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ARCO, EN LA DIANA DE LA CRISIS

SOCIEDAD

ARCO, EN LA DIANA DE LA CRISIS

10.02.13 - 00:38 -
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Hay décadas que no resultan prodigiosas, al menos, cuando, tras hacer números, se establecen las odiosas comparaciones. Por ejemplo, en 2003, ocho galerías de dos comunidades autónomas acudieron a la correspondiente edición de la Feria de Arte Contemporáneo ARCO, mientras que a la actual tan solo se presentan dos.
Las opiniones recabadas tras la celebración fueron moderadamente optimistas, pero ni, por asomo, similares a las expresadas por las firmas que concurren a una nueva convocatoria de la principal cita del mercado español. El escepticismo cunde en el sector, propiciado por el efecto de la recesión, la retracción de los coleccionistas públicos y privados, y la aplicación de medidas tan contestadas como la subida del IVA hasta el 21%, la tasa más elevada de toda la Unión Europea, ante la feria que abre sus puertas la próxima semana.
El balance de estos diez años también deja otras alarmantes consecuencias. Entonces, el Museo Artium anunció la compra de una pintura de Alfonso Gortázar y una serie de fotografías de Miguel Ángel Gaüeca. Hoy, la institución no tiene prevista ninguna adquisición por falta de presupuesto y la mitad de aquellas entidades ha desaparecido, algunas tras una breve existencia.
La última de las bajas es la de Moisés Pérez de Albéniz, que ha cerrado su local en Pamplona y se ha trasladado a la calle Doctor Fourquet, el último polo de atracción de las galerías en el centro de Madrid.
La desaparición de galerías de arte no es un fenómeno extraño. El riesgo forma parte de su naturaleza y, en muchos casos, se trata de proyectos personales que no superan el final de la actividad profesional de su impulsor. Es el caso de Soledad Lorenzo en Madrid.
Existen otras adversidades menos frecuentes como los problemas de Oliva Arauna con las normas urbanísticas municipales, pero, en general, la crisis económica ha sido el principal causante de los últimos cierres, algunos de evidente notoriedad. Entre las desapariciones, hay nombres consolidados en el espacio nacional como el de SCQ, la empresa más importante de Galicia.
La decisión de Moisés Pérez de Albéniz de reubicarse en Madrid no es excepcional. Antes, otros marchantes tomaron la misma decisión. En algunos casos ha comportado la apertura de una delegación, como la cacereña Casa Sin Fin o la catalana Nogueras Blanchard, en otros, el traslado definitivo, caso de la galería vallisoletana Carmen Durango reconvertida en Antonio Machón tras su desembarco en la capital. También tomó la misma decisión la valenciana My name's Lolita Art, que clausuró su sede original y mantuvo el local madrileño cuando la mala coyuntura comenzó a cobrarse víctimas.
En la periferia
Existen profesionales del sector que abrieron negocios en la periferia y han buscado nuevos horizontes, una posibilidad que se plantea ante la certeza de que la crisis golpea aún más fuerte lejos del Manzanares. «No aparecen ni los museos ni los coleccionistas, estamos en una situación de riesgo extremo», señala Petra Pérez, directora de Vanguardia, una de las galerías vascas que rompe este año con una asistencia prácticamente ininterrumpida desde los 80.
«ARCO es la única plataforma de publicidad para las galerías de extrarradio, aunque este año tampoco eso implica nada porque no hay expectativas», advierte. «No recuerdo nada similar, estamos en una tesitura de máximo peligro».
Espacio Mínimo abandonó Murcia para asentarse también en la capital, donde se ha ganado un indiscutible prestigio. «Pusimos el mayor de los empeños en demostrar que se pueden hacer cosas sin estar en Madrid, Barcelona o Nueva York, pero llegó un momento en el que corrimos el riesgo de convertirnos en una galería virtual, conocida de oídas, pero a la que nadie entraba», explica José Martínez Calvo, uno de sus fundadores.
¿La crisis puede agudizar esa incipiente centralización? Según explica, el problema lo padece tanto el centro como la periferia, sobre todo con las medidas fiscales que los sitúan en un plano de desventaja frente al resto de Europa. «Además, es posible que haya más coleccionistas en Madrid, pero, actualmente, los clientes compran en cualquier parte, incluso fuera de España, y no hay medios para asistir a las ferias extranjeras, una aventura que afrontas sin la menor seguridad».
La posibilidad de un cambio de ubicación puede ser el menor de los males si la situación aún empeora. «El Gobierno olvida que producimos y no puede pedir que sigamos haciéndolo en estas circunstancias. No se ha dado cuenta que el patrimonio del futuro recae en el galerista y el artista, el eslabón más débil», lamenta y alega la insensibilidad de la Administración: «Nos trata como a tenderos».
A su juicio, ARCO no parece haberse percatado de la gravedad del momento ni de la diferencia impositiva a uno y otro lado de los Pirineos. «Va a ser la piedra de toque para muchos porque los mismos autores venden más y mejor en establecimientos extranjeros. Ellos tienen precios más baratos ya que facturan al 7%», denuncia. «IFEMA se ha mostrado absolutamente insensible ante la injusta fiscalidad». El horizonte anuncia una catástrofe: «Con esta actitud de las instituciones nos dirigimos hacia un desierto cultural».
Su colega Nacho Múgica cree también que la feria podría hacer más, pero no en términos de descuentos para los 'stands'. «Más importante es mantener el nivel de la calidad, no bajar el listón», afirma. «Abrir la mano para no perder ingresos implica perder prestigio y atraer a menos coleccionistas», asevera.
Trasladarse
¿Y buscar un espacio permanente en Madrid? «No es ninguna tontería porque la crisis golpea más a la periferia, sin duda», admite el gestor de la galería bilbaína, la única del territorio histórico que acude a la cita. Este veterano profesional no confía en las posibilidades en lo que respecta a la demanda interna y asegura que su receta es moverse. «No nos planteamos abrir en otras ciudades, pero sí acudir a los encuentros internacionales, con especial incidencia en el área latinoamericana, caso de Zona Maco México Arte Contemporáneo o la Feria de Sao Paulo».
Dicho esfuerzo exige unos gastos elevados que pocos pueden afrontar. «Entramos en un círculo vicioso» explica. «Si no hay mercado local no se generan ingresos y no puedes salir al extranjero y generar nuevos negocios, con lo que entras en una espiral destructiva. Nosotros vamos porque en los buenos años guardamos y tiramos de ello. Quien no pudo o no quiso lo está pasando peor».
La galería Carreras Múgica acude a la presente edición con obra de Pello Irazu, Juan Pérez Agirregoikoa, Rita McBride y Richard Serra, entre otros, además de Eduardo Chillida, «nuestro baluarte», confiesa. En el espacio sitúan una peana en la que se podrá contemplar el trabajo de estos creadores con el contrapunto de obras del escultor guipuzcoano e, incluso, una terracota de Picasso. «Es una manera de contextualizar y lo cierto es que, cuando todo es bueno, funciona perfectamente».
Altxerri es la otra firma vasca superviviente de aquella relación de firmas que participaban en ARCO. A lo largo de este periodo han desaparecido dos establecimientos en la capital donostiarra. «Uno se embarca en esto por afición o por obsesión, y si no realizas una apuesta muy comercial resulta muy complicado rentabilizarlo», explica García Velilla.
El responsable de la firma asegura que el panorama es horrible. «No pasa nada ni pasa nadie», lamenta. En su opinión, las entidades que sobrevivirán son aquellas que posean un local en propiedad. «Si tienen que pagar un alquiler, tiene que resultar demoledor», sugiere y da cuenta de algunas de las determinaciones adoptadas para minimizar los gastos. «Ahora no producimos ni traemos exposiciones de lugares lejanos». También han reducido la extensión de su stand. «IFEMA ha permitido pagar una tercera parte de los costes el último día de la feria, lo que también implica un riesgo porque hay mucha gente que no llega».
La centralización se va a acentuar y otras firmas buscarán emplazamientos más pequeños y asequibles dentro de la misma ciudad, en opinión de García Velilla. «La partida de Moisés Pérez de Albéniz, después de quince años de proponer una línea expositiva estupenda y sin concesiones, deja prácticamente a Pamplona sin vanguardia». No seguirán sus pasos, aunque cree que es lo que demanda la lógica empresarial. «Vamos a cumplir treinta años y seguimos fieles a la filosofía de los fundadores de Altxerri, que querían impulsar el jazz y el arte moderno».
El impacto de la crisis no se limitará al ámbito comercial. «Esto influirá en la creación artística de este país porque si no se produce no se experimenta y no evolucionamos. ¿Para qué pintarán los artistas si no pueden exponer?». Ellos seguirán promocionando a artistas de su programa y en esta edición exhibirán obra de Mitsuo Miura, los hermanos Roscubas y Esther Ferrer.
Mercado latinoamericano
El mercado latinoamericano es uno de los focos emergentes más importantes. La galería valenciana Luis Adelantado no se ha limitado a acudir a las ferias del otro lado del Atlántico, sino que hace cuatro años abrió un nuevo espacio en el Distrito Federal. Su experiencia pone de manifiesto no solo la aparición de áreas atrayentes para la plástica, sino también la frustración de plazas como la ciudad del Turia que no se han consolidado tal y como se esperaba.
Los proyectos surgidos en los años 80 y 90 se fueron apagando. «Había exposiciones buenas pero no tuvimos apoyo de los medios de comunicación nacionales, siempre focalizados en lo que ocurre en Madrid y Barcelona, y el de los locales no resultaba suficiente», recuerda Olga Adelantado, responsable de la galería española.
«Además, aquí las entidades nunca nos han respaldado, el Instituto Valenciano de Arte Moderno vive ajeno a los que pasa en la ciudad, y los coleccionistas compran en la capital porque creen que es mejor». La oferta se redujo y también la asistencia del público. «Ya no somos un destino cultural», reconoce.
La apuesta de Luis de Adelantado por la Feria Maco les acercó a la creación mexicana y antes de abrir su segundo centro ya contaban con cinco artistas del país. «Hay que trabajar desde lo local, aguantar y generar tejido, algo que no puede suplir tan solo asistiendo a ferias», aduce. La concentración geográfica es un hecho, pero, en su opinión, también existen otras polarizaciones no menos inquietantes. «En una situación tan precaria se simplifican las estrategias y hoy vemos entidades que apuestan por valores jóvenes y otras que se decantan por los consolidados. Luego, ¿qué ocurre con los intermedios?».

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