Diferenciarse para competir en un mercado dominado por China

Cajas de ajo pelado, una de las lineas de la planta. :: J. M. Romero/
Cajas de ajo pelado, una de las lineas de la planta. :: J. M. Romero

Las fluctuaciones de precios pueden variar un quinientos por cien de una campaña a otra

A. GILGADO

El mercado del ajo no sigue un patrón previsible. Fluctúa tanto que de una cosecha a otra el precio en el campo puede pasar de 0,40 a 1,80 o 1,90 euros el kilo.

En El Ajero apuestan por la rentabilidad a largo plazo, no de un año para otro.

China ejerce de dominador absoluto a nivel global. Marca los precios porque produce el 90% de todo lo que se consume en el mundo. Un buen año en China es malo en Europa y uno malo en China sube los precios en Europa. Cuando en China hay sobreproducción oferta en los mercados europeos y caen las cotizaciones y si los exportadores chinos no llegan ascienden en el lado europeo. De ahí la insistencia del gerente Carlos Dobalo para plantearse la actividad a largo plazo. Pero no todos lo cumplen.

En estos cambios tan acentuados operan profesionales de siempre que mantienen una producción similar como los espontáneos que entran los años de cotizaciones altas y salen cuando no se paga. Algunos acaban expulsados por las pérdidas.

En El Ajero han ido creciendo con pies de plomo para evitar los descalabros. Hace cinco años pasaron de los dos millones y medio a los tres millones de kilos, más tarde superaron los cuatro y en las dos últimas campañas ya han alcanzado los cinco millones.

El ciclo actual viene marcado por un segundo año de sobreproducción. Los espontáneos se metieron atraídos por las cotizaciones de hace cuatro años y la burbuja ha estallado. «Es una pena porque se trata del mal de mucha gente, pero nosotros apostamos por los profesionales. Tanto por los que siembran a un euro el kilo como a cuatro euros».

Para sobrevivir en esta montaña rusa, tratan de diferenciarse del ajo chino. No pueden competir con los costes de producción porque la mano de obra allí resulta mucho más barata, pero sí aportando seguridad alimentaria. La trazabilidad que sigue la producción de los ajos de Aceuchal, por ejemplo, permite al consumidor final identificar al agricultor siguiendo el código de barras y el número de lote.

Carlos Dobalo cree que hay que trasladar al consumidor la diferencia entre lo que se hace en China y lo que se hace en Europa para que decidan más por la calidad que por el precio. En China tampoco hay tantas limitaciones fitosanitarias como en Europa. La seguridad alimentaria se ha convertido en un valor añadido.

La cooperativa de Aceuchal vende principalmente a Alemania, Italia y Francia dentro de Europa. En América llegan hasta Estados Unidos, Canadá y Brasil. Ya en Asia cargan, aunque de forma puntual, a Taiwán. La cooperativa surgió para evitar los intermediarios entre los agricultores y apostó por la venta directa. Cuentan con infraestructura para almacenar y con un red comercial amplia que permite distribuir por varios continentes. Es la única forma de crecer a la sombra de China.

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