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Fuente del Maestre, el asombro inesperado

Restos de la primitiva muralla árabe de Fuente del Maestre. :: /E. R.
Restos de la primitiva muralla árabe de Fuente del Maestre. :: / E. R.

Un paseo antológico por la villa admirando el Palacio del Gran Maestre, la muralla o la iglesia

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Entre Feria y Villafranca de los Barros, La Fuente. Así la conocen en los pueblos vecinos, pero su nombre es más elegante y prosopopéyico: Fuente del Maestre. El nombre se entiende en cuanto aparcamos en una preciosa plaza. Porque salimos del coche y enseguida nos asombra un bello palacio de estilo mudéjar levantado en el siglo XV. Tiene hermosas ventanas geminadas y un balcón en esquina que parece hecho para asomarse a saludar a las masas. Es, en fin, el Palacio del Gran Maestre, hoy hogar del pensionista donde los viajeros curiosos son bien recibidos. Y a un paso, una fuente singular. Se llama del Corro, se cree que fue construida unos años más tarde que el palacio y tiene escaleras, un recinto cuadrangular y más de medio metro de profundidad.

Las joyas de la provincia

En esa Fuente del Corro tan aparente y en ese palacio, hay que buscar la solemnidad del nombre del pueblo que hoy visitamos: Fuente del Maestre, que tiene categoría de conjunto histórico artístico desde 1998. En estas tierras feraces y ricas, más aún desde que parte de ellas se han puesto en regadío, estuvieron los romanos y le dieron nombre de vino: Castra Vinaria. Los musulmanes, que enseguida percibieron las riquezas del lugar, la nombraron Fuente Roniel. Con la llegada de los cristianos, nuevo topónimo: Puebla del Conde. Así la bautiza Lorenzo el Magnífico, es decir, el Maestre de la Orden de Santiago, Lorenzo Suárez de Figueroa, que convierte la localidad en cabeza de encomienda, además de otorgarle escudo y reforzar su muralla árabe.

Con el paso del tiempo, el gran maestre se convirtió en personaje venerado por la villa a la que tanto benefició y acabó protagonizando para siempre el topónimo: Fuente del Maestre. En 1616, reinando Felipe III, se convertiría en villa independiente del partido de Llerena. Y en la villa hemos entrado por donde en tiempos tuvo que estar la Puerta de la Parra. Era una de las cuatro que abrían la muralla. Estaban también la Puerta Nueva, que daba entrada por el norte; la Puerta de Mérida o de la Villa, al este, y la Puerta del Arco o del Postigo, al sur.

Pero seguimos en la plaza del Corro, entre el Palacio del Gran Maestre y la fuente. Unas terrazas invitan a sentarse y a disfrutar del encanto del lugar. Se aproximan las fiestas y hay mucho ambiente. Desde aquí, se intuye la gracia de estas calles llenas de casonas y palacios. El Conde de Canilleros contaba, en 1961, un total de 14 casas grandes con escudos de nobles estirpes como el marquesado de Lorenzana. Ese poso se mantiene vivo y se nota paseando por las calles principales. Vamos descubriendo casas blancas blasonadas, conventos como el de la Concepción o San Francisco, la ermita de Santa Lucía, que debió de ser visigoda antes de ser reedificada en 1603, e iglesias como la de San Lázaro o la de Santiago, del XVII.

Puerta de estilo gótico Reyes Católicos. ::
Puerta de estilo gótico Reyes Católicos. :: / E. R.

Si tuviéramos entre manos una de esas guías modernas para viajeros con prisa tituladas: 'Qué ver en…', la antología referida a Fuente del Maestre incluiría esta plaza del Gran Maestre, el lienzo de la muralla que todavía se conserva y la plaza del ayuntamiento y de la Iglesia, dos monumentos formidables, situados frente a frente.

El tramo de muralla conservado se encuentra a un paso de la plaza del Gran Maestre. Y la plaza de la Iglesia está también al lado, así que no hace falta andar mucho para disfrutar de la antología monumental de la Villa. Fíjense en un bar llamado La Muralla porque justo detrás están los 150 metros de pared pétrea que recuerdan la importancia y poderío medieval de Fuente del Maestre.

Tras pasear junto al lienzo mejor conservado de la cerca musulmana, regresamos a la plaza del Gran Maestre y nos dirigimos desde allí a la plaza de España, es decir, la del Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria, a la que llegan siete calles que antiguamente unían las cuatro puertas de la muralla. La casa consistorial es un edificio de estilo neoclásico de mucha categoría. Se levantó en piedra entre 1774 y 1780 y su mayor atractivo es el pórtico de once arcos de medio punto.

Impresionan los talleres de artistas en La Fuente y en la Extremadura de los siglos XVI y XVII

Aunque el edificio más importante de Fuente del Maestre, el que justifica un viaje y una estancia demorada en la villa es su iglesia parroquial. Se levanta en un momento, finales del siglo XV, comienzos del XVI, en que la fuerza de obispados y órdenes militares impulsa la edificación de construcciones religiosas en el mundo rural extremeño, siguiendo la estética del gótico final.

Al tiempo, más o menos, que se construye el imponente templo de La Fuente, se levantan por toda Extremadura formidables iglesias en Arroyo de La Luz y en Ceclavín, en Jarandilla, Monroy, Serradilla, Azuaga, Llerena o Villafranca. La iglesia fontanesa de La Candelaria es, por tanto, de estilo gótico, pero fue reedificada en el siglo XVI con un concepto arquitectónico renacentista. Se empezó a levantar bajo la advocación de Santa María la Mayor y de ese primer momento se conserva la torre de estilo gótico mudéjar. Hacemos tiempo en la plaza, muy animada por las inminentes fiestas, pues en la iglesia se celebra un acto litúrgico. Disfrutamos así de su gracia elegante y señorial.

Calle típica de La Fuente. ::
Calle típica de La Fuente. :: / E. R.

Pero la emoción provocada por el arte y por la historia estalla cuando entramos en el templo. Para empezar, las dos puertas por las que se puede acceder son interesantes. La Puerta del Perdón es de estilo gótico y la Puerta Principal y más bella es de estilo gótico Reyes Católicos. Destacan en su interior la pila bautismal, las pinturas, los retablos laterales, la orfebrería, el órgano, fabricado en 1807, y tres joyas de primera categoría: la puerta de la sacristía, el retablo mayor y la custodia-copón de estilo purista y desornamentado, obra original del platero llerenense Diego Jiménez en el XVII.

Otro Jiménez, en este caso vecino de Fuente del Maestre y de nombre Sebastián, realizará, entre 1719 y 1723, el espléndido retablo de la capilla mayor de la iglesia de su pueblo. Este retablo de la Candelaria fontanesa comunica una sutil sensación de movimiento a partir de las estípites que se despegan del conjunto. Las esculturas del retablo también tienen su origen en un taller de la Baja Extremadura: fueron labradas por el escultor de Llerena Agustín Correa.

Salimos de la Iglesia, volvemos a la plaza del Gran Maestre y nos vamos de La Fuente asombrados ante la fuerza del arte en aquella Extremadura de los siglos XVI y XVII. Talleres de pintura, orfebrería y escultura en Fuente del Maestre, Llerena, Azuaga y Zafra expandían la belleza por el sur de la región. No es de extrañar que en la Baja Extremadura se concentren ocho conjuntos histórico artísticos. Uno de los más importantes es nuestro siguiente destino: Zafra.

 

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