Muñecas huérfanas

Muñecas huérfanas
AGAPITO GÓMEZ VILLA

Esta semana tenía yo pensado, a tenor del pollo que ha montado con los fichajes nuestra paisana, la ministra de Torremocha, Magdalena Valerio, que, por cierto, se llama como mi mujer, bueno, mi mujer se llama María Magdalena Felisa, toma ya, les decía que hoy tenía pensado darle una idea, gratis total, a doña Valerio, en relación con los fichajes, ya digo. No, no estoy hablando de los fichajes de los futbolistas, faltaría más que el ministerio de Trabajo interviniese en la contratación de los jugadores, sino de la obligatoriedad de los trabajadores de fichar a la entrada y a la salida. Pero no va a poder ser por ahora. Se me ha cruzado por delante la detención de José Antonio 'Ternera' (bautizado José Antonio) y me ha destrozado todos los planes. Así que la próxima semana será.

Pronto hará cuatro décadas de la primera vez que, absolutamente desencajado, escribí en estas páginas sobre la costumbre que habían cogido mis primos los periodistas de llamar históricos a los canallas de la ETA. Dirigente histórico: así empezaron a llamarle a cualquier pistolero, en cuanto llevaba un trienio escaso en el oficio: el oficio de matar a diestro y siniestro. Nunca lo pude tragar, ya digo. A partir de entonces, raro ha sido él año que no he dedicado mi indignación a semejante soplapollez: ¡histórico, un asesino!

Ni que decir tiene que con la detención del tal 'Ternera', el asunto se me ha reverdecido, y de qué manera. Pero, claro es, lo de histórico se conoce que ya se les había quedado chico (las palabras también sufren erosión) y han tenido que tirar de vocablos nuevos.

Mito. Jamás de los jamases hubiese yo esperado encontrarme en este periódico, sección de 'nacional', claro, lo que me encontré el otro día: «Josu Ternera, el último mito de ETA» (el autor lo escribía con mayúsculas). Que le llamen mito a Carlos Herrera sus colaboradores, tiene una justificación. Pero llamar así a un tío que tiene sobre sus espaldas, como jefe supremo que fue de la eta (minúsculas, por favor) más de cuatrocientos asesinatos, -ah, las muñecas huérfanas de niñas del cuartel de Zaragoza-, me resulta una bofetada cuando menos. Un asco de cualquier manera. Y hablando de las niñas muertas en Zaragoza: Luis Eduardo Aute, mítico cantautor, compuso una de sus más bellas canciones, «Al Alba», cuando los últimos ejecutados en los estertores del franquismo. Pues bien, no me entra en la cabeza que ni a él ni a ninguno de sus congéneres, -¿cobardía?-, les diera nunca por escribir unas notas siquiera a los niños asesinados por la eta: víctimas colaterales les llaman los asesinos.

Héroe. Así se ha referido a él Jesús Eguiguren, político socialista vasco, por cierto, condenado por maltrato a su mujer, que negoció con el menda la rendición de la banda (no les quedaba otra): «Es un héroe de la paz», ha dicho. Lo que faltaba para el euro: primero histórico, después mito y para acabar héroe. Ya solo falta la canonización. A mí no me extrañaría nada: el tal José Antonio, luego de haber pasado por la cárcel, fue miembro de la Comisión de Derechos Humanos del parlamento vasco: uno de los más flagrantes sarcasmos que a uno le haya sido dado contemplar. San 'Ternera' de la ETA, al tiempo.