La boda de Carlos V con Isabel de Portugal

El Emperador Carlos V e Isabel de Portugal. /
El Emperador Carlos V e Isabel de Portugal.

A finales del mes de enero partió Isabel de Portugal hacia España. La recibieron entre Elvas y Badajoz el 7 de febrero el duque de Calabria, el arzobispo de Toledo y el duque de Béjar

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Desde la llegada a España de Carlos de Austria, hijo de Felipe el Hermoso y Juana la Loca, el nombre de Isabel de Portugal sonaba con fuerza como posible cónyuge del monarca. Los problemas internacionales para hacerse con el trono del Imperio Alemán hacen que el enlace se retrasase entre otros motivos por la promesa que Carlos hizo a Enrique VIII de desposarse con su hija María que contaba con apenas cuatro años.

La traición del inglés, el apoyo de los nobles castellanos y la necesidad de un fortalecimiento de la alianza con Portugal hacen que el monarca español decida en 1525, después de siete años de indecisión, casarse con Isabel de Portugal, hija de Manuel I de Portugal y de María de Castilla, hija de los Reyes Católicos. Dentro de este acuerdo estaba incluido el matrimonio del hermano de la portuguesa, Juan III con Catalina de Austria, hermana del Rey español.

Así pues, el 1 de noviembre de 1525 se formalizaba el matrimonio por poderes si bien tuvo que repetirse el 20 de enero de 1526 pues al ser primos hermanos necesitaron una segunda dispensa papal.

A finales del mes de enero partió Isabel de Portugal hacia España. La recibieron entre Elvas y Badajoz el 7 de febrero el duque de Calabria, el arzobispo de Toledo y el duque de Béjar. De allí se dirigieron a Sevilla, donde se celebrarían los esponsales.

Isabel recorrió el centro de Sevilla bajo palio de oro, plata y piedras preciosas

El 3 de marzo de 1526 llegaba Isabel a Sevilla. Hizo su entrada por la puerta de la Macarena. Sevilla la recibía con sus mejores galas. Un palio de oro, plata piedras preciosas y perlas la acompañó en su discurrir por las calles de la ciudad. Desde la Macarena y hasta la Catedral había instalados siete arcos triunfales que simbolizaban las virtudes del buen soberano: prudencia en la Puerta de la Macarena , fortaleza Santa Marina , clemencia San Marcos , Paz Santa Catalina, justicia San Isidoro , Fe El Salvador y Gloria las gradas de la Catedral. A ambos lados de este último arco había dos braseros perfumados. La Catedral estaba adornado con tapices, joyas y lujosas antorchas.

Las calles de la ciudad estaban adornadas con arquitectura efímera, tapices, antorchas, el pueblo en la calle acogió a la infanta con gran cariño.

A su llegada a la Catedral, en la Puerta del Perdón, la recibieron el Cabildo de la Iglesia con todo el clero y las cruces de las iglesias de la ciudad quienes la acompañaron al interior de la Seo sevillana donde Isabel oró ante el altar mayor y posteriormente salió por la otra puerta para dirigirse al Alcázar, donde esperaría la llegado de su esposo el Emperador.

Una semana más tarde, el 10 de marzo, sería Carlos V quien repitiese el recorrido hecho previamente por su futura esposa. Desde la Puerta de la Macarena se dirigió hacia la Catedral pasando por los siete arcos triunfales entre los vítores y alabanzas de los sevillanos. Al llegar la Puerta del Perdón entró acompañado del Te Deum laudamus un himno de acción de gracias hasta el Altar Mayor, allí rezó y después partió al Alcázar para encontrarse con Isabel.

Según los cronistas de la época, el flechazo fue inmediato de manera que Carlos dispuso que el matrimonio se celebrase esa misma noche. La ceremonia, oficiada por el Cardenal Salviati. tuvo lugar en el actual Salón de Embajadores. Los padrinos fueron el Duque de Calabria y la condesa de Odenura y Faro. A medianoche se habilitó un altar en la cámara de Isabel donde el arzobispo de Toledo ofició una misa y veló a los novios.

Las celebraciones tuvieron que posponerse por la muerte de Isabel de Austria, reina de Dinamarca y hermana del Emperador y por la Semana Santa. Además fueron menos grandiosas de lo que se preveía, aunque hubo festejos por toda la ciudad, torneos, justas y toros.

La boda en Sevilla era el inicio de un viaje de los monarcas por Andalucía que finalizaría en Granada el 4 de junio de 1526.