La Navidad fusilada

Imagen del debate sobre las Navidades del 37. :: Lorenzo Cordero/
Imagen del debate sobre las Navidades del 37. :: Lorenzo Cordero

Cáceres recordó con emoción a los 196 ejecutados hace 80 años

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

No se trata de revancha, se trata de amor, de rigor y de consuelo. Estas Navidades hace 80 años que comenzó la tragedia moderna más dolorosa en la historia de Cáceres. Entre el 25 de diciembre de 1937 y el 21 de enero de 1938 fueron fusilados 196 españoles por piquetes militares de ejecución.

En estos días, gusta escribir sobre la recogida de la aceituna, sobre el mimoso gato de la nuera, en torno al menú de Nochebuena y a los chistes de los cuñados. Pero hay muchos extremeños que en estas fiestas recordarán que hace 80 años murieron sus abuelos, sus tíos, sus vecinos. Y ni los fusilados entendían por qué iban al paredón ni sus descendientes comprenden aún la causa de aquella escabechina en una ciudad donde no habían sucedido graves episodios de violencia ni estaban las posturas políticas particularmente enconadas.

Durante años, he escrito sobre Cáceres llamándola La Ciudad Feliz, un marbete ocurrente que resume las esencias de esta capital de provincia tranquila y razonablemente satisfecha de sí misma. Yo pensaba que ese cliché, ciudad feliz, había sido un invento personal hasta que leí un artículo aparecido en el periódico lisboeta Diario de Noticias en septiembre de 1936. En ella, el corresponsal portugués escribía una crónica desde Cáceres, donde estaba el estado mayor del ejército de África, al mando del general Franco. Tras narrar el ambiente festivo que reinaba en las calles, la alternancia de himnos militares y música de foxtrot que sonaba en los altavoces colocados en la plaza Mayor y los llenos hasta la bandera en cafés como Jámec, Europa, Norba o Viena, resumía así la situación de aquella capital en guerra: 'Cáceres es una ciudad feliz'.

Sin embargo, en esos días y en los meses siguientes, en Cáceres llegará a haber ocho hospitales, en las cárceles se hacinarán 1.870 presos (1.100 en la que se acababa de inaugurar en lo que hoy es el barrio de Pinilla y 770 en la vieja prisión situada en las traseras de la Audiencia) y, sobre todo, durante las Navidades de 1937-38, 68 vecinos de Navas del Madroño, 45 de Cáceres, 10 de Malpartida de Cáceres, 5 de Arroyo de la Luz y otros muchos de diversos pueblos de Extremadura y de otras regiones morirán fusilados.

Para arrojar luz sobre aquellas trágicas Navidades de hace 80 años, la Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres celebró un acto el martes pasado en la Biblioteca Pública de Cáceres. Se proyectaba el documental 'Navidad fusilada', dirigido por José María González Torreño, y después se abriría un debate. Acudí con curiosidad y haciéndome algunas preguntas: ¿interesan estos temas, será un acto crispado y revanchista, provocará tensiones innecesarias el recuerdo de esta tragedia? Casi me interesaba más el ambiente que la propia proyección, un interesante y riguroso documental del año 2010.

Y esto es lo que vi. Primero, el salón de actos estaba lleno hasta la bandera. Conté más de 300 personas ocupando todas las sillas y apoyándose en cada hueco de pared libre. Se vio el documental y se escuchó el debate con emoción y sin la menor crispación, se aplaudió al final sin aspavientos, educadamente, el público era variopinto en edad, profesión e ideas, solo preguntó un asistente y el acto, en fin, tuvo mucho de homenaje íntimo, de recuerdo doloroso y de decisión firme para seguir luchando por recuperar la dignidad de las víctimas.

Más allá de la emoción, hubo aportaciones interesantes a cargo del profesor José Hinojosa Durán, que lleva años investigando los fusilamientos de 1937, en cuya raíz está un supuesto complot liderado por el dirigente comunista y comandante de milicias Máximo Calvo e inventado por el gobernador militar de Cáceres, Ricardo Rada, para reafirmar su autoridad, según han opinado destacados falangistas. Para acabar con el imaginario complot, se fusiló a 196 personas que ni sabían nada de ningún complot ni entendían por qué los llevaban al paredón. Esta Navidad, hace 80 años.

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