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Amececa pide que la cárcel vieja se convierta en un centro cultural y solidario

Salida de la marcha desde la antigua prisión en Héroes de Baler. :: jr
Salida de la marcha desde la antigua prisión en Héroes de Baler. :: jr
  • 150 personas participan en el homenaje a los represaliados por el franquismo en Cáceres y recuerdan la figura de Blanca Vila Brú

La Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres (Amececa) aprovechó ayer la celebración de su marcha en homenaje a las víctimas y personas represaliadas por el franquismo para reclamar a las instituciones que recuperen ese espacio muerto y en desuso que es la cárcel vieja, la antigua prisión provincial. A Santiago Sánchez Mora le costó la vida en 1942. El que fuera presidente de la Diputación cacereña escribió cinco años antes unos versos que se recordaron ayer y de los que impresiona su tono desgarrador: «Dolor... Dolor de la cárcel (...) / Mil tormentos en mil hombres / y el dolor de los dolores».

Con esta jornada, Amececa pretende que no caigan en el olvido el medio millar de personas que, según sus cálculos, desaparecieron o fueron fusiladas ante un piquete militar y las 150 que murieron en prisión. José Hinojosa, vicepresidente de Amececa, habló de «miles de presos que fueron privados de libertad tras estos muros», en alusión a la antigua prisión, ya cerrada.

Hinojosa pidió su recuperación para convertir el edificio «en un centro cultural, deportivo, de la memoria, social y solidario» y, además, abierto a la ciudadanía. El inmueble pertenece a la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios (SIEP) y aunque el Ayuntamiento ha expresado su voluntad de que no se venda y pueda rehabilitarse la operación se cifra en unos 12 millones.

«Amececa tiene una propuesta y plantea la necesidad de darle uso. No podemos perder este edificio», recalcó José Hinojosa. El acto de homenaje a los represaliados arrancó con una marcha desde la cárcel al cementerio. Los organizadores estiman en unas 150 personas la asistencia. Se recordó la figura de Blanca Vila Brú. Fue presidenta del colectivo que impulsó el memorial por los represaliados en el camposanto cacereño. La familia de Blanca, ya fallecida, fue asesinada entre 1936 y 1938. Su gran satisfacción fue que los nombres de sus padres luciesen junto al resto de víctimas en el cementerio desde marzo de 2014.