José María Pou: «El público emeritense es muy entendido en el teatro grecolatino»

José María Pou en el aula sacra del Teatro Romano. :: BRÍGIDO/
José María Pou en el aula sacra del Teatro Romano. :: BRÍGIDO

Para Pou regresar al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, en esta edición 2019, es como volver «a las fiestas del pueblo a donde se acude en verano a reencontrarse con la familia»

MARÍA BLANCOMÉRIDA.

El veterano actor José María Pou actuó en el Teatro Romano en 1971 por primera vez. Desde entonces ha pasado por este escenario unas diez veces. Este año protagoniza 'Viejo Amigo Cicerón', interpretando al célebre orador romano. Hoy recuerda su paso por Mérida y sus experiencias por la ciudad.

-¿Cómo fue la primera vez que actuó en el Teatro Romano?

-Eso es pedirme que recuerde cuando yo tenía 23 o 24 años, es un salto en el tiempo brutal. Supongo que tenía mucho miedo porque era un chaval inexperto que estaba dando sus primeros pasos en la profesión. Estoy seguro de que estaba temblando como un flan, pero pasados los años, seguiré estando como un flan la noche del estreno. Por supuesto que en 50 años se gana experiencia y se gana una cierta seguridad pero hay un público que te sigue y uno se siente responsable ante él. Yo no quiero que salga defraudado de un espectáculo y esas ganas de no defraudar, o ese miedo al riesgo de defraudar, es lo que te hace estar un poco inquieto y nervioso.

«Pasados los años sigo estando como un flan la noche del estreno»

-¿Cuántas veces ha actuado en el Teatro Romano?

- Yo creo que deben ser diez espectáculos los que he hecho en Mérida. Todos ellos, además, muy gratificantes. Hay una cosa fundamental: yo creo que cualquier actor debería pasar por Mérida porque cuando sales ahí delante de esas columnas, delante de ese anfiteatro y pisas esas piedras y piensas, aunque sea remótamente, que esas piedras hace dos mil años las pisaron otros actores, te entra un escalofrío tan grande por el cuerpo, una emoción tan grande, que te hace ser mejor actor y mejor persona. Sales de Mérida conectado con esos actores de hace 2.000 años.

-¿Qué le dice a los actores jóvenes que vengan a Mérida?

- Que tengan como objetivo máximo seguir dignificando este oficio, aunque no haya ningún peligro porque lleva más de 2.000 años y no desaparecerá nunca, en contra de lo que muchos dicen. Y que vengan a Mérida porque es una prueba de fuego para sus condiciones de actor, porque se verán obligados a interpretar personajes del repertorio clásico que le ofrecen al actor muchos más inconvenientes de los que ofrecen los personajes normales de una telenovela o de una serie de televisión. Este tipo de personajes obligan a uno a hacer un ejercicio de interpretación que le va a servir para el futuro.

-El público es veraniego y festivo. ¿Qué características tiene respecto a otros?

-Eso lo da el espacio, lógicamente. Yo no creo que el público de Mérida sea diferente al que hay en teatros de Grecia, muy parecidos a este, o de Italia. Seguro que tiene el mismo espíritu veraniego y festivo que tenía en sus orígenes hace más de 2.000 años. Estoy convencido de que la gente no venía religiosamente y muy seria. No deja de ser una celebración colectiva y eso es muy bueno y muy sano, compartir con la colectividad tus emociones. Pero sí es cierto que el público de Mérida tiene algo muy especial que a mí me asusta un poco, y me gusta al mismo tiempo, y es que siendo eminentemente popular, en el mejor sentido de la palabra, es un público muy entendido en el teatro grecolatino, aunque solo sea por la experiencia de haber visto repetidas veces Antígona, Medea, Fedra o Edipo. Yo creo que es el único de toda España al cual esos nombres le son familiares. Conocen sus historias. Ya quisiera yo que el público del resto de España conociera tan bien o tuviera tan amplio conocimiento del teatro grecolatino, de nuestros clásicos, como lo tiene el público habitual de Mérida.

«Que vengan porque es una prueba de fuego para sus condiciones»

-¿Afecta el calor?

-(Ríe) Afecta, claro que afecta. Lo sientes durante el día. El calor aumenta el cansancio, condiciona nuestros horarios, hay que ensayar por la noche, cuando teóricamente hace más fresco. Estar al aire libre hace que a veces te mueras de frío, aunque también existe la posibilidad de pasar un calor horroroso. Durante la representación lo ideal es que cada noche sea climatológicamente plácida, como estoy seguro tenían los romanos en su momento, con lo cual eso es una llamada de atención: cuidemos nuestro clima, estamos en un momento crucial de la humanidad, cuidemos nuestro clima para que podamos gozar de noches maravillosas con clima estupendo.

-Las obras empiezan sobre las once de la noche. ¿Qué hace usted desde que se levanta?

-Los días de ensayo en los que hemos estado trabajando hasta las ocho de la mañana y por la noche debes ponerte ante el público y estar en condiciones, hay que dormir hasta las tres de la tarde. Un mínimo de ocho horas para poder cuidar la voz y el físico. Tienes la responsabilidad de no ponerte malo. Eso en Mérida significa no hacer caminatas por el sol, hidratarte lo suficiente y procurar estar en el hotel, recogidito en tu habitación. A Miranda, una actriz que viene a Mérida por primera vez, recuerdo que le decía hace unos días: «Hasta las seis de la tarde no vas a poder salir a caminar. Rectifico, hasta las ocho u ocho y media de la tarde no vas a poder salir a la calle con algo de aire». Pero en cualquier caso es una gozada. Yo debo decir que cada año que llego a Mérida, me siento como si volviera a mi pueblo natal, a las fiestas del pueblo a donde se acude en verano para reencontrarse con la familia.

Palabras con 2.000 años

-¿Cómo se ha sentido al interpretar a Cicerón?

-El poder recitar delante de un público como el de Mérida, como el que habrá aquí cada noche, el poder decir en voz alta esos textos que escribió Cicerón. Esas letras que recogía por escrito tras recitarlas él también en voz alta, el mayor orador al que la gente acudía en masa para escucharle... emociona. Que las palabras de Cicerón pasen por tu boca te hacen sentir el transmisor de una herencia de hace 2.000 años. Y eso a cualquiera que no sea un tarugo o un trozo de madera le debe emocionar y erizar un poco la piel.

-¿Qué paralelismos tiene la obra con la política de hoy en día?

-Eso debe ser el público el que lo diga. Nosotros contamos la vida de Cicerón, decimos en voz alta muchas de las palabras que él mismo dijo. El público, en definitiva, es el que tiene que establecer los paralelismos y hacer el salto enorme, desde la Antigua Roma hasta el día de hoy. Si yo lo dijera estaría, de alguna manera, condicionando a quien viene a ver la obra. Así que basta con decir que ofrece una reflexión sobre nuestra democracia.

-¿Qué opina sobre las nuevas series que fichan a actores y dificultan los contratos para teatros?

- A medida que avanza el tiempo los oficios cambian y tienen que acomodarse. Actualmente hay muchas series de televisión. Y, bendita sean, porque han abierto una cantidad de trabajo enorme. Los actores ahora se encuentran con un campo de trabajo mucho más grande del que había antes. Esas series son costosas de hacer, con grandes horarios y algunas exigen exclusividad. Hasta hace poco y aún hoy en día, los actores hemos compaginado siempre el trabajo. No creo que sea ningún problema, solo que a la hora de hacer algún reparto y querer contar con algún actor especial te puedes encontrar con que está contratado en exclusiva y hay que esperar a que termine la serie. Siempre ha habido inconvenientes para contar con algunos actores y al final hay que contar con otros, que nadie es imprescindible.