Lorena Rodríguez Lara, una empresaria contra el cambio climático

Lorena Rodríguez Lara posa en el parque del río. :: PAKOPÍ/
Lorena Rodríguez Lara posa en el parque del río. :: PAKOPÍ

Tiene una empresa de ingeniería ambiental

Natalia Reigadas
NATALIA REIGADASBadajoz

En el año 92, cuando Lorena Rodríguez Lara estudiaba en el instituto, en la televisión todavía reponían los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente. Muchos los recuerdan, pero a ella le marcaron y sus padres decidieron regalarle el 'Atlas del Medio Ambiente'. Sin saberlo, habían encontrado la vocación de su hija. Se obsesionó con la lluvia ácida o el efecto invernadero. Decidió estudiar una carrera que entonces era muy desconocida, Ciencias Ambientales, y 20 años después es una empresaria dedicada al cambio climático.

Su empresa, 360 Soluciones Cambio Climático, es una asesoría de ingeniería ambiental que tramita la documentación de instalaciones fotovoltaicas, hace informes de biodiversidad, estudios de impacto ambiental... Pero además se define como una firma que pretende adaptar y mitigar el cambio climático. Una lucha por mejorar el mundo desde el punto de vista empresarial. Así lo demuestra la frase que usa Lorena como emblema. Es una cita de Al Gore: «El cambio climático es un desafío generacional. Tenemos que ser la generación que hizo lo que debía».

ALGUNOS DATOS

Biográficos
nació el 27 de septiembre de 1976 en Badajoz.
Formación
estudió en el colegio Sagrada Familia (Las Josefinas), en el instituto Zurbarán y Ciencias Ambientales en la Universidad de Granada.
Trayectoria
trabajó durante 7 años en una consultoría, participó en los proyectos de las autovías autonómicas, luego fue socia de una empresa 10 años y hace 8 meses ha creado su propia firma, 360 Soluciones Cambio Climático. Forma parte de la Asociación de Ciencias Ambientales de Extremadura.

Lorena Rodríguez Lara nació en Badajoz hace 42 años. Al terminar el instituto, decidió estudiar Ciencias Ambientales. En esa época no existía la carrera en Extremadura, de hecho, solo había dos universidades que la impartiesen: Barcelona y Alcalá de Henares. El mismo año que esta pacense iba a empezar, la crearon en Granada y finalmente escogió Andalucía para sus estudios.

«Había muchísima ilusión por ser la carrera nueva. Era la primera vez que se mezclaban profesores de Derecho, para enseñar legislación ambiental, con profesores de Economía, de Ciencias, ingenieros de Caminos o industriales. Se ponía en común a muchas disciplinas», recuerda Rodríguez Lara.

Esta pacense reconoce que no sabía qué salida laboral podía tener su carrera. Quería saber más sobre Medio Ambiente y siguió su vocación. Durante su formación fue realizando distintas practicas, tanto en instituciones como en negocios privados. Recuerda mucho un trabajo en una empresa que supervisaba grandes infraestructuras y que le dio la oportunidad de participar en el estudio de impacto ambiental de la A-381, la autovía que sale del Parque de Doñana. «Fue muy especial. Era la primera vez en Europa que se aplicaban medidas compensatorias muy específicas», dice Rodríguez Lara. «Ese proyecto tuvo un premio a nivel europeo porque era la primera vez que se diseñaban medidas de integración de grandes infraestructuras en un medio tan sensible como Doñana», rememora esta profesional con entusiasmo. Fue entonces cuando tuvo claro lo que quería hacer.

También se dio cuenta de que quería hacer ese trabajo en su tierra, Extremadura, por lo que volvió a casa. Cree que en la comunidad el Medio Ambiente es un recurso poderoso. «Tenemos una región que tiene una alta biodiversidad y que tiene unos valores ambientales muy importantes, que no se tienen en casi ningún otro lado», presume esta profesional.

¿Pero su valor ambiental es una obstáculo para Extremadura? Rodríguez Lara lo niega. «Es verdad que tenemos muchas zonas protegidas. Quizá tener esos valores ambientales nos hace que, en algunos casos, tengamos algunas restricciones y algunos sectores, agricultores o ganaderos, lo vean complicado. Yo creo que el problema es que no le estamos sacando partido. Una de las cosas que tenemos que hacer es que nuestro productos, de la dehesa por ejemplo, se valoren bien. Que en Europa, o donde lo vayamos a vender, tengan una 'ecoetiqueta'. Por ejemplo, que diga: este producto procede de un ecosistema sostenible o de una zona que no está nada contaminada. Nos falta que el valor ambiental se convierta en una reversión a los agricultores y ganaderos. Que no se vea como un problema, si no como una oportunidad».

Al principio Lorena Rodríguez Lara trabajó de forma autónoma. Recuerda, por ejemplo, el primer encargo que le hicieron. Fue un estudio de impacto ambiental del acondicionamiento de la carretera de Maguilla a Berlanga. Un pequeño paso, pero que le sirvió para coger experiencia. En los años posteriores participó en los estudios de las autovías autonómicas. Fue contratada por una consultoría ambiental durante siete años, pero quería tener más libertad a la hora de escoger proyectos y montó una sociedad. Hace ocho meses dio un paso más y creó una empresa por su cuenta, 360 Soluciones Cambio Climático.

«Hay que ver el valor ambiental de Extremadura como una oportunidad, no como un problema»

Reconoce que trabajar por su cuenta es arriesgado e incluso poco común, pero está encantada con su decisión. «Tiene cosas buenas y malas. Tienes la libertad de elegir, aunque no siempre se puede escoger el trabajo. También organizarte tú, hacerlo a tu manera... Me apetecía poder tomar mis propias decisiones. Cambié la tranquilidad de trabajar para alguien por la ilusión y la motivación. Eso es importante para mi».

En cuanto a ser mujer y empresaria, reconoce que a veces no es fácil. Al principio notó cierto recelo, pero en la actualidad se siente más reconocida. «Yo trabajo en un mundo en el que los diseñadores y ejecutores de grandes infraestructuras suelen ser hombres y soy una mujer en el mundo del Medio Ambiente, pero ha mejorado y poco a poco, mejor».

Rodríguez Lara anima a los jóvenes a estudiar Ciencias Ambientales porque hay trabajo en su sector. «Es un buen momento. Ha habido momentos malos con el tema de la crisis. Fue malísimo para el sector del Medio Ambiente porque pararon las infraestructuras, las inversiones y además el tema medioambiental es el primero que se quita de en medio cuando hace falta, pero esto está cambiando».

Actualmente, uno de sus principales trabajos es asesorar plantas fotovoltaicas porque es un sector con mucha inversión. Realizan la tramitación ambiental y los estudios de impacto. También trabajan en ecoetiquetado ambiental, cálculo de huella de carbono, análisis de ciclo de vida o proyectos de economía circular, un sector que todo apunta a que será imprescindible. Se trata, simplificando, de lograr aprovechar los residuos para reducir o eliminar la huella ambiental. «Queda mucho por hacer. El sector del Medio Ambiente tiene mucho recorrido», concluye.