Gimnasia artística

Ray Zapata: «A Tokio, en caso de clasificarme, iré a reventar a todo el mundo»

Ray Zapata (2d), con el equipo español que competirá en los Mundiales de Stuttgart. /@RFEGimnasia
Ray Zapata (2d), con el equipo español que competirá en los Mundiales de Stuttgart. / @RFEGimnasia

El gimnasta de origen dominicano, suplente en los Mundiales que comienzan este viernes, buscará plaza para Juegos en la Copa del Mundo y reconoce que la lesión del tendón de Aquiles le ha convertido en alguien más tranquilo

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Ray Zapata es, junto a Ana Pérez y Néstor Abad, la cara más reconocible de la delegación española de gimnasia artística en los Campeonatos del Mundo de Stuttgart (Alemania), clasificatorios para los Juegos de Tokio 2020 que comienzan este viernes. Sin embargo, será suplente en los Mundiales por decisión técnica, ya que como reconoce el propio Ray Zapata, «en esta competición se trata de conseguir la clasificación para el equipo». «Mi próximo objetivo personal es la clasificación individual para los Juegos por medio del circuito de la Copa del Mundo», destaca el gimnasta español de origen dominicano, que confía «plenamente» en sus compañeros para sacar el billete olímpico en Stuttgart.

Ray Zapata ya no se acuerda de la lesión del tendón de Aquiles que le tuvo parado siete meses en 2017. Le ha hecho más fuerte. «He quitado saltos hacia detrás y los he cambiado hacia delante, que cargan menos», asegura. Nacido en Santo Domingo pero llegado con su madre a los 10 años a Lanzarote, en Canarias empezó a competir en suelo y salto. Tras meses de trabajo irradia optimismo y buen humor. Lejos queda el bronce mundial de 2015 en suelo, el mismo registro que en las dos pruebas recientes de la Copa del Mundo de 2019, en Melbourne y Bakú.

-¿Sabe resumir el sistema de clasificación para Tokio?

-Es verdad que no es sencillo de explicar (ríe). Si un país no clasifica para Tokio a su equipo entero (el equipo español masculino se quedó en 2016 fuera), también se pueden tener plazas individuales si estás entre los 12 primeros (las 20 primeras mujeres) en la ronda de clasificación del concurso completo de la gente de selecciones no clasificadas. Y, además, hay opción si eres uno de los tres mejores de la final de cada aparato entre los que no estén ya clasificados (máximo de tres por país entre todos los aparatos). Soy optimista, la verdad.

-¿Le agobia mucho pensar que se puede perder el sueño olímpico?

-No, porque llegamos sólidos y sanos, tanto mental como físicamente. Es bastante factible estar entre los 12 mejores del mundo. Confío en mis compañeros (Néstor Abad, Joel Plata, Nicolau Mir, Thierno Boubacar y Adriá Vera). Ahora mismo estoy reventado. Estos chicos son unos máquinas, ya que entrenan todos los días el concurso completo, los seis aparatos. Es un esfuerzo increíble. Les admiro mucho. Yo nunca he entrenado tanto como ellos porque no soy tan bueno como ellos. Soy bueno en mis aparatos, pero en el resto me funden. Estamos nerviosos, con muchas ganas, y sabemos que lo tenemos ahí, por lo que debemos medir todo para que salga bien. Ojalá, por fin, podamos conseguir nuestra clasificación olímpica.

-¿Y cómo se lleva la cuenta atrás? ¿Siente un poco de presión externa por todos aquellos que ya le ven en Tokio e incluso ya le piden medalla?

-Hay que parar el entusiasmo de la gente. Primero hay que clasificarse. Se creen que es fácil ir a unos Juegos Olímpicos y para nada lo es. Yo conseguí ir a Río y en ese momento no era el mejor, pero otros estaban lesionados o no estuvieron finos el día decisivo. Tuve la suerte de ir, ya que hay muchos factores que pueden influir. Lo tenemos cerca pero a la vez está un poco lejos. Tenemos presión, pero lo mejor es ir con calma, paso a paso y sin precipitarnos, porque en cualquier segundo (chasquea los dedos) se nos puede ir en un aparato o en otro. Cada cual tiene que hacer su trabajo, intentando que no afecten los nervios; controlándolos lo mejor posible... y ya está.

-Es que todo se puede evaporar en una mala ejecución.

-Nosotros trabajamos mucho. La gente quizá no es consciente cuando nos ve haciendo un Cristo en las anillas. Piensa que no nos cuesta aunque estemos haciendo un ejercicio brutal. Llevamos una preparación importante, exclusiva. Por ejemplo, los calistécnicos (ejercicios físicos con el propio peso corporal), la gente nos pregunta cómo los hacemos... y yo les suelo responder: a diario. Y te preguntan: '¿Hacerlo todos los días es bueno?' Pues unas veces sí y otras veces no (ríe). Hay que dosificar muy bien los entrenamientos para compaginar el suelo y el salto, que tienen bastante dificultad. Cuando quieres algo hay que incidir cada día en ello para después, en el momento clave, poder conseguirlo.

-Ya tiene hasta un elemento con su nombre (un doble mortal hacia delante con giro y medio).

-Me sale bien, por eso tiene mi nombre. Normalmente hago en suelo un ejercicio de dificultad 6,2 para clasificarme, pero en caso de entrar en la final hay que jugársela un poco más. Subo tres décimas, que es un mundo. Entreno un ejercicio de 6,5 para arriesgar en caso de que sea necesario. Muchas veces no hay que hacer una gran dificultad para entrar en una final o ganar una medalla. Otras veces sí, hay que estar preparado para lo que pueda ocurrir.

-¿Es el trabajo mental más importante que el físico?

-Muchas veces sí, ya que tu cabeza te dice que sí pero el cuerpo responde que no. Y otras es al revés. Se produce una batalla y por eso es necesario tener una estabilidad mental y un equilibrio para que todo fluya. Yo que soy un ansias ahora me lo tomo todo más tranquilo y gestiono mejor los nervios. Si eres capaz de que todo eso vaya en equilibrio conseguirás tu objetivo. Quizá no, pero estarás más tranquilo y tendrás una mejor salud (sonríe).

-¿A veces se despista y piensa en Tokio 2020?

-Obviamente, sabemos que los Juegos están ahí, pero primero pensemos en lo que está cerca y de frente. Vamos a darle caña y luego lo otro ya vendrá. Después queda tiempo para Tokio. Después del Mundial, si clasificamos lo primero que voy a hacer es irme de vacaciones. O sea, los Juegos están después de las vacaciones. Hay que ir paso a paso y creo que sí, que va a salir bien.

-Y será usted un hombre experimentado en una cita olímpica... teniendo 26 años.

-Llevo seis años compitiendo al más alto nivel. No es fácil llegar, conseguir todo lo que he logrado, y pienso que ha sido todo muy (insiste) rápido. En Río se esperaba mucho de mí, pero aunque la gente cree que estoy decepcionado conmigo mismo es al contrario. Realmente estoy muy satisfecho porque cumplí mi sueño que parecía casi imposible cuando mucha gente me decía que no iba a ser gimnasta nunca (siendo niño sus amigos le decían que era un deporte femenino y era absurda su dedicación). El hecho de tener a mi familia en las gradas de una OIimpiada mientras competía era alcanzar mi objetivo. De hecho, he cumplido ya y podría irme a mi casa, pero creo que puedo dar mucho más. Por eso me he quedado. A los Juegos de Tokio, en el caso de ir, voy a ir con otra mentalidad: voy a reventar a todo el mundo. Ahora sí estoy en la posición de decir que voy a reventar a todo el mundo. Antes era cumplir un sueño y ahora es alcanzar una meta, un reto personal que me he marcado y es una medalla olímpica.

-Y luego vacaciones...

-Sí, descansar, y después ponerme a pensar en la medalla de Tokio. No tengo claro dónde iré. A Japón no, que espero tener que ir el próximo verano (ríe). Me gustaría Australia, porque estuve en marzo compitiendo y me encantó, ya que adoro los animales y aluciné con lo libres que están allí. Me encantaría volver.