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«Presumiría de enemigos, pero no puedo hacerlo porque algunos son impresentables»

REGIONAL

«Presumiría de enemigos, pero no puedo hacerlo porque algunos son impresentables»

24.07.10 - 00:07 -
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Viste de manera informal, con un estilo que le rejuvenece. Es sincero y apasionado. Yo diría que a partes iguales. Su vida es la literatura. Y ahora también la enseñanza, tras su fulminante cese al frente de la Editora Regional de Extremadura.
-Salió de la gestión política refunfuñando.
-Salí indignado por cómo se me trató. Porque yo no estaba en la gestión política, estaba en la gestión cultural. No sé si de haber tenido carnet se me hubiera tratado de esa manera y, en todo caso, fue de todo punto improcedente e injusto que una persona que había trabajado tanto durante seis años en la administración pública, y que antes desde otras responsabilidades (por ejemplo la Asociación de Escritores Extremeños, que presidí durante cuatro años) y que había contribuido a apoyar no tanto a un partido, que no lo había hecho nunca, -no tenía carnet, ni lo he tenido nunca- sino a un proyecto en el que realmente creía, un proyecto acabado, sobre todo con la marcha de Ibarra, pues que de pronto te llamen por teléfono y te digan: «Mañana pida usted el reingreso en el Magisterio». Uno va y lo pide, recoge en cinco minutos lo que había en su despacho... y tener que tomar un tren en Mérida y venirme para casa como si hubiera hecho algo malo... Realmente todo eso me pareció indignante, sencillamente indignante.
-De todas formas, usted nunca ha rehuido la polémica ni ha evitado las controversias.
-Sí, pero seguramente a mi pesar. Porque yo soy una persona tímida, seguramente cobarde, retraída y no sé cuanto más. Pero me he visto, no sé por qué, en varias trifulcas, en varias broncas que no casan con mi carácter, o eso creo yo, y bueno, algunas veces no he tenido más remedio que defenderme. Y ahí he estado, sí.
-¿Ha tenido la sensación de ser malinterpretado a veces?
-Puede ser que haya sido eso. No sé si te refieres a la última etapa, lo que tiene que ver con la Editora Regional...
-...no, en general.
-Puede ser. Tal vez por esa forma de ser, propia de una persona muy retraída, muy tímida, pues a lo mejor, ya sabes, a lo mejor dicen o es tímido o es idiota; no hay un término medio. Y algunas veces los idiotas en realidad son tímidos que no se han dado a conocer, y viceversa.
-En alguna ocasión ha citado a Octavio Paz: «la verdadera biografía de un poeta no está en los sucesos de su vida sino en sus poemas». Dígame qué poema eligiría como insignia de su trayectoria.
-Así a bote pronto, en mi último libro, 'Desde fuera', hay un poema que se titula 'Autobiografía', que es un título un tanto irónico (en realidad el poema de irónico no tiene nada) que es un paseo por la Isla, por el río de Plasencia, volviendo una vez más a la idea de Heráclito. Creo que es un poema en el que me reconozco en esa cita de Octavio Paz.
-Nunca se ha adscrito a la llamada 'poesía de la experiencia'. ¿Qué hay de malo en ella?
-No me he adscrito ni me han adscrito. Esto de las corrientes, de las tendencias o de los grupos en realidad no es decisión de uno. La poesía de la experiencia tiene un cogollo, un grupo de poetas que han sido y son amigos y yo realmente, aunque los conozco a todos y nos conocemos bien y de antiguo, no he sido nunca lo que se dice íntimo de ninguno de ellos. Por tanto, aunque haya líneas en mi poesía que se acerquen a la poesía de la experiencia, hay otras que no, y creo que he sido más ecléctico, no tan de tendencia. Además, en Extremadura no hay ningún poeta adscrito. Y creo que tiene su explicación: tiene que ver con una forma de ser, de ver el mundo, por venir de donde venimos, que hace que esa poesía anecdótica, más superficial, de barra de bar y cosas de estas no vaya demasiado con nuestro carácter.
-Aquí ha dominado una poesía más 'esencialista' ¿no?
-Todos hemos sido más 'metafísicos', entre comillas.
-Su paisano José Antonio Gabriel y Galán tituló uno de sus poemarios con la frase 'Un país como este no es el mío'. ¿Ha sentido alguna vez la tentación de reproducir ese sentimiento?
-Sí, entendido aquí 'país' al modo de Josep Pla y referido no tanto a España, que también, como a Extremadura. Y últimamente casi he estado más tentado de verlo así. Pero nunca he tenido, no sé si por circunstancias o azares de la vida, la tentación de perderlo de vista. He preferido mejorarlo o cambiarlo desde mis modestas posibilidades, que eran simplemente las de un escritor que, como casi todos los poetas de mi generación, salimos de nuestras casas y nos dedicamos a hacer otras cosas, que era plantear una base cultural de la que carecíamos y que aquí no existía.
-¿La experiencia novelística es un capítulo cerrado en su caso?
-Hay una tercera novela escrita hace mucho, no publicada y no sé si alguna vez se publicará o no. Pero en todo caso, dicho esto, se puede decir que no tengo la necesidad de escribir las tres que he escrito. Son novelas por llamarlas de alguna manera porque también se apegan mucho a lo personal, a lo biográfico o incluso a lo autobiográfico.
-¿Plasencia ha sido su torre de marfil?
-Como ciudad amurallada que es, y yo trabajo además en un colegio que está al pie de la muralla y vivo en una casa que da a la muralla, pues puede ser, pero no con una voluntad excluyente, de estar aislado, fuera del mundo. Pero sí ha sido una parte, un refugio, una otra cosa.
-Ha dicho que «la mejor poesía española ha estado y está en la periferia». ¿Lo sigue manteniendo?
-Sí. Está en la periferia y por supuesto en Madrid. El paso aquel de Umbral de «vámonos al Café Gijón porque nos reconocen en Madrid o no somos nadie» hace mucho tiempo que se acabó. Pero si yo veo que Carlos Marzal, uno de los poetas más premiados y reconocidos de este país, vive en Valencia; si Felipe Benítez sigue viviendo en Rota; si tenemos a un Rafael Fombellida en Santander, a Juan Antonio González Iglesias en Salamanca... Bueno, pues la periferia está llena de estupendos poetas. Por eso creo que lo que importa, que no son los poetas sino la poesía que escriben, en estos últimos años ha estado en la periferia. Lo que no tiene nada que ver con que no esté también en Madrid, a lo mejor escrita por poetas periféricos. Se me ocurre por ejemplo pensar en Juan Carlos Mestre, el último Premio Nacional de Poesía, que es de León, del Bierzo, pero que vive en Madrid. ¿Es periférico? No sé. Ahora se nos ha ido a Madrid Diego Doncel. Si triunfa en Madrid, ¿qué tenemos que considerarle un periférico que triunfa o un centralista que ha tenido que irse allí para hacerlo?
-¿La poesía no es un género de juventud?
-No necesariamente. Puede darse la circunstancia que el poeta porque empieza pronto y publica sus primeros libros a una edad temprana, pueda repetirse, incluso cansar a sus lectores. Sin embargo, hay obras de poetas excelsos, insignes, que han dado lo mejor de sí a una edad o madura o muy avanzada. Thomas Hardy; el mejor Aleixandre posiblemente sea el del final. Es verdad que hay otros poetas que más vale que se hubieran callado a tiempo. Uno está siempre ojo avizor para no llegar más allá de lo que fuera deseable.
-Culturalmente ¿qué echa de menos en Extremadura?
-Creo que las cosas se habían hecho bien estos últimos años. Se había facilitado a los escritores que escribieran, con las becas; que se publicara, con las ayudas a la edición: las bibliotecas, que es lo básico y fundamental, ya había en todos los pueblos de Extremadura salvo alguno irredento... Faltaría dar un paso que no se ha dado y es que esas bibliotecas estén atendidas por personas que les gusta los libros y están preparadas para animar a la lectura, porque esa creo que es la labor del bibliotecario en este siglo XXI. Todas esas bases estaban sentadas. La crítica creo que es lo que más nos ha fallado. Ahora han salido los tres volúmenes que uno ha impulsado antes de que le echaran de la Editora Regional, que son 25 años de literatura en Extremadura, que están unidos a toda la existencia de la Editora y que dan prueba de que se puede hacer crítica literaria y que se puede hacer una antología, un canon, vamos a llamarlo de esa manera. En poesía porque hay un señor que se llama Miguel Ángel Lama; en narrativa porque hay un señor que se llama Simón Viola, en ensayo porque hay un señor que se llama Antonio Sáez, y porque hay un señor que se llama Gregorio Torres Nebrera que conoce bien nuestro teatro. Hay otros casos, hay otros autores. Pero en realidad sigue faltando criterio. Porque se apoyan libros y autores que no tienen, ni los autores ni los libros, mucha sustancia. No se mide siempre por el mismo rasero lo que hay. Entonces se da la paradoja de que la literatura extremeña está siendo 'criticada', juzgada, en Madrid, Barcelona o en cualquier otra parte, y aquí no acabamos de poner en valor lo que verdaderamente merece la pena o silenciarlo y decir que no es bueno.
-Su blog es un foro muy atento a lo que sucede en el universo literario. ¿Se encuentra cómodo en esa tarea?
-Sí, porque después de colaborar durante mucho tiempo en periódicos (en el 'Abc' estuve mucho tiempo; en HOY todavía la vida, incluso pasé una temporada por 'Extremadura') pero realmente he encontrado en el blog una manera de hacer mano, de opinar con absoluta libertad, que no había tenido nunca. Porque, evidentemente, a mí no se me ha cortado nada, pero te debías un poco al medio y sabías que había cosas que sí y cosas que no... Pero aquí, salvo el propio sentido común, la sensatez, no insultar, etcétera, pues tienes un foro abierto y no solo es que estés ahí, es que hay un montón de amigos y escritores extremeños, y críticos también, como Simón Viola o Lama, que tienen su blog, que han creado una plataforma comunicativa muy curiosa.
-¿Cuáles son las tentaciones a las que debe resistirse un creador contemporáneo?
-Bueno, yo lo tengo claro: todo lo que tiene que ver con el mercado. Pero como no voy por ahí porque no escribo novela negra, ni novela histórica, ni me interesa como lector siquiera, pues ese problema no es el mío. Algunos dirán «entonces no vas a llegar a nada», pero bueno, parafraseando aquel famoso título [se refiere al libro 'Nunca llegarás a nada', de Juan Benet] es que a mí a eso no me interesa llegar. Lo estamos viendo constantemente ¿no? Gente que quiere escribir un libro al año; que además quiere estar no solamente en la prensa sino que tiene que estar en foros televisivos muchas veces ajenos por completo a lo cultural y a lo literario... Todo eso me parece pura... bazofia. A mí no me interesa.
-¿A quién envidia?
-Bueno, envidiar es una palabra a lo mejor demasiado...
-...solemne.
-No querría yo envidiar a nadie. En todo caso, por envidiar, a los grandes escritores que en el pasado han sido: a Borges, a Cernuda... y a tantos que están mucho más atrás. Realmente esa es la única envidia. No conozco a ningún ser vivo, y mucho menos en esta tierra nuestra extremeña, a quien yo realmente envidie nada.
-¿Y a quién compadece?
-No, tampoco. No soy mucho de esto de compadecer. Creo que cada cual hace lo que puede, soporta lo que soporta... No compadezco a nadie. Hombre, hay algún imbécil solemne, algún bobo solemne, por decirlo con frase hecha, que realmente sería digno de compadecer, pero eso no me preocupa.
-No es forofo del fútbol como su amigo Gonzalo Hidalgo Bayal...
-...y otros, como Landero; hay muchos extremeños forofos.
-¿Cómo libera entonces sus bajas pasiones?
-Pues no sé, paseando. Soy paseante ahora por la mañana temprano y el resto del año después de comer, que es una hora atípica para pasear. Y sí, es verdad, más de uno ha dicho «se te nota cuando vas así, deprisa, que vas quemando algo más que calorías». [Risas].
-Tiene muchos amigos, y sobre todo en el mundo de la cultura. ¿Y la proporción suficiente de enemigos también?
-Bueno, supongo. Lo que pasa es que tengo unos enemigos -siempre se lo decía a Paco Muñoz- que dan un poco de vergüenza. Es decir, me gustaría presumir de enemigos, y no puedo hacerlo porque tengo algunos que realmente son unos impresentables. Esa es la gran pena. Por lo demás, de presumir de algo, desde luego, de amigos. De amigos sobre todo en la literatura, donde es muy complicado, porque aquí las puñaladas traperas... (o eso dicen, yo no tengo noción, será porque no voy tampoco con la espada levantada) es uno de los tópicos.
-Sí, se dice que hay tanto navajeo como en la universidad.
-Jo, no sé yo... [Risas]. Porque en la universidad, tela... Pero en todo caso es verdad que yo con los coetáneos, con la gente con la que me he movido, hemos admirado tanto lo que hemos escrito como a las personas que estaban detrás de lo que se escribía. Y eso vale para Basilio Sánchez, para Elías Moro, para Ada Salas... para todos. Eso ha sido así y yo creo que por eso alguno, Serafín Portillo, incluso ha llegado a decir que en Extremadura en los años ochenta ha habido algo más que un grupo deslavazado. Y es porque, efectivamente, además de los libros nos unía la amistad. El caso de Ángel Campos, por desgracia desaparecido, es paradigmático.
-¿Se atrevería a dar nombres de poetas jóvenes extremeños?
-Me quedaré alguno fuera, pero Daniel Casado, José María Cumbreño, Mario Lourtau, José Antonio Llera son nombres que van a dar mucho que hablar. Irene Sánchez Carrón, si la consideramos una poeta joven, también. Y seguro que olvido otros, que me perdonen. Alex Chico, que además de ser placentino, tuve la suerte de publicar en la Editora su primer libro y es un hombre con mucho talento... El futuro está asegurado.
-El penúltimo ministro de Cultura salió tarifando. ¿Se concilian mal la política y la literatura?
-Pues yo creo que sí. Entre otras cosas porque los políticos (estoy hablando en general, siempre hay excepciones) son bastante incultos. Y utilizan la cultura, no hacen otra cosa con ella que usarla. A veces decorativamente, o a veces para otros fines seguramente más abyectos. Pero amarla y respetarla... Aquí hemos tenido la suerte de contar con políticos, como el presidente que se fue y algún consejero que tuvo, por supuesto, Francisco Muñoz, que fue el que contó conmigo, que superaban la media en todos los aspectos de esa relación de la política con la cultura. Pero bueno, he de reconocer que casan mal, y yo lo he visto fehacientemente.
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«Presumiría de enemigos, pero no puedo hacerlo porque algunos son impresentables»

Álvaro Valverde, esta semana, en su casa de Plasencia. El poeta ha utlimado un nuevo libro que ya está en manos de su editor habitual, Tusquets. :: DAVID PALMA

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