La mentira sincera engatusa a un Teatro Romano hasta los topes

De izquierda a derecha, Raúl Jiménez, Marta Guerras, María Barranco, junto a Paco Tous, Pepón Nieto, Canco Rodríguez y Angy Fernández en un momento de la obra. :: BRÍGIDO

Tras el éxito del estreno, 'La comedia de las mentiras' continuará en cartel hasta el martes para regresar el viernes y despedirse el domingo I La obra que dirige Pep Anton Gómez y encabeza Pepón Nieto gustó mucho a los cerca de 3.000 asistentes al estreno

MARTA PÉREZ GUILLÉN MÉRIDA.

Decía el actor de cine mudo cómico Buster Keaton que en el ritmo de la comedia siempre hay algo de precisión matemática. Una visión sobre el género teatral que también comparten Pep Anton Gómez y Pepón Nieto, y que no dudan en poner en práctica en cada montaje que defienden. Sobre todo en esos en los que se trabaja a fondo para encontrar la carcajada sin la menor presión del aburrimiento.

'La comedia de las mentiras', una de las obras más esperadas de esta 63 edición, que estará en cartel hasta el martes para regresar el viernes y despedirse del escenario romano el domingo 20 de agosto, responde a este esquema que ya parece infalible. Consiguieron saborear la ambrosía del éxito con 'El Eunuco' hace tres años y el día del estreno lo volvieron a hacer. No sin pegas, eso sí.

El cartel de 'no hay localidades' (y de seguro que no será el único), que se traduce en casi 3.000 personas, no hizo más que aumentar la expectación del montaje que produce el tándem Gómez y Nieto. Estreno al que acudieron también compañeros de la profesión como el actor Hugo Silva. Su entrada a la zona de orchestra provocó más de un suspiro.

Y aunque en la teoría la función parecía tener todos los ingredientes imprescindibles para que el 'dos de dos' fuera una realidad, faltaba por descubrir si la práctica con el factor público estaba a la altura de tan especiales circunstancias. Y más o menos así fue.

Si bien, como confesó el actor malagueño a este medio, el boom de 'El Eunuco' es una «de esas cosas que solo le pasan a uno una vez en la vida», el triunfo ha querido acompañarlo una vez más, aunque con una función menos potente que la anterior (las comparaciones siempre son odiosas), en una aventura que toma de nuevo como punto de partida el escenario romano y que, a juzgar por la escenografía, una gran plataforma y muebles estilo años 60 que más de uno estaría encantado de llevárselos a casa, llegará a otros teatros del país.

Risas y aplausos

Considerar que existe la receta exacta que derive en éxito y risas cuando se trata de comedia sería una afirmación, más que atrevida, insensata. Y los entendidos en esto de las bambalinas parecen coincidir en que no existe. Pero si así fuera, de seguro tendría mucho de la visión sobre el humor del director que firma junto con Sergi Pompermayer la dramaturgia y las dotes escénicas del elenco que encabeza Nieto. Quizás, el hecho de entender la comedia festiva a modo de vodevil como una partitura en la que está medido al milímetro cada golpe hilarante sea la clave.

El texto de nueva creación prometía ser un recorrido divertido y ameno de las obras más significativas del comediante Plauto. Aunque no es necesario recurrir a las comedias clásicas para entender la trama de la función, Gómez recuperó textos, escenas y personalidades de obras como Pseodulus o Miles Gloriosus para dar composición a los intensos enredos que encuentran su fundamento en un sentimiento tan universal, a la par que complicado, como lo es el amor.

Los líos de unos con otros, los encuentros y desencuentros, las medias mentiras y verdades, consiguieron captar la atención de los presentes sin mucha complicación. Hubo aplausos durante la representación y risas, muchas risas. De ahí que al finalizar la sentencia del público fuera más que previsible. Levantada masiva, aplausos y vítores a todo un equipo que aprovechó para inmortalizar el momento con una instantánea que contó con un fondo envidiable. El entusiasmo de los 3.000 espectadores.

Dos horas y diez minutos

Nadie podría poner en duda que el texto es una maravilla, o que el ritmo frenético impuesto sea incluso adictivo. Nadie. Como tampoco que en un teatro a la latina las dos horas y diez minutos que dura la representación pasarían volando. Pero no fue así en el Teatro Romano, por lo que en esta ocasión, la duración jugó en su contra. Y más cuando llegaban las pausas en las que los actores aprovechaban para mover de un lado a otro el mobiliario. Minutos contados en los que a uno le daba tiempo a pensar incluso en los quehaceres cotidianos.

Aun así merece la pena aguantar el tipo en el 'cómodo' graderío para disfrutar de esta nueva comedia y la interpretación brillante de un elenco de estreno. Todos menos Nieto debutaron en el Teatro Romano.

Estupendos estuvieron Raúl Jiménez defendiendo a Leónidas y Marta Guerras como Gimnasia. Al igual que Angy Fernández como Hipólita y Canco Rodríguez como Tíndaro, que consiguieron conectar con el público desde el primer minuto cosechando innumerables carcajadas.

Insuperable fue la aparición de Paco Tous, con susto incluido, como Degollus que ya podría ser un asiduo del escenario romano como también María Barranco, magnífica con una Cántara con mucha chispa y guasa. Aun así, el peso de la función y de los enredos recayó en su mayoría en el esclavo Calidoro. O lo que es lo mismo, en Pepón Nieto. El malagueño demostró una vez más lo mucho que se crece entre las columnas del Teatro Romano. Tanto que dio sentido al dicho 'no hay dos sin tres', lanzando una indirecta muy directa al director del Festival de Teatro, Jesús Cimarro.

Nieto quiere volver, y las entradas para los próximos días están prácticamente vendidas. Por lo que seguro que Cimarro, como mínimo, lo tendrá en cuenta. Habrá que esperar a si el tándem vuelve para apuntarse un 'tres de tres'.

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