«No estoy nerviosa, estoy encantada de la vida»

Marta Monroy ha ejercido su derecho al voto por primera vez/ ARMANDO MÉNDEZ
Marta Monroy ha ejercido su derecho al voto por primera vez / ARMANDO MÉNDEZ

La cacereña Marta Monroy Pérez vota por primera vez después de la aprobación de la ley que permite ejercer el voto a 100.000 personas con discapacidad

CRISTINA NÚÑEZ NEBREDACáceres

Hora punta en el colegio Sagrado Corazón de Cáceres. 12,30 de la mañana y hay atasco para elegir papeleta y una fila considerable para ejercer el voto. Marta Monroy Pérez, de 31 años, va a votar por primera vez. Es una de las 100.000 personas en España para que en estas elecciones generales va a poder poner su opción política en la urna después de que el pasado mes de octubre el Congreso aprobara la reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral (LOREG), impusada por el PSOE.

Marta tiene síndrome de Down y hoy la alegría se le notaba en la cara. «Estoy encantada de la vida», decía con los sobres sepia y blanco en la mano. «Pero no estoy nada nerviosa, estoy normal». Dice que la política no le interesa demasiado, pero que los políticos son necesarios para «resolver cosas». Desempleada, ha trabajado con una beca en el sindicato CSIF y cuenta que para ella es importante poder trabajar y tener independencia, una de las cuestiones más complicadas para las personas con discapacidad intelectual.

A su lado está su madre. «Es un avance que ellos puedan decidir, lo que quiere, a qué aspira, quien la va a ayudar y quien no la va a ayudar». Dice que la familia no le ha influido a tomar una decisión y que de hecho en casa cada uno va a votar algo distinto. «Hay bandos muy diferentes, pero no nos influenciamos». Más allá de esta medida en concreto, Milagros Pérez cree que a las personas con discapacidad sí se las tiene en cuenta, y ella se ha sentido representada en la campaña. «Sí se habla de ello, en esta campaña la cosa ha estado más sensibilizada, porque ya sabía que tenían el voto, abandonados no han estado». El intento es, según cuenta, «que la cosa no se pare, para los discapacitados intelectuales el tema del trabajo es más díficl, los físicos sí se colocan mejor».

Después de votar, que a esta familia le llevó unos 20 minutos de espera, los tres, madre, padre e hija se fueron a tomar algo y disfrutar de la mañana primaveral. «Necesito refrescarme, tengo un nudo en la garganta», reconocía Milagros.