Tenis

La subasta de un campeón arruinado

La subasta de un campeón arruinado

Otrora ídolo por su talento y carisma, Boris Becker es hoy día un hombre en bancarrota, obligado a vender los trofeos que amasó en una carrera de leyenda para saldar sus deudas

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Tocó el cielo a los 17 años como el ganador más joven de Wimbledon. Venía de sufrir un rapapolvo ante Mats Wilander en Roland Garros. Ni siquiera partía como cabeza de serie, pero aquel descarado alemán asombró en 1985 al All England Club de Londres despedazando rivales a base de estacazos con su demoledora zurda. Fue la primera de las tres veces que amarró el cetro en el torneo más aristocrático del tenis. Reinaría por dos veces en el Abierto de Australia y se ciñó también la corona del de Estados Unidos para sumar un total de seis 'Grand Slams', principales hitos de una trayectoria jalonada con 49 títulos en individuales y quince en dobles. Arrogante y carismático, su rivalidad con Stefan Edberg pasaría a la historia. Las marcas se lo disputaban, se codeaba con modelos y el dinero entraba a espuertas mientras llenaba páginas de revistas por su ajetreada vida sentimental. Hoy, veinte años después, Boris Becker es un hombre arruinado al que no le ha quedado otra que sacar a subasta los recuerdos de una carrera de leyenda para saldar sus cuantiosas deudas.

Medallas, copas, raquetas, relojes y fotografías forman parte del lote de 82 artículos que se podrán adquirir hasta el 11 de julio a través de la casa británica Wyles Hardy en una subasta 'online' que permitirá hacerse con una parte de la historia que pergeñó el rubicundo germano, que a sus 51 años se deshace de algunos de sus recuerdos más preciados en lo que no es sino otro ejemplo de estrella que dilapida astronómicas ganancias a base de malas inversiones.

Dos años atrás, un tribunal de Londres le declaró en bancarrota, estimando que era incapaz de satisfacer las millonarias deudas que arrastraba 'Bum Bum', como se le conocía en el circuito. El manejo del dinero siempre estuvo en las antípodas de su excelsa calidad con la raqueta. Sus problemas venían de lejos. Una nefasta inversión en una petrolera de Nigeria le hizo perder decenas de millones de euros.

Las dificultades se agravaron cuando cuando en 2001 se rompió su matrimonio con Barbara Feltus, cuyo divorcio le costó la friolera de 15 millones de euros más una propiedad en Florida valorada en otros diez. La relación del tenista con la modelo rusa Angela Ermakova quebró la convivencia entre la pareja y quebrantó aún más la fortuna de Boris Becker, que llegó a estar cifrada en unos 200 millones de euros pero fue menguando de forma imparable. En 2002 fue acusado de evasión fiscal en Alemania y en 2011 le embargaron la mansión que compró a finales de los años 90 en Mallorca por una deuda con una empresa de jardinería. Logró evitar entonces la pérdida de la lujosa residencia, pero nunca dejó de darle dolores de cabeza. Y aún tuvo que desembolsar cinco millones de euros a cuenta de la paternidad de Anna Ermakova en un proceso en el que su defensa adujo que le habían puesto una trampa para robarle el semen mediante sexo oral y usar luego sus espermatozoides para que Ermakova concibiese a su hija por inseminación artificial.

Fue el más rocambolesco episodio en la vida de un mito que no supo salir adelante una vez apagados los ecos de su esplendor. Pedazos del mismo salen ahora a subasta tras fracasar la argucia a la que recurrió en 2018 invocando un pretendido estatus diplomático para dotarse de inmunidad ante la justicia británica. La República Centroafricana le dejó entonces al descubierto y sin otra salida que vender los tesoros de su carrera.