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«Soy tu princesa, ¿no me ves?»

Anabel y Andrés, padres de Elsa, ayer en la plaza de España de Arroyo de San Serván. :: brígido
Anabel y Andrés, padres de Elsa, ayer en la plaza de España de Arroyo de San Serván. :: brígido
  • Transexuales y familiares asisten en Arroyo de San Serván a una charla organizada por la Fundación Triángulo

  • Los padres de un niño de cuatro años que se siente niña relatan su testimonio

Andrés y Anabel, que rondan los cuarenta años y se ganan la vida en un almacén de frutas, fueron ayer protagonistas de una charla en Arroyo de San Serván. Participaron más personas pero su testimonio sobre la pequeña Elsa, que en agosto cumplirá 5 años, es difícilmente superable. Es la historia de una persona que nació niño pero que se declara y actúa como una niña. El relato de la transexualidad se escuchó rotundo en una jornada organizada por la Fundación Triángulo a la que asistieron transexuales y familiares de Mérida y comarca. «¿Valiente nosotros, sus padres? Valiente ella. Lo menos que podemos hacer es ayudarla a ser feliz», relató su madre a HOY.

«Desde que supo hablar ya sabíamos que era una niña. Tendría dos años y medio y lo dejó claro», relata Anabel, que se confiesa nerviosa al inicio de la entrevista con este periódico, pero que a medida que avanza la charla se relaja y muestra una gran determinación. «Me siento liberada por dar a conocer el caso de mi hija porque lo único que quiero es que crezca feliz», apostilla.

Su marido, Andrés, asiente. No añade nada más. Su mujer es la que asume el relato de su testimonio, el que ayer escucharon casi 200 personas en el salón de plenos de Arroyo de San Serván (4.200 vecinos, a 14 kilómetros de Mérida). Andrés y Anabel tienen una hija mayor que está a punto de cumplir diez años.

El miedo y el afecto

«Una cosa es que tengas una niña transexual y otra que lo traslades a la gente, que se sepa públicamente. Pero es que es lo que tenemos que hacer por ella. A nosotros como padres no nos ha costado porque lo hemos vivido casi desde que nació. Nos ha costado más por la gente, por el qué dirán. ¿La humillarán, le harán mucho daño? Es el miedo el que te frena pero mi hija es una pequeña que nació siendo niño», subraya emocionada. Cuenta Anabel que cuando empezó a atisbarlo buscó consejo en una tía a la que estima enormemente. «Tiene un hijo gay. Le conté lo que veíamos. Vino para el pueblo. Me dijo que el niño no era gay sino un transexual. A partir de ahí busqué ayuda en la Fundación Triángulo».

Esta organización no gubernamental tiene como objetivo la igualdad social de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales. Según su información, dentro del programa de atención a transexuales que lidera, ayuda a 59 personas en Extremadura. De ellas, el 90% tiene menos de 30 años, y además el 60% de ese porcentaje son menores de edad. El último caso, el de Elsa. «Cuando la conocí le dijo a su madre que no me presentara como su niño porque era su niña», agrega Hugo Alonso, coordinador de Fundación Triángulo de este programa «que sobre todo quiere dar cariño y afecto».

«Elsa ha vivido una experiencia muy fuerte que le ha hecho madurar más de lo que debiera», comenta Anabel cuando se le inquiere sobre su certeza acerca de la transexualidad de su hija cuando todavía tiene cuatro años de edad.

«Ves en el día a día lo que hacía, lo que te expresaba. Ejemplos hay doscientos, aunque al inicio, claro, le decíamos que era un niño y le explicábamos por qué. Pero no es solo que en los catálogos de juguetes siempre se iba a los regalos de las niñas y se empeñara un año como regalo de Reyes en una muñeca Rapunzel. Le explicas todo el día que era niño porque se ponía calzoncillos, no bragas. «No mami, tú me pones calzoncillos, pero yo quiero que me pongas bragas», me dijo seria. «La prueba definitivamente llegó en Carnaval», cuenta la madre.

Dice que ese día, en el pasacalles organizado por el colegio, Elsa llegó vestida de princesa. Era Carnaval, pensaron los padres, «y no iba a pasar nada», indican. En el fondo, de esta forma querían hacer visible la transexualidad de su hija. Sus compañeros de aula se rieron y hubo alguna que otra palabra despectiva. Elsa lloró y su madre, también.

«Se me cayó el mundo encima pero la niña acabó el pasacalles. Cuando llegó después a casa cogió una bolsa de la basura, abrió el armario y echó allí toda su ropa masculina. '¿Qué estás haciendo?', le pregunté. 'No me voy a vestir nunca más de niño. Soy tu princesa, ¿no me ves?', me respondió». Anabel dice que ahora ve apoyo y afecto en sus vecinos. Una alegría más para Elsa.