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«Los españoles hemos perdido el entusiasmo por Europa»

Inocencio Arias vendrá a Badajoz el 4 de febrero. / ELVIRA MEJÍAS/EL CORREO
Inocencio Arias vendrá a Badajoz el 4 de febrero. / ELVIRA MEJÍAS/EL CORREO

El exembajador de España ante la ONU hablará en Aula HOY sobre cómo nos ven en el extranjero

J. LÓPEZ-LAGO

Ahora está jubilado, reside en Madrid y dice que pasa el tiempo paseando, leyendo y viendo cine sin nostalgia alguna del vibrante ritmo de vida que le ha obligado a llevar cargos, como él dice, «muy absorbentes». Inocencio Arias (Albox, Almería, 1940), es licenciado en Derecho y ha sido Secretario de Estado de Cooperación, subsecretario de Asuntos Exteriores, embajador de España ante las Naciones Unidas entre 1997 y 2004, portavoz del Ministerio de Exteriores con tres gobiernos diferentes de la democracia (UCD, PSOE y PP), además de profesor en la Universidad Complutense y director general del Real Madrid entre 1995 y 1997.

Las experiencias recibidas las plasma ahora en libros, artículos o en las tertulias a las que le invitan. También en conferencias, como la que impartirá este lunes en Badajoz (esta vez el invitado no hace doblete en Cáceres) en el marco de Aula HOY.

-¿Echa de menos su etapa profesional?

-No la echo de menos. La recuerdo con simpatía y cariño, pero no tengo nostalgia.

-Pero le siguen pidiendo opinión sobre la actualidad.

-Sí, pero en las radios españolas los temas de política internacional se tratan muy a la carrera, supongo que porque los conductores de los programas están convencidos de que al público le interesa más si Rajoy y Aznar se llevan mal o si Pedro Sánchez ha hecho una 'pirula' con su doctorado. He estado 44 años en la diplomacia, pero no me preguntan tanto sobre esto.

«No tengo la receta de la concordia, hay una enorme polarización y es difícil que prevalezca la sensatez»

-¿Detecta usted en la sociedad tanta crispación como reflejan los medios de comunicación?

-Hay polarización, pero también la hay en otros países como Estados Unidos y ahora en Gran Bretaña. En Francia y Alemania menos. En España con el surgimiento de Vox la izquierda lo ha criticado, lo cual entra dentro del juego político, pero es que lo han demonizado inmediatamente como si fueran unos golpistas. La paradoja es que el presidente del Gobierno demoniza un partido que no sabemos si tiene ribetes fascistas, pero él está aliado con gente que quiere la ruptura de España o son descendientes de los terroristas de ETA y se alía con Podemos, que tiene vetas leninistas. El país está muy polarizado y si no estuviera jubilado no podría hablar tan claro.

-¿Diría que avanza la ultraderecha en España o siempre estuvo ahí y con Vox se ha hecho carne?

-La ultraderecha es que antes la agrupaba el PP como un partido en el que entraban todos los matices, pero ahora ha habido una escisión que ha atraído a personas más a la derecha del centro del PP.

-¿Como diplomático que ha sido tiene usted la receta de la concordia o alguna clave para que a este país le bajen las pulsaciones?

-No tengo la receta. En un momento de enorme polarización es difícil que prevalezca la sensatez. Hay que mirar al pasado reciente y percatarse de que los cuarenta años que hemos pasado con la Constitución han sido muy buenos para España desde cualquier punto de vista, el económico, el cultural, el social... Hay más clase media, más prestaciones. España en los últimos cuarenta años ha prosperado brutalmente.

-Su charla se titula 'España, Europa, Estados Unidos. Cómo los vemos y cómo nos ven ..., si nos ven'. Empiece por cómo los vemos nosotros a ellos.

-En cuanto a Estados Unidos hay un cocktail raro de simpatía y admiración y de antipatía y disgusto. Hay una imitación de muchas cosas de Estados Unidos, primero porque consumimos su cine. También enviamos a nuestros hijos a estudiar allí, e imitamos su menú y su forma de vestir. Pero por otro lado hay repulsa hacia la política exterior norteamericana sobre cómo tratan al resto del mundo. Y si su presidente es de derechas la antipatía crece en España. En cuanto a Europa, ahora mismo hay un sentimiento proeuropeo que no se ha borrado como en Italia pero sí se ha difuminado. Ya no tiene la fortaleza de hace 35 años. Entonces la opinión pública era más europea. Ahora no somos antieuropeos, pero el entusiasmo por Europa ha desaparecido. En parte se debe a la crisis económica que se tardó en atajar. No se fraguó aquí y Zapatero, que era un iluminado, tardó en reaccionar y trajo paro, desahucios y esto hizo que nos cuestionáramos todo lo que nos rodeaba, incluida la Unión Europea. No hay un deseo de salirnos como en Gran Bretaña, pero no hay el mismo entusiasmo de antes.

-¿Y cómo nos ven los demás países a nosotros?

-Yo en la charla examino cómo nos ven desde los Estados Unidos. Y nos ven muy poco. Hay una simpatía hacia el español muy difusa. No hay conocimiento porque los americanos vienen poco a España, sobre un millón al año cuando son 321 millones. Nuestro aporte a su historia no está en los libros y además no hay una colectividad española en Estados Unidos. Estamos en Argentina, México, Cuba o Chile, pero en Estados Unidos la emigración fue mínima y el poso cultural es ínfimo, algo que no ocurre con los italianos, los mexicanos o los alemanes, mucho más presentes que los españoles, que deben de ser en torno a 115.000 personas, por lo que estamos diluidos en una población muy grande.

-Usted ha sido director general del Real Madrid, ¿cómo pinta esta temporada?

-Pinta mal, muy mal. La razón principal es que el Real Madrid prácticamente no tiene delantera. Se permitió que se marchase Ronaldo, el mayor goleador del mundo sin olvidarnos de Messi. Y claro, era imposible es que su marcha la pudiera suplir Bale. Pensar que la marcha de Ronaldo no se iba a notar era algo inconcebible. En resumidas cuentas nos hemos quedado sin capacidad goleadora, las otras estrellas vinieron cansadas del Mundial y no tenemos profundidad. Somos los reyes del pase lateral, no tenemos gol.