Música y paladar

Marcos Ripalda
MARCOS RIPALDA

Desconozco la razón por la que habiendo tantísima música excelente, buena y hasta regular donde elegir, se 'pinche' (mayoritariamente) lo más chusco o gorgoriteante. Porque no parece haber un hueco para el sosiego auditivo (y espiritual) entre el chumba-chumba y el no pares, sigue, sigue. Y no me refiero a incluir canciones de profundo calado intelectual -tampoco se trata de aburrir al personal o de abrumarlo con música de cámara del siglo XVI-, sino alguna tonadilla que le permita al ser humano que reside en mí, volver a confiar en la benevolencia del DJ. Indudablemente, la calidad no está reñida con el mainstream, cierto, como también es cierto que a cada cual le gusta lo que le gusta y no hay más que hablar. Vamos, que se tiene o no se tiene oído y, en muchos casos, directamente resbala por la trompetilla el castigo sonoro al que nos tienen acostumbrados a pejigueras mejor documentados que yo, los bares de moda o lugares donde se cuece la diversión y se pega la hebra en directo y, ¡sorpresa!, sin el parapeto de las apps destinadas a buscar/encontrar al amor de tu vida o a alguien con quien pasar la noche, el rato, la hora o el minuto, que todo va a la velocidad de la luz y ahondar en el otro no es una opción y sí coleccionar momentos fenomenales en las redes sociales diversas. Así que cuando oigo a alguien que no se caracteriza por tener un oído muy fino quejarse de la basura que ponen, el piloto se me enciende. Poner música rematadamente mala en un garito es igual o peor que enchufar el telediario en, por ejemplo, Marchivirito, para enterarte (porque no podías esperar) que tu equipo de fútbol la pifió o que ha habido un accidente en tal o cual carretera cuya existencia olvidarás en cuanto tus músculos maxilofaciales aprieten las muelas y empastes contra el entrecot que te estás jalando. No hablo de música para una élite, sino de algo digerible para el paladar auditivo medio-bajo. Porque la música, créanme, también se mastica y me sabe rematadamente mal entre dos gintonics. Ponme 'Billy Jean', ponme 'Gloria', ponme los grandes éxitos de Alaska sin Vaquerizo, ponme otra copa, y como me gusta lo que oigo, lo mismo hasta me quedo y hace caja tu jefe. Pero no.