El fantasma de la censura incendia ARCO

Un hombre camina frente a la pared donde estaba instalada la obra de Sierra con algunos de los retratos censurados. :: alberto ferreras/
Un hombre camina frente a la pared donde estaba instalada la obra de Sierra con algunos de los retratos censurados. :: alberto ferreras

«Hay autocensura, que es peor que la censura, y se normaliza la intolerancia», denuncia el director del Reina Sofía La retirada de la pieza de los «presos políticos» de Santiago Sierra genera un ciclón de críticas en el mundo del arte

MIGUEL LORENCI MADRID.

¿Hay censura? ¿Se normaliza la intromisión política en el arte y la intolerancia? ¿Tiene límites la libertad de expresión? Preguntas como estas entraron como un ciclón en ARCO, arrasando cualquier debate y robando todo el protagonismo al arte. Helga de Alvear, la gran dama del galerismo español, se plegaba y «aceptaba» de buena mañana la «sugerencia» de Clemente González Soler, presidente ejecutivo de Ifema, para retirar de su galería 'Presos políticos', la controvertida obra del siempre polémico artista Santiago Sierra. «El arte es un diálogo permanente con el mundo y prohibirlo es prohibirme como persona. Reflexionar no da miedo o no debería darlo», decía el artista con su obra ya descolgada.

Unos operarios pintaban a rodillo a las diez de la mañana la pared donde antes colgaban las imágenes pixeladas de 24 «presos de conciencia», según Sierra, como Oriol Junqueras y los 'Jordis'. El huracán arreció y se hizo imparable. Carlos Urroz, director de ARCO, juzgó la decisión como «malísima» y puso su cargo a disposición de Ifema. Para muchos directores de museos, artistas, comisarios y galeristas, «hay censura» en ARCO y en España y es «algo inaceptable». «Hay autocensura y normalización de la intolerancia, que es peor», denuncia el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. Para los menos, la decisión de Ifema es la correcta, y aceptan que, por primera vez en los casi 40 años de historia de la feria, se retire una obra.

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«Desde el máximo respeto a la libertad de expresión, la institución ferial entiende que la polémica provocada en los medios de comunicación por la exhibición de estas piezas perjudica la visibilidad del conjunto de los contenidos que reúne ARCO, y por tanto, es su responsabilidad, como organizadora, tratar de alejar de su desarrollo los discursos que desvíen la atención del conjunto de la feria», explicó Ifema, Institución Ferial de Madrid -31% Comunidad de Madrid, 31% Ayuntamiento, 31% Cámara de Comercio y 7% Fundación Montemadrid de Bankia-, organizadora del certamen.

«El arte es un diálogo permanente con el mundo y prohibirlo es prohibirme como persona», dice Sierra

Con la pared blanca y sin fotos, un enjambre de cámaras y grabadoras se cierne sobre Helga de Alvear, 83 años, profesional intachable y de fabuloso prestigio. «Me llamó el director de ARCO, Carlos Urroz, y me dijo que me llamaría el presidente, pero que no le hiciera caso», dice la galerista para sorpresa general. González Soler le pidió retirar la pieza. «Si quieres descolgarla, la descuelgas», respondió la galerista. Dicho y hecho. «Tú eres el presidente y si Ifema quiere que la quite, lo hago, le dije. He hecho lo que me ha pedido Ifema», concede la galerista, diciendo que no quería «problemas».

«No me he autocensurado. Ifema no quiere líos y lo que yo quiero es vender, estar aquí de nuevo el año que viene», agregó Alvear, que se disponía a colgar en la pared desnuda otra obra de Thomas Ruff. «Ifema es quien manda y yo le he dado mi permiso. Soy fundadora de ARCO con Juana de Aizpuru y Juana Mordó y quiero volver el año que viene. Por eso no me he opuesto al presidente», reiteró. No cree «que sea una decisión política» y para ella «no cabe hablar de censura». En su galería seguía a la venta un centenar de ejemplares de un libro con las fotos de los «presos» de Sierra por diez euros.

«No comparto una decisión que parte de la presidencia y que me parece malísima», acotó Carlos Urroz, que tras eludir pronunciarse, puso su cargo a disposición de la Junta de Ifema. «Mejor que la obra se hubiera quedado. Yo le dije a la galerista que no la retirara, pero si Helga ha decidido hacerlo, es muy libre», dijo Urroz sin pronunciar la palabra censura. ¿Lo es? «Las galerías son espacios privados y pueden hacer lo que quieran. La decisión no ha sido impuesta. No sé si eso es censura», concluyó Urroz.

«Peor que la censura es la autocensura y es lo que estamos viviendo», dice Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía. «Lo más preocupante es que la intolerancia se está generalizando, que lo que era una excepción ahora es común», apunta. «Se piden retiradas preventivas de libros, de cuadros de Balthus o Schiele de los museos. Es terrible satanizar lugares como universidades, cátedras y museos. Que perdamos esos espacios de negociación es síntoma de una sociedad enferma», lamenta Borja-Villel. «Jamás tuve una llamada pidiendo algo así ni aquí ni en el Macba (donde también fue director)», destaca.

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