Gran Hotel ITV de Alange

ITV Móvil instalada en Alange el pasado puente del Pilar. :: HOY/
ITV Móvil instalada en Alange el pasado puente del Pilar. :: HOY

Detalles como el ruido junto a un balneario hunden el turismo

J. R. ALONSO DE LA TORRE CÁCERES.

De los discursos pronunciados en los últimos años por los premiados con la medalla de Extremadura, me quedo con una frase de Luis Landero. Decía el escritor que la revolución no estaba en los grandes pronunciamientos, sino en hacer bien las cosas pequeñas, cada uno la suya.

Y es verdad: si el funcionario atiende al ciudadano con prontitud y eficacia, si el pescadero escoge el mejor producto y lo filetea y desespina con aplicación, si el jardinero municipal poda las rosaledas con mimo y el operario de Renfe revisa tu billete con una sonrisa y un par de orientaciones básicas (vamos puntuales, al llegar a Aljucén, se baja y justo enfrente, estaciona el tren a Badajoz), pues eso, que sucede la revolución, el país funciona y todos contentos.

El problema es que, en lugar de procurar la perfección de lo menudo, pugnamos por llevar adelante grandes proyectos que nos aseguren fama efímera y sueños fatuos, vanidosos, tan llenos de presunción como carentes de sensatez. Y así nos va, empeñados en la grandeza y descuidados en el detalle.

¿Pero, hombre de dios, no sabes que a la utopía solo se llega perseverando en lo cotidiano? Pues nada, no hay manera. Erre que erre: por un lado, los políticos urdiendo sueños y campañas y por otro, la realidad empeñada en destrozar las mil maravillas con el plumazo de una barrabasada.

No sé si se han enterado del caso inaudito de la ITV móvil de Alange, perpetrado durante el pasado puente. Resulta que en Alange, balneario de los romanos, los moros y los cristianos, lugar de tanta fama para el relax y contra los nervios que tengo amigos gallegos que no faltan a su cita bianual en busca de sosiego y armonía y lo prefieren a lugares tan glamurosos como A Toxa, aguas tan salutíferas que hasta Larra vino a bañarse por ver si superaba su agonía y recuperaba el bienestar (ni la superó, ni lo recuperó, lástima, y acabó suicidándose).

Pues bien, en Alange, el pasado viernes, en pleno puente, cuando su hotel de cuatro estrellas estaba hasta arriba y los hostales y pensiones familiares llenaban sus habitaciones, sucedió algo tremendo: se instaló en la explanada situada junto al parque, entre el gran hotel y el balneario, una ITV móvil. Y no vean el espectáculo de gases, gasóleos y grasas variadas, el show trepidante de los tractores encabritados, la fiereza del bramar de los camiones, la gracia humeante de los tubos de escape, el encanto chorreante de las cisternas... Todo, en fin, contribuía a hacer más deliciosa la mañana al turista que buscaba silencio, armonía y descanso.

Salían los huéspedes del Gran Hotel Aqualange arropados en sus albornoces, camino de la benefactora experiencia de las aguas termales y los baños turcos y se encontraban con un trajín de mil demonios. Acelere, frene, encienda las luces de cruce, ahora las largas, vuelva a acelerar, ponga la marcha atrás, acelere otra vez... Y los conductores se aplicaban en cada acción a sabiendas de que cualquier fallo podía dejarlos sin el certificado de coche apto, tractor conforme, camión idóneo...

El escándalo en Alange ha sido de aúpa. Los hosteleros están que trinan, los bañistas no entienden nada y el episodio sirve para resumir un país. Por un lado, invirtiendo en grandes campañas turísticas, preparando estupendos pabellones para Fitur, promocionando la región acá, allá y acullá para que luego llegue la ITV móvil y lo destroce todo. Y quien dice la ITV, pues dice también el recepcionista que se niega a aprender idiomas, el restaurante con olor a fritanga, el camarero que hace el café malo con ganas y no tiene intención de aprender a hacerlo rico.

Lo sé, no se puede generalizar. Los profesionales de la hostelería y del turismo extremeño cada vez lo hacen mejor y se esfuerzan más para alcanzar la perfección en los detalles, pero basta un tractor tronante junto a un balneario durante un puente o un baño de bar sucio cualquier día para acabar con la revolución de las pequeñas cosas. La única que de verdad funciona. También en el turismo.

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