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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Badajoz

UN EXTRAÑO EN LA ALCAZABA JOAN-IGNASI ORTUÑO

La galería de Manuel Sordo cumple un cuarto de siglo de vanguardia y prepara un catálogo con 'casi' todos sus artistas para celebrarlo

10.05.09 -

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La habitación latente
Quizá este cuadro de Pablo Benítez, que sirve como fondo de la ilustración de la crónica, y donde aparece un ensimismado Manuel Sordo, sea una buena metáfora para todo lo tratado. Si cada exposición, individual, colectiva, de homenaje o temática celebrada en la galería fuera una ventana, haría falta, como mínimo, un rascacielos de Manhattan para ilustrarlo. «Hay mucho que contar, tengo muy buena memoria», sentencia el galerista. / JOAN-IGNASI ORTUÑO
Quizá 'latente' sea un adjetivo desafortunado, o quizá no. Tampoco es una 'habitación', en el sentido estricto del término y si nos ponemos puristas, pero esta crónica urbana no es para lectores enfermizos o, simplemente, para lectores adoctrinados. En cualquier caso, así se aparece, de bruces, a los ojos del cronista cuando un paseo por la calle de la Bomba (ya tiene miga el nombre de esa vía pública) le conduce a ella. Si bien quedaría aceptable para una película de terror, llamar la 'habitación latente' a la galería 'Acuarela' que regenta desde hace un cuarto de siglo Manuel Sordo (Sevilla, 1949) es un ejercicio temerario. En realidad, es una pequeñez, si se quiere, o una licencia periodística (¿pero hubo alguna vez periodistas licenciados?), en un espacio en el que la provocación, la creatividad y el arte se han enseñoreado siempre. Una 'boutade', que dirían los franceses, y que 'Manolillo' sabrá perdonar. «Bueno, está en estado de reposo, de letargo -advierte Manuel Sordo-. Está dormida pero está despierta, entiéndeme. Por razones clarísimas, el tema económico, porque no dependemos de ningún estamento. Se han cumplido los 25 años de la galería y estamos pendientes de poder elaborar un catálogo que haga un repaso de todos los artistas que han pasado por ella. Bueno, de casi todos». Por cierto, que 'latente' significa, según la Academia, «oculto, escondido o aparentemente inactivo». Lo primero y lo segundo, no, porque la galería salta a la vista, pero en lo tercero sí se puede considerar el haberse dado en el clavo. Uno de tres, no está nada mal. ¡Ojalá todos adjetivos que aparecen en los medios de comunicación tuvieran un tercio, como mínimo, de credibilidad!
Manuel Sordo procede del mundo de la comunicación y hay que andarse con cuidado, pues, con lo que se dice de él. No porque sea un ogro, abruma tanta humanidad en un solo cuerpo, sino porque el hecho de que esté curtido en estas lides responsabiliza a cualquiera, sea quien sea su interlocutor. A mediados de los 60, y ha llovido desde entonces, Manuel Sordo pasó por Radio Popular de donde salió «por problemas con el obispo». Y no hace falta ahondar en el asunto, (como muy bien dice el galerista «todo está en la hemeroteca»), pero no por nada, sino porque todavía no han sido inventadas las crónicas por fascículos. Y después de pasar por la calle Menacho, también, concretamente por la galería Artex, se instaló en la que ahora es motivo de esta humilde crónica. 'Pintada, no vacía, pintada está la casa', escribió en su día el inmortal Miguel Hernández. No se refería, desde luego, a ese espacio ubicado en número 16 de la calle de nombre castrense (que como se sabe, se refiere a un cuartel), pero si por algo destaca este lugar privilegiado es por las capas de pintura, de arte, que se han ido sucediendo, en forma de exposiciones, a lo largo de estos años. «El arte con mayúsculas, cuando es creativo, cuando añade algo nuevo, cuando te conmueve, desde luego que sí, nos hace libres», responde Manuel Sordo cuando se le pregunta, cuando se le comenta, si el arte libera al ser humano. «La sociedad debería pensar en esto. Pero, desgraciadamente, a la gente no le interesa ser libre».
«Desgraciadamente»
«Desgraciadamente» es un latiguillo que acompaña a menudo la conversación de Manuel. Por cierto, que la charla se produce con Manuel de pie, a menudo con los brazos cruzados, y su interlocutor sentado, no en una silla, sino en una repisa utilizada como soporte para cuadros que pertenece a uno de los grandes ventanales que iluminan, con claridad, la sala. O sea, en medio de obras de arte, una ubicación inusual, donde las haya, de no ser por el contexto, evidentemente, para entablar un diálogo. Todo son vivencias, cierto es, pero ésta es la primera vez que el cronista toma sus apuntes, que recuerde, con el entrevistado mirándole por encima de los hombros. «Estar a la vanguardia en provincias es jodido. También nos encasillaron, lo que es una equivocación. Hemos sido los raros de Badajoz. No es que nos hayan olvidado. .Pero continuaremos, la afición al arte, en general, nadie nos la va a quitar», advierte el galerista, cuando hace un balance, necesariamente provisional, de todos estos largos años. Y con un «pon etcétera» concluye la enumeración con el listado de artistas que se le solicita para que ilustre, con nombres propios y apellidos, la historia viva de estos cinco lustros de dedicación a las Bellas Artes. «Me gustaría destacar un grupo de jóvenes -y a ver quien es el guapo que se niega a destacarle eso-, gente muy importante, no homogénea, pero que se distinguían porque exponían aquí. Luis Piris, Raúl Valerio, Antonio Langoyo, Cisco, Domingo Frade. pon etcétera». Por si fuera poco, esta sala de arte llegó a albergar la Asociación de Artistas Plásticos de Badajoz y hasta editar una revista de arte, 'Aquí', «con muchas pretensiones».
Dicen que los críticos de arte son artistas frustrados. ¿Los galeristas, también? «Eso dicen. Yo hacía mis pintos, pero era muy malo. Lo dejé hace 40 años. Lo es cierto que me llamaba la atención -reconoce, humildemente, Manuel- la manera de pensar de este mundo de locos que es el arte». No obstante, y puestos ya en el capítulo final de los destacados, resalta la lucidez con que este ciudadano analiza y canaliza cada uno de los puntos (ya sean puntos, comas, puntos y comas, puntos y aparte, dos puntos, puntos suspensivos u 'etcétera'), en todos y cada uno de los temas que se le suscitan. Con pelos y señales, además, y sin pelos en la lengua. He aquí un ejemplo: «Considero, no obstante, que el arte es tan complicado. Y, ahora, hay un follón con todo esto. Arco, por ejemplo, es un auténtico desastre, es más de lo mismo. Tengo muchas dudas de cómo terminará todo».
Y son tantos los 'ejemplos' dados por Manuel en su coloquio que, llegado el punto final de la crónica, solo resta pedir disculpas por no haber inventado, todavía, un dispositivo que la comprima y luego permita recuperar todos esos ejemplos. ¿Otra solución? ¡Habría que montar otra galería con todos ellos, amigo Manolo!
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