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«Mi mujer no puede levantar 160 kilos para subirme unos escalones»

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Antonio Barral pasea por Alonso Zamora Vicente, llena de establecimientos con escalones. :: / BRÍGIDO

  • Antonio Barral, que se mueve en silla de ruedas, cuenta las dificultades y obstáculos que se encuentra a diario en la ciudad

Antonio Luis Barral, natural de Barcelona, lleva unos unos años afincado en Mérida. Decidió recalar en Extremadura atraído por el estilo de vida tranquilo de aquí. Esto solo fue un cambio de aires comparado con el giro radical que dio su vida hace ocho meses. La enfermedad del azúcar se ha llevado por delante su pierna derecha.

«Las consecuencias de no controlar bien la diabetes», lamenta. «Es un palo que te da la vida, te das de frente contra él y te cambia la concepción de todo. Creo que lo afronté bien, porque ya me iba haciendo una idea del destino de la enfermedad. Cuando empezaron los dolores ya sabía y estaba mentalizado que el final era la amputación. Y llegó ese día. El cirujano me lo planteó y le dije rotundamente que para adelante, convencido absolutamente de lo que se me venía encima. Estaba preparado para afrontarlo».

Además de la silla de ruedas con la que se desplaza, compañera de viaje inseparable, Antonio cuenta con la inestimable ayuda de su esposa. Tiene hijos, pero lejos. Unos emancipados en Sevilla y el resto en Barcelona. Afronta diariamente largas sesiones de fisioterapia y revisiones médicas, y Antonio también tiene que enfrentarse a las dificultades que le surgen en la ciudad nada más salir de su casa.

Desde la silla de ruedas, la ciudad se ve de otra manera. Pero eso no le ha hecho perder las ganas de pasear y de seguir con algunos de los hábitos de vida de antes. Y puntualiza que solo algunos. Porque otros son imposibles de realizar. Declara que se encuentra muchas barreras arquitectónicas. Escaleras en las puertas de las tiendas, postes de la luz en medio de aceras, como en la calle Oviedo, escalones de aceras sin rebajar, como en la calle Félix Valverde Lillo, o una farola en medio de una acera de la avenida Reina Sofía. Y decenas de carteles en medio de las calles.

Cuando tiene que coger el autobús, que es como se mueve por la ciudad, muchas veces tiene que hacerlo en la calzada, ya que en las paradas suele haber coches estacionados. «Aunque en ocasiones se va sin mí, porque no puede parar».

Se queja de que la mayoría de las tiendas de Mérida donde suele comprar tienen escalones para entrar; que las cafeterías o restaurantes no están preparadas para que la silla de ruedas se mueva con facilidad; y que cuando está en el hospital esperando el ascensor y este se abre todo el mundo entra en tropel sin dejarle pasar primero ni ayudarle a acceder a él, teniendo que quedarse en tierra muchas veces. «Te das cuenta del incivismo de la gente».

Recopilación de fotos

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Poste en la calle Oviedo. :: hoy

Luego está el acceso a establecimientos públicos de la administración local o regional. Pone como ejemplo la puerta principal del Ayuntamiento. Aunque tiene un escalón que le impide el fácil acceso, siempre tiene disponible una tarima que le ponen los funcionarios que están en la puerta. «Un parche, nada más».

Como estas cosas le pasan a diario, Antonio ha decidido hacer y recopilar fotos de todas las barreras arquitectónicas que se encuentra cuando pasea por la ciudad. Lleva unas cuantas. Ahora no sabe qué hacer con ellas, pero no descarta en un futuro publicarlas para que sirvan de algo. «Quiero que la gente se conciencie de que hay personas incívicas que viven a su manera. Parece que se dedican a fastidiar a los demás y que no tienen en cuenta a gente como nosotros».

Aunque su mujer le ayuda a desplazarse por la ciudad, la nueva silla que lleva, que pesa 80 kilos, es bastante difícil de coger con otros 80 kilos que pesa él. «Mi mujer no puede levantar 160 kilos para bajarme de un bordillo o subirme unos escalones», se lamenta.

Con esta queja pública Antonio quiere remover conciencias. Abrir los ojos de la gente que pasa a su lado y que le mira pero no le ve. Dejar de ser invisible para las administraciones y un estorbo para los negocios privados por sus quejas. Quiere ser un ciudadano más, como los demás. Pero un ciudadano que va en silla de ruedas.

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