Mérida acoge a sus Bacantes

La versión de Carlos Álvarez Ossorio relega la historia de Penteo y Dionisio a un segundo plano, para que el coro sea protagonista Mañana se estrena 'Bacantes' de Eurípides, defendida por la compañía 'El Desván de Teatro'

MARTA PÉREZ GUILLÉNMÉRIDA.
Dirigentes de la Administración junto con la compañía. ::                             BRÍGIDO/
Dirigentes de la Administración junto con la compañía. :: BRÍGIDO

En el comienzo de esta edición, el equipo del Festival Internacional de Teatro Clásico planteó de forma clara la filosofía y los nuevos cimientos de la cita cultural que se sustentaban en dos principios: la recuperación de la esencia grecolatina y la presencia de compañías extremeñas dentro de la programación.

Lo primero se cumplió con una selección de obras con aroma a clásicos griegos. Lo segundo, ya es una realidad con la presentación de la penúltima obra del Festival, 'Bacantes' de Eurípides, que se estrena mañana en el escenario romano y está defendida por la compañía extremeña 'El Desván de Teatro'. El comienzo de un broche final, con sabor a castúo y condimentado con acordes de música electrónica.

La versión que defiende el director Carlos Álvarez Ossorio, «extremeñizado por unos días» como entre ellos comentan, deja en un segundo plano el enfrentamiento entre Dionisio y Penteo para centrarse en la historia de los ciudadanos de Tebas, que son los que padecen y sufren las consecuencias de la discordia entre dioses y mortales. «Es lo que está detrás del texto de Eurípides, y nosotros lo ponemos delante», señala Álvarez Ossorio.

En el escrito original, el coro está formado por unas mujeres asiáticas que siguen a Dionisio, «como si fueran 'grupis' que persiguen a todas partes a su ídolo de rock», destaca Álvarez, quien además añade que «nosotros le hemos dado la vuelta». El coro que se defiende en esta versión encarna a los ciudadanos de Tebas, transformados por Dionisio en bacantes. «Va cambiando, va evolucionando, empieza de una manera para terminar de otra», puntualiza.

Diego Ramos, Noelia Benítez, Simón Ferrero, Pepa García y Carolina Rocha dan vida al peculiar conjunto griego. Si de algo se caracterizan los coros es de saber transmitir ese sensación de homogeneidad. En esta 'Bacantes', los encandilados ciudadanos además de formar una piña, desarrollan una evolución personal con su bacante interior que lo conecta con el mundo dionisiano.

Si la función se centra en contar la historia de los ciudadanos, no es de extrañar que el director los sitúe en el epicentro, y los califique como «los verdaderos protagonistas de esta obra».

Aún así, en un segundo plano discurre la línea argumental de la historia original de 'Bacantes' de Eurípides.

Críspulo Cabezas, el segundo extremeñizado del equipo escénico, interpreta al dios Dionisio, que regresa a Tebas para vengarse de aquellos que negaron su divinidad. Representa la fuerza del antisistema que quiere cambiar lo establecido. Es un personaje muy visceral, muy poco maquiavélico para lo que acostumbra el papel del dios del vino. «Más que trabajar la divinidad, hemos trabajado el ser humano», apunta Cabezas.

El extremeño Domingo Cruz encarna a Penteo, el rey de Tebas, que representa la razón, el aferrarse al orden impuesto, para él lo correcto, que no debe cambiar.

«Ninguno tiene la razón, ni está equivocado», señala el director, porque ninguno tiene en cuenta a los ciudadanos, que son utilizados por ellos y son las víctimas reales de esta tragedia.

Entre las dos fuerzas antagónicas, del mito y la razón, se encuentra Ágave, madre de Penteo y tía de Dionisio, a la que da vida Paca Velardiez, también de la tierra. En la versión de Álvarez, este personaje tiene más presencia, lo que le permite definir mejor la relación con su hijo y su sobrino. «Es reina, es madre y se convierte en bacante como la que más», indica Velardiez.

Bacanal 'rave'

Hasta ahora, el montaje que defiende la compañía extremeña y el director Carlos Álvarez emana de lo clásico, apoyándose principalmente en el texto de Eurípides. Lo arriesgado de la apuesta, que aporta los tintes de teatro contemporáneo tiene que ver con el acompañamiento musical. Por primera vez, en la historia del Festival Internacional de Teatro Clásico de la capital autonómica, y por primera vez en el suelo y paredes del Teatro Romano, retumbará música electrónica, para adentrar a los actores y al público emeritense en esa transformación a auténticos bacantes, donde se desata la lujuria y se dejará ver algún que otro desnudo.

Matthew Herbert, referente internacional del house minimalista pop, supone un pilar fundamental para la representación. El inglés con su música, además de crear esa atmósfera de bacanal rave, es el instrumento por el cual Dionisio convierte a los ciudadanos en bacantes de su religión. «Los va llevando al trance y del trance al horror», explica Álvarez.

Domingo Cruz, indica que aunque pueda parecer una propuesta un tanto extraña, al mismo tiempo es interesante la comunión entre la música electrónica con el texto clásico, que llega a resultar incluso coherente. «Cuando leemos el texto original, y vimos esa lucha entre razón y pasión, en seguida nos trasladamos a esos ambientes de acceso de estados de felicidad a través de la danza y del vino», subraya Cruz.

Por y para el Teatro

Diálogos que defienden un texto clásico, en un ambiente de música electrónica que despierta la lujuria en un espacio clandestino. El escenógrafo y actor que forma parte del coro, Diego Ramos, ha ideado un montaje respetuoso que compacta a la perfección con el Teatro Romano. Como símbolo del dios Dionisio, la compañía ha recuperado unas grandes tinajas, hasta hace unos días enterradas en una bodega de Almendralejo. «Al colocarlas sobre la arena del Teatro parece que ambos han sido excavados en el mismo lugar», apunta Ramos.

La escenografía de esta obra ha sido diseñado por y para el Teatro Romano, independientemente de que la función se vaya a representar en otros escenarios.

El vestuario de esta función, tenía que transmitir también sensaciones. En un primer momento, los ciudadanos se visten con ropas que apenas deja ver la piel de los actores. A medida que avanzan los ritmos hipnóticos, los personajes se desprenden de sus prendas, en esa metáfora de liberación.

Si el vestuario transmite sensaciones, la iluminación creará diferentes atmósferas marcadas también por los acordes electrónicos. «Se nota esa invasión de Dionisio en el mundo de Penteo», explica Álvarez, quien además añade que «es una luz dramática que cuenta también una historia».

Sin duda una propuesta con un trasfondo que va mucho más allá. «Hemos configurado una programación con una gran variedad, sino sería muy aburrido», indica Jesús Cimarro, director del Festival de Teatro, quien apunta que seguro que vendrá a ver la obra otro tipo de público, que no acostumbra a hacerlo, los jóvenes.

Quizás la música electrónica, capaz de convertir a los ciudadanos de Tebas en bacantes de un Dios que va contra las normas del reino sea capaz de atraer al público joven, a veces reacio a las obras clásicas. Seguro que esta 'Bacantes' con tintes castúos sorprende a los presentes.