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Un emperador en Yuste

Monasterio de Yuste, retiro del emperador Carlos V.:: HOY
Monasterio de Yuste, retiro del emperador Carlos V.:: HOY
  • Carlos V espera en Jarandilla que se acaben las obras de Yuste y que llegue dinero de Sevilla

Doce de noviembre de 1556. Tras un largo viaje desde Bruselas, el Emperador está en Extremadura. El imponente castillo-palacio del conde de Oropesa en Jarandilla (hoy convertido en Parador Nacional), le acoge mientras se terminan las obras del palacio junto al Monasterio jerónimo. Hasta el 3 de febrero de 1557 no entrará Carlos en Yuste. La falta de dinero, que demora las obras e impide licenciar a los criados, retrasa la llegad del Emperador al Monasterio.

La primera noche en Jarandilla es tranquila. Carlos cena anguilas, enviadas por su hija Juana desde Valladolid, y duerme en la estancia que se le ha preparado. Al día siguiente pide que se le traslade su dormitorio a una habitación más soleada. También se construirá una chimenea para calentar la estancia. Al Emperador le place el lugar. Desde su mirador contempla los huertos que rodean el palacio, los naranjos, cidras y limoneros que adornan y perfuman el jardín.

Sin embargo, sus acompañantes no parecen pensar lo mismo: sus servidores encuentra incómodo el pueblo: “Este lugar está mal proveído y es caro en caza y carnero”, escribe el secretario. El clima lluvioso que les recibe termina por indisponerles contra el lugar. Hace tanto frío y hay tantas nieblas como en Valladolid, llega a decir su secretario. “Aquí ha llovido dos días –escribe Gaztelu a Juan Vázquez el 18 de noviembre—sin que de la gran niebla se viesen los hombres a veinte pasos. Hoy ha esclarecido, pero todos desaprueban la estada aquí, y ninguno aprueba la ida a Yuste”. Los sirvientes más cercanos –su mayordomo, su secretario, su médico--, intentan por todos los medios influir en el Emperador para que cambie de idea y deseche el propósito de instalarse en Yuste de por vida. Escriben en secreto cartas al secretario de Estado, a la princesa Juana, a la reina de Hungría, hermana de Carlos, hablándoles del clima húmedo de La Vera. Pero la voluntad del monarca de instalarse en Yuste es firme y nadie logra torcérsela. “Su Majestad determinado está de no hacer mudanza en ello, (en el retiro de Yuste), aunque se junte el cielo con la tierra”, escribe Gaztelu dándose por vencido.

El Emperador no quiere ni oír hablar de desistir de su empeño en retirarse en Yuste, su anhelo es que se acaben las obras del palacio y, en cuanto el tiempo lluvioso lo permite, se traslada él mismo al Monasterio para conocer el estado de los trabajos. Era el 23 de noviembre, apenas diez días después de llegar a Jarandilla, y Carlos sale satisfecho de lo que ve; da órdenes para que se hagan las camas de los criados. Su intención es instalarse en Yuste antes de que acabe el año. “A los 23 de éste (escribe Quijada a la princesa Juana), fue su Majestad a ver a Yuste. Parecióle bien y vino muy contento de lo que estaba hecho y del sitio de la casa; y dijo que la hallaba mejor de lo que le habían pintado”.

Carlos V está retirado, ha renunciado al imperio, pero ni siquiera en su retiro se olvidará de los asuntos de Estado: las primeras ordenes que da es que los correos que unen habitualmente Valladolid y Lisboa, y que pasan por Navalmoral y Almanzor, se desvíen cinco leguas (casi 30 kilómetros) y suban hasta Jarandilla. Ello le permitirá tener noticias directas de los problemas políticos y disponer además de una rica despensa: tanto su hija Juana desde Valladolid como su hermana Catalina desde Lisboa se encargarán de surtirla generosamente, con todas las exquisiteces de que gusta Carlos: ostras, acedías, lenguados, perdices, truchas, anchoas, anguilas, aceitunas… Se da orden de que los correos pasen los jueves por la noche, pues el Emperador acostumbraba a comer pescado los viernes y los sábados. El mayordomo pide que si es posible “traigan ranas también”.

Gran necesidad de dinero

Como ya se ha dicho, Carlos está retirado, pero no ocioso. Las primeras semanas de estancia en Jarandilla las ocupará en organizar la licencia de parte de sus criados: necesita dinero para ello y hasta tanto no lleguen esos fondos no podrá hacerlo. Siempre los problemas de dinero. La escasez de fondos que ha retrasado las obras de Yuste y ha demorado el viaje a España persigue al Emperador. “Muy gran necesidad pasamos de dinero. Ya vamos por los escudos adelante, no gastando, sino empeñando, y Su Majestad lo sabe. (…) escribe el mayordomo el 13 de diciembre reclamando el dinero prometido. El secretario Gaztelu insiste una semana después en la misma queja. El dinero prometido por el secretario de Estado no acaba de llegar. “La acémila con los 2.000 ducados y lo demás no ha llegado hasta agora. Y entiendo que Su Majestad habla en ello y en la dilación muchas veces y a mí me lo ha dicho y mandado que para lo de Sevilla se dé grandísima priesa, porque por falta de no haber llegado los 26.000 ducados no entra esta Pascua en su monasterio. Y no quiere salir de aquí sin pagar su casa y dar a sus criados lo que hubieren de haber”.

Durante todo diciembre y parte de enero, en Jarandilla se esperan con impaciencia los 26.000 ducados que tienen que llegar de la Casa de Contratación de Sevilla y han de servir para jubilar criados, pagar trabajos del palacio y sostener la casa del Emperador. El mayordomo se queja de que si no llegan antes de Año Nuevo, habrá que pagar los sueldos otro mes, o al menos otra quincena, con lo que aumentará el gasto.

Detalle de la Casa de las Muñecas de Garganta La Olla, que sirvió de prostíbulo a los soldados de Carlos V.

Detalle de la Casa de las Muñecas de Garganta La Olla, que sirvió de prostíbulo a los soldados de Carlos V.

¿Cómo es posible que el Emperador del mundo pase por esos apuros? La hacienda de los reinos españoles en esa época no era ni tan poderosa ni tan organizada como cabía suponer. La financiación de las guerras se llevaba buena parte de los ingresos, hasta el punto de que el oro y la plata de las Indias que entraba por Sevilla se enviaba, a veces sin tiempo para acuñarlo, para pagar las deudas pendientes. Carlos V dependió todo su reinado de los famosos banqueros Fugger; se afirma incluso que si se casó con Isabel de Portugal fue, en parte, porque esta princesa (prima de Carlos) pertenecía a la monarquía más rica de la época y su dote era muy generosa: en más de 48 millones de euros de hoy (8.000 millones de pesetas) la valora el historiador Manuel Fernández. Cierto que Carlos no recibió todo ese dinero, pues ya debía al rey de Portugal el equivalente a unos 18 millones de euros.

Los historiadores relatan que Carlos V tenía una asignación mientras gobernaba de 200.000 ducados al año para mantenimiento de su casa (unos 11 millones si hacemos la equivalencia aproximada al valor actual. Hay que tener en cuenta que su corte tenía 762 servidores). Cuando abdicó decidió que le bastaría con 12.000 ducados al año (unos 700.000 euros). Sin embargo, muy pronto cayó en la cuenta de que esa cifra no era suficiente, y se reclamaron a Valladolid 20.000 ducados (1,1 millones de euros), que llegarían en entregas de 5.000 ducados al trimestre.

No obstante, ni siquiera esa cantidad llegaba puntualmente a Yuste, y sus servidores tenían que escribir innumerables cartas a la capital vallisoletana para que se librara el pago. Finalmente, se acordó que ese dinero saldría de los beneficios de las minas argentíferas de Guadalcanal, en la frontera extremeña con Huelva, que ya estaba en explotación.

La vida del Emperador en Jarandilla se reparte entre sus preocupaciones por solucionar los asuntos de su hacienda, la lectura de los correos que le traen noticias de nuevas guerras y la atención a las visitas que ya empiezan a llegar. Francisco de Borja (el futuro santo) trata con el Emperador asuntos de religión y de política, no en vano el famoso fraile, antiguo duque de Gandía, había sido servidor de Carlos y un cercano colaborador de la Emperatriz Isabel hasta su entrada en la Compañía de Jesús. El conde de Oropesa, el duque de Escalona o el conde de Olivares también llegan a Jarandilla, sin olvidar a Luis de Ávila y Zúñiga, quien desde Plasencia puede visitar con frecuencia al Emperador. Su confianza es tal que es de las escasas personas con las que Carlos V comparte su mesa. La casa de aquel en Plasencia, el palacio de Mirabel, se convertirá durante la estancia de Carlos en Jarandilla y Yuste en antesala de los nobles que desean visitar al Emperador.

Un nuevo ataque de gota

Llega la primera Navidad que Carlos pasa en Extremadura y el monarca quiere celebrar la fiesta enviando comida a los monjes jerónimos. El fin de año, sin embargo, no es feliz para el Emperador. Un nuevo ataque de gota le acomete el 27 de diciembre y le durará varias semanas. Un médico italiano de fama, Giovanni Andrea Mola, llega a Jarandilla para tratar al enfermo. El doctor le recomienda que abandone la cerveza, pero Carlos replica que no piensa hacerlo. Para las hemorroides le receta una planta que no se encuentra en Extremadura y que tiene que ser enviada desde la Lombardía italiana. El médico le insiste en que el lugar elegido para retirarse no es bueno, pues es húmedo y será también caluroso. Carlos desoye el consejo. La ida a Yuste no tiene vuelta atrás.

Por fin, el 16 de enero de 1557 llegaron a Jarandilla desde Sevilla 26.000 ducados. Con este dinero paga los sueldos de sus servidores y las gratificaciones de sus criados flamencos, que son finalmente licenciados. Aunque secretario y mayordomo cuentan que los servidores estaban incómodos en Jarandilla, también relatan con emoción y las lágrimas que acompañan la despedida de estos servidores: el 3 de febrero, los alabarderos, reunidos en el patio del palacio, tiran las lanzas al suelo en señal de que, pues ya no servirán a Carlos V, no volverán a servir a ningún otro señor.