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Los concejales asesinados y olvidados

La corporación municipal de Cáceres de la II República, con el alcalde Canales en el centro. :: s.e.
La corporación municipal de Cáceres de la II República, con el alcalde Canales en el centro. :: s.e.
  • La asociación Amececa ha pedido que se coloque en el Ayuntamiento una placa con el nombre de estos representantes de los cacereños

  • Además de al alcalde Antonio Canales, durante la Guerra Civil mataron a cuatro ediles socialistas

«Se sabe que al alcalde Antonio Canales lo fusilaron; pero mucha gente no sabe que también mataron a cuatro concejales socialistas. Se desconoce la historia de la ciudad», afirma al Diario HOY el historiador José Hinojosa, que es vicepresidente de la Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres (Amececa). La asociación ha pedido al Ayuntamiento que ponga en su sede una placa donde se indiquen los nombres y apellidos de los concejales asesinados.

Al describir el historiador y actual diputado regional del PSOE Fernando Ayala lo ocurrido en Cáceres en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, cuenta que la ciudad se dividió en cuatro distritos: Santa María, San Juan, San Mateo y Santo Domingo; cada uno de ellos elegía seis concejales. Tras contar los votos, el Ayuntamiento quedó formado por 11 ediles socialistas, 10 monárquicos y 3 republicanos. El más votado, con 546 votos, fue el socialista Canales que luego sería nombrado alcalde; el edil con menos votos, el monárquico Gabino Muriel, que logró 332.

La triste realidad de la historia de Cáceres es que de los once concejales socialistas, cinco fueron asesinados durante la Guerra Civil.

En la ciudad no hubo muertes en enfrentamientos registrados los primeros días de la contienda, pero luego fueron muchos los ejecutados a sangre fría. Cáceres pasó a ser zona nacional el domingo 19 de julio de 1936, justo el día en el que los cacereños tenían previsto decidir en referéndum si se pedía un préstamo de tres millones y medio de pesetas para realizar el abastecimiento de agua. Por la mañana militares y civiles proclamaron en la Plaza Mayor el estado de guerra, apoderándose del Gobierno Civil que entonces estaba en Santa María. Se nombró nuevo gobernador civil al comandante de la Guardia Civil Fernando Vázquez. Emplazaron una ametralladora en el Arco de la Estrella y otra en la Puerta de Mérida, mientras miembros de la Guardia Civil tomaron el Ayuntamiento, Correos y la cárcel.

El único altercado ocurrió en los alrededores de la prisión que entonces estaba en el edificio de la Audiencia Territorial (actual sede del TSJ de Extremadura) en la calle Nidos. Según algunos historiadores en la cárcel había 160 falangistas, y dirigentes comunistas acudieron a la cárcel desde San Blas para que no les dejaran libres. Llegaron tarde. Fueron recibidos a balazos por guardias civiles que les esperaban en la Plaza de las Canterías. Hirieron a tres comunistas y detuvieron a nueve.

Fue nombrado presidente de la Diputación el coronel de Infantería Carlos Montemayor, y el martes 21 de julio fue depuesto Antonio Canales como alcalde. Le sustituyó Manuel Plasencia Fernández, concejal monárquico. Canales entregó la alcaldía diciendo que lo hacía contra su voluntad, obligado por la fuerza, mientras que el nuevo alcalde tuvo palabras elogiosas para Canales, deseando que pronto volviera a formar parte de la Corporación.

Antonio Canales ingresó el 10 de agosto de 1936 en la cárcel de la calle Nidos. Allí estaban presos otros cuatro compañeros concejales socialistas: Jacinto Herrero Hurtado, que tenía 48 años; Cecilio Trejo Mateos (36 años), Juan Guillén Moreno (33) y Juan Antonio Sanguino Vaquero (62 años).

Manuel Veiga López (1935-2010) que fue presidente de la Asamblea de Extremadura y de la Diputación de Cáceres, contó de ellos en su libro 'Fusilamiento en Navidad. Antonio Canales, tiempo de República', que Jacinto Herrero fue primer teniente de alcalde, sustituyendo muchas veces a Canales como alcalde cuando éste fue diputado a Cortes, «mostró prudencia y no tuvo tentaciones de mayor poder a pesar de ser de ideología más extrema que Canales».

De Cecilio Trejo indicó que era de los concejales más activos, «consiguiendo ensombrecer las figuras intocables de Antonio Canales o Pablo Valiente, y agrupando en torno suyo a los militantes identificados con la línea estratégica de Largo Caballero». Considerado hombre peligroso por la derecha, sus intervenciones en los plenos provocaban reacciones encontradas, al hacer política desde perspectivas más radicales.

Juan Guillén Moreno era agente de negocios y representante de ayuntamientos, llegando a ser gobernador civil interino de Cáceres al triunfar el Frente Popular.

El cuarto, Juan Antonio Sanguino, destacó por su preocupación para que la educación pública no tuviera componentes religiosos.

Los cuatro concejales, junto a su alcalde, fueron detenidos pocos días después del alzamiento militar. El 15 de agosto, a las once de la noche, se presentaron en la cárcel un grupo de falangistas a las órdenes del Capitán Luna. Dijeron a tres ediles que se podían ir libres, a Cecilio Trejo, Jacinto Herrero y Juan Guillén. Éste último no salió de la celda al temer lo peor. Sus dos compañeros fueron asesinados al pisar la calle, cerca de la Plaza de las Canterías, en donde tenía su casa Cecilio Trejo. Dos días después, los falangistas 'pasearon' a los otros dos concejales socialistas.

Antonio Canales siguió penando en la prisión vieja hasta que le trasladaron a la entonces nueva, la de la calle Héroes de Baler, el 27 de julio de 1937. Sería fusilado el día de Navidad de ese mismo año, junto con otros 24 presos. Tenía 52 años. El día que los cumplió escribió a su familia: «De niño, de hombre y ya de viejo he conservado limpia y pura la única herencia que me dejó mi padre. Y esa herencia sólo consistió en honradez, rectitud y la vida material sustentada en el trabajo propio. Esa misma herencia os lego (...). Aceptadla, conservadla y mejoradla si os es posible. Así seréis dignos miembros de la gran Familia Humana y útiles a la sociedad».

Antes de ser fusilado, Canales se confesó con Elías Serradilla, párroco de Santa María. A él le dio lo único que tenía, 10 céntimos, diciéndole: «Déselos usted al primer pobre que se encuentre».