respuesta está muy clara en el conjunto de mis libros.

Los autores que más venden son, lógicamente, los más pirateados. ¿Le afecta mucho este problema? ¿Qué cree que se puede hacer al respecto?

Claro que me afecta, como a todos. Pero, hoy por hoy, no se puede hacer nada.

¿Merece Bob Dylan el premio Nobel?

Merece un premio Nobel, en representación de tantos cantautores. Leonard Cohen, Pablo Guerrero o Paco Ibáñez, pero no el de Literatura, si comparamos su obra con la de otros escritores. El conflicto está en que los Nobel se siguen dando en las mismas categorías que hace ciento veinte años, y en este siglo todo ha cambiado de forma extraordinaria. La revolución de las nuevas tecnologías, la ruptura de los límites entre las artes, la mezcla de géneros y soportes. superan la tradicional parcelación de esos premios. Quizá habría que crear una nueva categoría que reflejara estos cambios con un premio a esa diversidad de la creación artística.