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La vida después de salir en el New York Times

La cafetería El jardín de Ulloa ha sido la sensación de la semana en que el Guardian y el NYT se fijaron en Cáceres. :: hoy
La cafetería El jardín de Ulloa ha sido la sensación de la semana en que el Guardian y el NYT se fijaron en Cáceres. :: hoy
  • Los turistas que visitan Cáceres escogen un pódium de tres lugares para comer

En 2013, durante un partido de baloncesto entre el Cáceres y el Burgos, descubrí que existía una capitalidad española de la gastronomía y que ese título lo ostentaba Burgos. Con el equipo burgalés viajaban unas azafatas que entregaban unos folletos publicitarios cuya idea era que el New York Times había escogido la ciudad castellana como uno de los 50 destinos turísticos mundiales de 2013. Cáceres perdió aquel partido 75-81, pero dos años después, nos hemos tomado la revancha: además de aparecer en las recomendaciones turísticas del New York Times para 2015, también nos recomienda The Guardian. Vencemos a Burgos 2 a 1.

En provincias, una nota en la prensa extranjera emociona siempre. La vida no cambia, pero la gente presume y se siente orgullosa. Burgos sigue repitiendo en folletos y promociones lo del NYT y en Cáceres lo escucharemos y leeremos durante años. ¿Pero cómo es la vida en una ciudad la semana después de convertirse en destino mundial?

La principal novedad en Cáceres esta semana ha sido la inauguración de la cafetería El jardín de Ulloa. Media ciudad ha peregrinado hasta la parte antigua para curiosear por el local, visitar el recoleto jardín escondido y tomar algo. La sensación, por ahora, son las magdalenas caseras que ponen con el café, una delicia que anonada. Pero las noticias gastronómicas se suceden. Acogedora la cafetería By César Ráez, nueva tapería en la plaza Marrón...

The Guardian, The New York Times y un montón de periódicos, citados por la alcaldesa de Cáceres en su discurso de inauguración de El Jardín de Ulloa, recomiendan Cáceres en sus webs y en sus suplementos viajeros. ¿Pero qué recomiendan los turistas?

En la aplicación Trip Advisor, una de las más seguidas por los viajeros, quienes visitaron Cáceres han escogido un pódium de preferidos para comer: la medalla de oro es para el famoso y premiado restaurante Atrio, la de plata, para la tapería La Cacharrería y la de bronce, para la tapería Bouquet.

Las dos taperías se encuentran en la zona monumental. La Cacharrería, detrás de la iglesia de San Mateo, en la calle Orellana, es un antiguo palacio que acaba de inaugurar un anexo de pastelería y cafetería. En su carta, sorprenden unas exquisitas croquetas de patatera y dátiles, un secreto ibérico con praliné de pimentón o un solomillo de cerdo con mermelada y queso de Acehúche. Todas las tapas cuestan 4.50 euros y los postres, a 3 euros, son tentadores y no defraudan a los turistas ni a los nativos: flan de torta del Casar, trufas con higos de Almoharín...

Pero la más grata sorpresa que en estos momentos depara la gastronomía cacereña es la tapería Bouquet. Tiene una carta que es una catarata de tentaciones: salmorejo de albaricoque y ola de queso, canelón de foie y melón al Pedro Ximénez, trampantojo de cereza y ajoblanco de maíz. todos estos entrantes entre 6.50 y 7 euros.

Del mar, llega el erizo coronado de huevos de codorniz, el pulpo lacado (espectacular presentación y pulpo de verdad, no rejos) o un bacalao al pil-pil que parece hecho en Bilbao. Emocionan el secreto ibérico con jarabe de regaliz y el magré de pato con glasé de mandarinas.

Tienen arroces y risottos con chipirones en su tinta, con zamburiñas o con rabo de toro (disfruté a cámara lenta, para que no se acabara nunca, una tapa de arroz de marisco con oreja de cerdo) y sorprenden las ensaladas de atún rojo con ficoide glacial y fresas y de chipirones con mahonesa de frutos rojos. De postre, el lingote de caramelo lácteo con nueces y chocolate blanco y el canelón de melón caramelizado y arroz con leche son. una pasada. En conclusión: los turistas saben comer y descubren lugares como este Bouquet, que te deja con la sensación de que, a veces, merece la pena comer fuera de casa y, a veces, la prensa extranjera tiene razón.