Semifinal de dientes apretados

Dakipakasa sobresalió en una noche en la que todas las murgas subieron peldaños para intentar arañar un puesto en la final

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

La primera jornada de semifinales fue la de los dientes apretados. Nos creíamos que iba a ser la noche más floja y nos topamos con cinco actuaciones que fueron cinco maneras de pelear por un puesto el viernes de Carnaval.

Y es que la fase de semifinales es la más decisiva del concurso. No solo para los que saben que su pase del viernes depende de su segunda actuación, también para los que sabiendo que la final les tiene reservado un hueco, quieren ganar. Y es que, con el sistema de puntuación del Concurso, el ganador suele imponerse en semifinales.

Echen sino sus cuentas. El Concurso se lo lleva la murga que más puntos obtiene tras sumar la valoración del jurado en sus actuaciones de preliminar, semifinal y final. Salvo catástrofe mayúscula el viernes del Carnaval, cuya probabilidad es la misma que te toque el Gordo de Navidad, quien gana en semifinales gana el Comba.

En estas tres noches no se puede fiar la suerte al azar. Toca sacar la artillería pesada en el repertorio de obligado cambio y ajustar al milímetro la actuación para sacarle todo el partido. Y esto fue en general lo que pasó anoche, las cinco murgas que actuaron se dieron una vuelta a sí mismas.

Un pasodoble que vale el concurso

Dakipakasa compitió en primera línea de fuego por el premio. No hace falta ver a las diez murgas que aún tienen que cantar para saber que ya tienen un hueco reservado el viernes. Hasta los más cautos, le han puesto la equis en su quiniela.

Pero, insisto, su actuación de anoche no dejó dudas de que su aspiración es hacer el cuarto pase en este concurso. Su margen de mejora no era muy amplio teniendo en cuenta que su actuación en preliminares fue impecable.

Ajustes de luces en su puesta en escena, casi imperceptibles por lo apabullante de su escenografía, fueron los adornos de su verdadera apuesta, sus pasodobles. Solo la primera letra que cantaron anoche ya vale el Concurso. Interpretada con mucha dulzura, su mensaje iba directo a la boca del estómago para que nos removiéramos en las butacas.

Fue el pasodoble de una utopía, la de una sociedad que clama por las injusticias sociales, que se topa de frente con la realidad de banderas vacías que plagan los balcones para exhibir el orgullo de una patria convertida en solar (esta metáfora también es suya). Maravillosa letra y maravillosa interpretación.

El segundo pasodoble también fue de altura, declarando que ningún ideal vale si lo que está en juego es la familia. Este fue el mensaje velado sobre el que llamaron la atención ayer, a propósito de la utilización de los niños a favor de la causa del independentismo catalán.

No puedo decir lo mismo de los cuplés, el primero pasó sin pena ni gloria y con tintes críticos, el segundo mejoró algo, pero más allá de lo bien cantado, no destacó esta parte del repertorio.

En el popurrí pudimos paladear unas letras que van completando poco a poco el sentido de su actuación. Los que solo se quedan con los temas que abordan son los que luego dicen que Dakipakasa siempre habla de lo mismo, los que afinan los sentidos para ir más allá, descubren que la coherencia y el compromiso de su propuesta. Y entonces, es cuando verdaderamente se disfruta su actuación que fue, sin duda, la mejor de la noche.

Los Mirinda tiran de fuerza y de baile

Los Mirinda pelean cada año por entrar en la final y tienen cogida la medida a las tuercas a las que tienen que darle una segunda vuelta. Con más fuerza en el escenario y más énfasis en los movimientos, Rufino pidió pase para el viernes.

Por un momento parecía que el salón de la casa de su madre era El Gallo por lo que bailaron, manteniendo arriba la actuación hasta el final. Su fuerte es el popurrí y el rap del ascensor su mejor cuarteta, aunque anoche hubo algunos a los que le faltó el aire para llegar al quinto.

En el repertorio nuevo, se marcaron dos buenos pasodobles. El primero crítico, el segundo muy sentimental, que fue un homenaje al Combita desde su posición de padres de la cantera. La letra rebosaba ternura, pero me pareció que fue a toro pasado, por el hecho de que el Combita se celebró el fin de semana pasado. Habría sido perfecta en preliminar. Pero esto es solo una apreciación de espacio y tiempo, su contenido es invariablemente bonito.

En los cuplés no estuvieron tan finos, pero tampoco desentonaron con su humor. También tengo que decir que es muy difícil seguir una actuación mareada con tanto ‘Varon Dandy’. Mesura con la colonia Rufino, mesura.

Espantaperros suena en los mentideros

Los Espantaperros traen su mejor actuación postfoam. Lo enseñaron en preliminares y lo confirmaron ayer. Su nombre suena ya en los mentideros para colarse en la final.

La pelearon anoche con uñas y dientes. Su propuesta gusta, ayer volvieron a ejecutarla muy bien, y el repertorio renovado fue notable. En pasodobles, a la cultura extremeña, un tema que pese a estar muy trillado, consiguieron renovar con buen resultado. El segundo se lo dedicaron a la educación, que fue la secuela de su pasodoble a la religión de preliminares.

Mejor aún fue su tanda de cuplés que dio paso a un popurrí que, de entretenido, se pasa volando. Geniales son sus cuartetas a la lectura del ABC y el rap del perro y el gato.

Por lo demás, su actuación no deja un cabo suelto a la caracterización de Don Pepito y Don José como chirigota y comparsa. Su propuesta está logradísima y eso les posiciona en la parrilla de salida para el viernes.

Marwan afina

Cuando digo que Marwan afina no me refiero a sus voces (que es difícil que desentonen), sino a su actuación. Ajustaron sus puntos débiles en preliminares: mejoraron su escenografía inicial con el contraluz, sonaron más compactos y, sobre todo, vocalizaron mejor las partes del repertorio cantadas más rápidas. En interpretación corporal, sin embargo, a la primera fila le falta soltura (salvo con la excepción de José Linares que acapara todas las miradas).

Escuchamos por fin con nitidez su estribillo, el más bonito del concurso, que no el mejor, pero sí el más bonito. Su popurrí también estuvo mejor definido y en general, su actuación recordó al Marwan de los años de gloria.

Su repertorio nuevo no estuvo mal, pero repetitivo. Entiendo que su propuesta se basa en un reinicio, de ellos como murga, y del propio Carnaval, pero hay demasiadas letras que venían a decir lo mismo.

El talento sin voces

Yo no salgo es el talento sin voces. Es una murga perfecta para verla el viernes de Carnaval porque ellos son Carnaval en sí mismos, pero para llegar a la final también hay que ser un poquito cantantes. Y mira que mataría por escuchar sus nuevos pasodobles y cuplés.

Esta murga ha hecho que se abran las ventanas del concurso y entre aire. Tienen el equilibrio perfecto entre la frescura del cachondeo y el azote de sus letras, en las que no se casan con nadie.

En apariencia son unos fiestas, cuando se ponen a hacer letras, sin embargo, se desvela su virtud y su trabajo, el de lanzar mensajes muy bien construidos para hacer crítica o para hacernos reír, eso es lo de menos.

Su repertorio nuevo fue buenísimo (el segundo cuplé, para ponerle un marco), su ejecución no. Se notó mucho anoche la diferencia entre la parte del repertorio que llevaban machacada con las nuevas letras. A estas les faltaron ensayos, pese a que consiguieron levantarlas entre tres o cuatros.

Larga vida a Yo no salgo.

La semifinal de anoche se recordará además por un momento mágico. La actuación de la murga juvenil Los Guadalupines, ganadora del segundo premio del Combita. Verlos en el escenario fue la mejor prueba de que el Carnaval nos sobrevivirá a todos.

Por un rato, nos sacaron de la competición para regalarnos disfrute puro. Y emoción, mucha emoción, que algunos que tuvimos que contener en la boca para no llorar. Fue en su despedida, donde nos llevaron once febreros atrás para recordarnos al Capitán y su mítico estribillo ‘Tenemos que hundir Portugal’. Ayer Los Guadalupines devolvieron a Pablo Julio a su teatro y eso quedará siempre para todos los que tuvimos la suerte de vivirlo.

 

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