Amargo no llegó a convencer

Rafael Amargo durante una de las escenas de flamenco de la obra. :: J. M. ROMERO

En el estreno de 'Dionisio' no hubo historia de Dionisio porque la cuarta obra del Festival de Mérida no tenía línea argumental | El espectáculo de la compañía de Rafael Amargo no consiguió una fusión homogénea entre la música, los temas, las épocas, ni tampoco con el vestuario

MARÍA BLANCOMÉRIDA.

Diego Carrasco y los gitanos de Jerez de la Frontera con su ritmo gaditano, la bailaora Saray Cortés con su embaucador taconeo y juego de castañuelas, Mayte Maya con su excelente voz, la soltura de Antonio Maya 'El salvaje' con el cajón, el cantante Maloko Soto y Edith Salazar con su voz de ópera y el toque del piano se llevaron la mayor parte de los aplausos del público emeritense en el estreno de 'Dionisio', la cuarta representación de esta edición del Festival de Teatro de Mérida. La semana de la danza se estrenó el lunes en el Teatro Romano con una función coreografiada por el bailaor Rafael Amargo en la que los profesionales del mundo del flamenco animaron al público a interactuar.

El músico israelí Idan Raichel deleitó a los asistentes con una de sus melodías al piano. Asimismo, destacó la interpretación de la actriz argentina Luciana Bongianino en su papel de voz de la conciencia y la también actriz argentina Cecilia Sarli dando vida a Ariadna. Ellas dos, junto con el pianista y con los bailarines de danza contemporánea, a veces mezclada con flamenco, también se llevaron gran parte del mérito de la función.

Las gradas del Teatro Romano casi se llenaron para ver una obra en la que se notó falta de ensayos

Más allá de eso, 'Dionisio' es una función a la que le faltó ensayo y coherencia. Una dramaturgia deshilachada que, cuando intentaba aportar dramatismo, provocaba la risilla de algunos de los espectadores en vez de conmover.

La función se podría definir como ecléctica por la variedad de escenas, pero al final de la obra no fue una función conjunta o integradora, porque no hubo una cohesión en cuanto a los temas, la época o la música.

Además, en 'Dionisio' no hubo historia de Dionisio, valga la redundancia. No existe una línea argumental que permita guiar al espectador a través de una historia. Se trata más bien de un 'totum revolutum' de distintos estilos. Y las pocas veces que se rozó la historia de Dionisio fue para que inmediatamente después salieran los gitanos de Jerez al ritmo de 'Gitano Hippie', una canción de Diego Carrasco, y con mucho arte flamenco soltaron un 'ay mi primo Dionisio'. Este cambio descolocó por completo al espectador de la función.

Es cierto que el público recibió las actuaciones de flamenco entre eufóricos aplausos, risas y mucha participación, algo normal, ya que se trataba, en muchos casos, de profesionales del gremio. Pero se trata de un espectáculo propio de un tablao flamenco que, en este caso, no consiguió encajar en el montaje teatral.

Estas escenas junto con la danza contemporánea y leves menciones al mundo griego se van intercalando a lo largo de dos horas de duración de la obra.

¿Dónde está Dionisio?

Durante todo ese tiempo el público fácilmente se podría haber preguntado: ¿Dónde está la historia de Dionisio? Hasta el punto de que la obra consigue que en algunos momentos el espectador olvide que está asistiendo a una representación sobre un dios griego y decida arrancar por bulerías.

El resultado es que no se consiguió una fusión homogénea entre la música, los temas, las épocas, ni tampoco con el extraño vestuario.

Además, en el estreno hubo varios fallos de sonido y cambios de música que se cortaban a la mitad para dar paso a otra melodía totalmente diferente.

Chirriaban momentos en los que Amargo se dirigía al público para preguntar qué tal se lo estaba pasando, como si de un concierto se tratara. O como cuando con gestos llamaba a la siguiente persona a la que le tocaba actuar porque no sabía exactamente cuándo tenía que entrar en escena.

Falta de preparación se notó también por ejemplo en la escena en la que Rafael Amargo tiene que ir, disimuladamente, o no, bailando para cambiar una silla de lugar porque se habían confundido.

En otra de las escenas se pudo ver a un Zeus al fondo del escenario moviendo las caderas al son de 'Alfileres de Colores' del cantaor Miguel Poveda, interpretado por los gitanos flamencos. Algo que tampoco se entendió.

Por todo, Dionisio pareció más la excusa que el reconocido bailaor y coreógrafo Rafael Amargo tuvo para llevar al escenario de Mérida un espectáculo de flamenco con toques de danza contemporánea, que el público supo apreciar.

Pero en lo que se refiere a la trama del dios griego, si el espectador fue con la esperanza de saber un poco sobre sus hazañas, se llevaría probablemente una desilusión.

Unido a los fallos del montaje la noche del estreno, dio la impresión de que se trataba de un pase con estilos cambiantes, pero sin un hilo conductor. Todo ante unas gradas del Teatro Romano que casi se llenaron para ver a un Amargo que pudo causar alguna decepción.

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