Severa corrida del Puerto

El diestro Antonio Ferrera da un pase a uno de sus astados. :: efe/
El diestro Antonio Ferrera da un pase a uno de sus astados. :: efe

La de más promedio en peso y volumen de la feria. Un notable tercero. López Simón, ileso tras una brutal paliza. Ferrera, inspirado lidiador. Perera, inteligente y serio

BARQUERITOMADRID.

Fue la corrida de más corta duración de la feria, apenas dos horas, pero también la de mayor promedio de peso. 590 kilos. Cifra lastrada por los seiscientos o seiscientos y pico de tres toros. Dos de esos gigantes eran cuatreños -muy bien rematado el primero de la tarde, ligeramente acarnerado, remangado- y solo uno, segundo de sorteo, cinqueño bien cumplido-. El cuajo, la seriedad y el volumen habituales en los toros del Puerto, negros los seis.

Lidiar con la corrida se hizo más trabajoso de lo normal. En parte, por ser tarde ventosa: descubiertas, carreras, desarmes y dudas para elegir terreno. La falta de fijeza inicial propia del encaste Atanasio propició tercios de varas accidentales, al relance o a toro corrido, y, de paso, su secuela de salidas sueltas. Se hizo sentir, con todo, la seguridad, la autoridad y el talento de Antonio Ferrera como lidiador, y muy en particular su manera de recibir al cuarto en tablas de sol con lances largos viejos de los de dejar al toro soltarse pero galopar y esperar el viaje de vuelta para coserlo con el de la despedida.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Seis toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile).
Toreros
Antonio Ferrera, silencio en los dos. Miguel Ángel Perera, silencio en los dos. López Simón, aplausos tras un aviso y silencio.
Cuadrilla
Vicente Osuna sujetó con ciencia al toro. Pares de mérito de José Manuel Montoliu, Fernando Sánchez, Javier Ambel, Curro Javier y Jesús Arruga.
Plaza
Madrid. 24ª de San Isidro. Primaveral, ventoso. 22.310 almas. Dos horas y cinco minutos de función.

Recién llegado de su larga temporada en México, Ferrera hizo exhibición en Sevilla del repertorio mexicano con el que ha enriquecido el propio, pero no se tuvo en cuenta la muestra renovada. Aquí sí. Tocó buscar toro pero supo encontrarlo Ferrera y pasarlo a pies juntos o no, largando tela o recogiéndola, según, en la vertical o a rodilla doblada. Los dos primeros lances de lo que al cabo resultó una serie en toda regla, cobrados en tablas con la vuelta del capote en tijerilla, fueron preciosos. Raros de ver. Ferrera no dejó asomar al ruedo a nadie hasta que no estuvo fijado el toro y metido casi debajo del caballo. Y entonces sí asomó toda la tropa.

Del caballo quito al toro Ferrera por lances del Calesero, del ramo de los afarolados, pero se fue suelto el toro. Fuera de turno, Ferrera quitó en la segunda vara y entonces el toro, alocado al irse de suerte, vino a pegarse un trompazo terrible que estuvo a punto de forzar las hojas del portón de presidencia. Por lo que fuera, se movió mucho ese cuarto de corrida, que llegó a la muleta bastante entero. Los papelitos de brújula, señal de donde se echa el viento, estaban posados en tablas de sombra, donde el portón casi reventado, pero Ferrera tomó la decisión de cruzar de punta a punta el ruedo hasta el refugio de tablas de sol, castigadas esta tarde por el viento norte.

Ferrera ya se vio descubierto al cambiar de terrenos toreando por delante y más todavía al estirarse y bajar la mano. Punteó el toro en cuanto enganchó engaño. Ferrera salió a los medios y con la izquierda le pegó los muletazos más despaciosos y bellos de toda la tarde. Pero sin poder ligarlos. Cuando se cansó de arriesgar, y avisado el toro, fue por la espada y apuntó a los bajos. El aire defensivo del primero, que lo desarmó dos veces y se revolvió por sistema, aconsejó abreviar a Ferrera. Lo habían sacado a saludar al término del paseo en recuerdo de su tarde triunfal del pasado sábado.

La corrida tuvo un toro de notable condición: un tercero cinqueño que se empleó en el caballo, y humilló y repitió en la muleta. Una faena de indiscutible encaje de López Simón habría tenido final feliz de no haberse empeñado el torero de Barajas en trasteo pasado de metraje -impostados cites frontales, buen juego de brazos, ajuste- que, como casi todos los largos, fue de más a menos.

Para remontar, y en plena desmesura, ya en séptima serie, López Simón intercaló un cambiado por la espalda espectacular pero que avisó al toro. Antes de la igualada, una tanda temeraria de sedicentes bernadinas con el toro apretando a querencia. De la tercera salió volteado como un fardo. Una paliza brutal. Tendido en la arena, pareció perder el sentido. No iba herido, pero sí grogui. Y a pesar de eso, refrescado, se fue por la espada y al toro, ya cerca de tablas y a punto de afligirse. Cuatro pinchazos soltando engaño antes de la reunión. Un certero descabello. Y respiró la gente.

Perera estuvo sereno y templado con el monumental segundo, aplomado y reservón, y luego, con un quinto muy rajado pero manejable, inteligente para obligarlo a contraquerencia y, tapándolo mucho, ligarle hasta tres series. A los dos toros los mató por arriba, pero la estocada trasera del quinto le obligó a descabellar, y no acertó hasta la quinta. En la primera baza, soltó engaño. López Simón brindó el sexto al público, Brindis recibido con discrepancias. No tardó ni dos minutos en confirmarse lo temido: que el toro no era de brindis sino de los que se van de engaño y buscan puertas de salida.