Un cuarto de siglo de yoga en Badajoz

Presen Pulgarín imparte las clases de yoga avanzado en el Centro Seiza, del que es directora. :: c. moreno/
Presen Pulgarín imparte las clases de yoga avanzado en el Centro Seiza, del que es directora. :: c. moreno

Presen Pulgarín, directora y profesora del Centro Seiza

José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

Es como la música: el ritmo del cuerpo, la melodía de la mente y la armonía del alma crean la sinfonía de la vida». Así entendía el yoga B.K.S. Iyengar y las enseñanzas de este maestro indio son las que Presen Pulgarín (Badajoz, 1958), directora del centro Seiza de la capital pacense, sigue y trata de transmitir a sus alumnos.

Ella fue de las primeras personas en impartir clases de yoga en Badajoz. «Cuando pusimos el primer centro, en 1993, había otras profesoras particulares, pero ninguna escuela en la ciudad», dice Pulgarín, que en 2004 abrió las instalaciones de Valdepasillas en las que sigue en la actualidad.

ALGUNOS DATOS

Formación
Estudió Enfermería y ejerció en Higuera de la Serena hasta 1979. Desde que descubrió el yoga ha realizado múltiples cursos.
Familia
Está casada y tiene una hija de 24 años.
Aficiones
Le gusta el senderismo y realizar actividades en la naturaleza, así como viajar en familia para conocer otras culturas. Ha estado varias veces en La India, cuna del yoga.

El viaje que llevó hasta la práctica de una actividad relacionada con la cultura oriental a una joven del pacense barrio de Pardaleras a principios de la década de los 80 comenzó con la elección de sus estudios. Pulgarín se decantó por Enfermería y ejerció unos meses. «Fui practicanta en Higuera de la Serena», rememora.

«Llevo 35 años de práctica y en 1993 abrí la primera escuela de la ciudad, pero sigo aprendiendo y me considero una aprendiz»

En ese tiempo empezó a interesarse por el desarrollo de terapias integrales que tuvieran en cuenta aspectos físicos, pero también mentales de los pacientes. Al informarse sobre estas prácticas descubrió un centro en Valencia que las aplicaba. Con una escasa experiencia profesional, y apenas 20 años, se puso en contacto con los responsables y se ofreció para colaborar con ellos. Recibió una respuesta afirmativa, así que dejó su trabajo y se cruzó el país para aprender otros métodos de atención. «Tenía la certeza de que iba a encontrar lo que buscaba en mi vida, pero supongo que también influyó la osadía de la juventud», ríe Pulgarín, que en esos momentos no sabía qué era el yoga.

Fue tras dos años en Valencia cuando entró en contacto con esta práctica. «En cuanto hice mi primera sesión, supe que era lo mío; no solo eso, sino que tuve claro que lo quería transmitir a otras personas», recuerda sobre esa experiencia.

Lo que en principio iba a ser un viaje corto para completar su formación, se convirtió en una estancia de casi 11 años en el Levante español. En 1990 volvió a su ciudad natal, pero antes de dar el paso de emprender con su propio negocio, Pulgarín continuó ejerciendo la Enfermería e hizo sustituciones en diversos centros de salud de Badajoz, de Almendralejo o Alburquerque.

Finalmente decidió apostar por lo que realmente le gustaba y fue precisamente en su barrio de Pardaleras donde abrió, junto a otros socios, su primer centro, que no estaba destinado exclusivamente al yoga. Era un espacio centrado en la cultura oriental, se impartían clases de otras especialidades y se daban masajes.

Fue en esos años cuando realizó un gran descubrimiento. El del maestro Iyengar. «Es curioso, pero hasta que no regresé a Badajoz no conocí la escuela con la que estoy desde entonces», detalla Pulgarín en referencia a las directrices de este maestro.

Ya había escuchado hablar de él, pero en 1996 invitó a un maestro, también seguidor de Iyengar, a impartir una sesión en su centro. «Se trata de un yoga muy adaptado a occidente y al mundo actual», manifiesta esta profesora, que obtuvo su título en 1986, pero que no ha parado de formarse en todo este tiempo. «Se requiere una actualización constante; yo llevo más de 35 y me sigo considerando una aprendiz y eso es lo que hace que sea tan motivante seguir», afirma. En esta línea, Pulgarín ha realizado diversos cursos y además de profesora de yoga posee la certificación específica del método Iyengar.

Primeros años

Incluir esta práctica entre las alternativas de ocio de los vecinos de Badajoz no fue una tarea sencilla. En los primeros años era una actividad muy desconocida. Poco a poco, los clientes fueron aumentando y dio un paso más en su aventura empresarial al abrir en solitario el centro Seiza, hace ya 15 años. «Ahora no sería capaz de contar los alumnos que han pasado por las clases», expone, a la vez que asegura que tiene una alumna que lleva acudiendo a sus sesiones los 25 años que lleva en Badajoz. «También hay gente que está conmigo desde hace 10 y 15 años».

En este cuarto de siglo ha notado una evolución en los alumnos. «Ahora viene gente muy joven, que ronda los 20 años, sin ningún tipo de prejuicios, aunque sí con la expectativa de saber qué se va a encontrar», admite Pulgarín.

Lo que no ha desaparecido es la idea errónea con la que algunas personas se acercan al yoga. «Es una filosofía, aunque todo el trabajo se hace a través del cuerpo», explica esta profesora, que añade que de la práctica se sale con cierto cansancio físico, pero mentalmente más descansado. «Ayuda a recuperar energía». Además, esta disciplina tiene un aspecto mental y de concentración. «Tiene beneficios para la vida diaria; aporta calma, algo que es tan necesario en el mundo actual en el que vivimos, y nos ayuda al desarrollo de la atención y a destinar la energía a la actividad que se desarrolla en cada momento, ya sea hablar con alguien o cocinar», indica la directora del Centro Seiza.

En la actualidad, ella solo imparte las clases más avanzadas, mientras que otras profesoras del centro se encargan de los niveles básico e intermedio. A través de las sesiones trata de transmitir a los alumnos lo mismo que para ella significa y supone la practica del yoga. «A nivel físico me siento bien, al igual que a nivel interior; un alumno me dijo una vez: no sé que tiene el yoga que cuando vienes mal a clase te vas bien, pero cuando vienes bien, te vas mejor; y de eso se trata», concluye Pulgarín.