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Zafra, tan bonita en lo grande y en lo chico

Encantador rincón de la Plaza Chica de Zafra. :: /Esperanza Rubio
Encantador rincón de la Plaza Chica de Zafra. :: / Esperanza Rubio
LAS 12 JOYAS DE BADAJOZ

La ciudad es hermosa en su alcázar y en sus palacios, plazas, iglesias y calles populares

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando acaba el verano, Zafra huele a jazmín. Y por la noche, paseando por las calles blancas y solitarias de la parte vieja, uno entiende por qué la llaman Sevilla la Chica desde el siglo XVIII. Aunque el sobrenombre le quita personalidad. Zafra es Zafra, a lo grande y a lo chico. Zafra es esa ciudad donde hay 25 bares instalados en edificios históricos, donde las calles estrechas cercanas a la Puerta de Jerez, las más antiguas del lugar, invitan a perderse en un laberinto blanco y acogedor.

Zafra, ciudad desde 1882, nace junto al castillo árabe de Sajra, donde se juntaban los caminos de Sevilla y Granada a Badajoz. Su monumento presidencial y señero es el Palacio de los Duques de Feria. Es una construcción gótica, medio palaciega, medio defensiva. La influencia mudéjar, patente en las almenas y en los techos, singulariza el edificio, construido a partir de 1437. Este castillo ha sido residencia nobiliaria, sede de las fuerzas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia, Instituto de Segunda Enseñanza durante la I y la II República, hospital musulmán en la Guerra Civil, y otra vez instituto, y centro de FP, y escuela taller… Hoy es Parador de Turismo.

Tomando un café en el patio clasicista de mármol del palacio-parador, comenzamos nuestro paseo por Zafra, cuya primera etapa bien puede ser una visita a este alcázar formidable. Para hacerlo, basta ser cliente del Parador, o sea, tomarse un café en el patio y después, ascender a la torre para hacerse una idea del paseo tan bonito que nos espera.

Las joyas de la provincia

Esa es la palabra: bonita. Zafra es una ciudad bonita. Sales del Parador y enfrente nos encanta la casa-palacio de los marqueses de Solanda, bello ejemplar de la arquitectura romántica española inspirada en el estilo islámico. Levantada en 1905, su patio es una joya inesperada. La casa de Solanda estuvo relacionada con La Movida. En ella se redactaron algunos números de la revista La Luna de Madrid.

Calle típica, con la torre de la iglesia al fondo. ::
Calle típica, con la torre de la iglesia al fondo. :: / E.R.

En la plaza del Parador y de los Solanda empieza la calle Gobernador, la arteria burguesa por antonomasia, donde los vecinos encargaban mansiones a Aníbal González, el arquitecto de la plaza de España de Sevilla. En una de esas casas durmió Cánovas del Castillo cuando vino a inaugurar el ferrocarril de Zafra a Huelva, según reza una placa que encontramos durante nuestro paseo.

Llegamos a la plaza del ayuntamiento o del Pilar Redondo, donde se juntan cuatro edificios que parecen competir por ver cuál ofusca a cuál. El propio palacio consistorial con su patio porticado, el palacio del Conde de la Corte, hoy hotel maravilloso, la Casa Verde, inmortalizada por Dulce Chacón en su novela ‘Cielos de barro’, y la Casa de los Rubiales, de estilo sevillano.

Tras la Internacional Ganadera, llegan las ferias y fiestas del Moco, de la Grasa o de la Luna al Fuego

Desde la plaza, nos dirigimos a la calle Tetuán, llamada popularmente la Calle Fina, donde hay pocas casas con fachadas de menos de 12 metros. Esta calle llega hasta la Puerta de Badajoz, cuyo entorno ha sido remodelado para convertirlo en un espacio urbano armónico y con gracia. En esta calle está el hospital de San Ildefonso, donde nació el clérigo Ruy López, primer campeón mundial de ajedrez en 1575 e inventor de la apertura española. En Zafra había otros dos hospitales. Del de San Miguel, que era de sifilíticos, salió el famoso cuadro anónimo de San Miguel, que ocupa una gran sala del Museo del Prado. El otro hospital es el de la Salutación, cerca de la Plaza Grande y con fastuosa portada manuelina.

De la Puerta de Badajoz bajamos hasta la Puerta de Jerez: un arco con mucho sabor meridional que presidía el barrio de los zapateros. En el siglo XIII había en Zafra 300. Sobre el arco, las figuras de los santos patronos del gremio de la zapatería. En la pared, la marca de la suela de un zapato.

El Arco de Jerez es un lugar magnífico para dejarnos llevar por el silencio y recorrer las calles más antiguas de Zafra. Así que orillaremos las plazas y nos perderemos por la calle Pozo, con su viejo pozo de bomba hidráulica y su minúscula capilla para venerar el Cristo hallado en ese pozo, o la calle Botica, con el antiguo teatro viejo y la Casa del Ajimez, del siglo XV.

Esta calle nos lleva a las plazas famosas. Ya saben, la Chica, repleta de terrazas para picar algo, y la Grande, también llena de terrazas, más de cañas, vinos y refrescos, aunque también se pueden tomar tapas, raciones o pasteles típicos. Las dos plazas son preciosas y quizás no haya en Extremadura un lugar con más encanto para disfrutar de la calle.

Ambas son porticadas y tienen mucha historia. La Grande fue cementerio y en la Chica se celebraban los mercados semanales desde 1380. A un paso de la Plaza Grande se encuentra la iglesia de La Candelaria, cuyo retablo mayor del escultor sevillano Blas de Escobar impresiona vivamente y tiene la particularidad de haber introducido en Extremadura, en esta obra de 1658, la columna salomónica. En la capilla de los Remedios, una de las maravillas de Zafra: el retablo encargado a Zurbarán en 1643 con una de sus obras maestras de madurez: Imposición de la casulla a San Ildefonso.

Arco de Jerez. ::
Arco de Jerez. :: / E.R.

Salimos de la Plaza Grande, por una de sus esquinas, a la calle Sevilla, arteria comercial de la ciudad y calle de referencia, donde se esconde otra de las perlas monumentales de Zafra: el convento de Santa Clara y su museo de la vida conventual, didáctico y entretenido. La museógrafa sevillana que se encargó de diseñarlo, Mercedes Mora, vivió durante 15 días encerrada con las monjas en la clausura y captó perfectamente el ambiente monástico.

Los patios y claustros del convento son de una belleza acogedora que invita a no marcharse nunca. Los sepulcros de la iglesia asombran y aún falta el disfrute mundano de los dulces de las monjas, que con la caldereta, la carne de retinto o de ibérico y el vino magnífico de las bodegas de Zafra realzan nuestra visita a uno de los conjuntos histórico artísticos más ricos de Extremadura.

De vuelta a la calle Sevilla, ascendemos suavemente deteniéndonos en la Casa Grande, cuyo patio, hoy galería comercial, es admirable. Después, el ambiente bullicioso de la plaza de España con sus terrazas, su parque, sus edificios modernistas y su plaza de toros, que vibrará estos días de octubre con las corridas de toros de su Feria Internacional Ganadera. A lo largo del año se sucederán la Feria del Moco en febrero; la Bacanal de la Grasa el domingo de Carnaval; la espectacular Semana Santa; la Fiesta de la Luna al Fuego alrededor de San Juan y las diferentes romerías. Desde esta Plaza de España cogemos la ruta del suroeste para dirigirnos hacia nuestro próximo destino histórico artístico: Burguillos del Cerro.

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