Hoy

La huella franquista que queda

Monolito dedicado al Regimiento de Argel.
Monolito dedicado al Regimiento de Argel.
  • La Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres solicitará al Consistorio la retirada de la Cruz de los Caídos

  • El Ministerio de Trabajo encarga un estudio para eliminar el yugo y las flechas del edificio de los sindicatos

Si tiene buena vista, prismáticos o una ventana bien situada podrá apreciar en la parte superior del edifico de los sindicatos, en plena avenida Primo de Rivera, un grabado con el yugo y las flechas. Es una de las últimas huellas franquistas que quedan en la ciudad.

Son pocas, pero todavía existen. Otro ejemplo. Ciudad Monumental, a pocos metros del hotel Atrio y del restaurante Torre de Sande se levanta el Palacio de los Golfines de Arriba, residencia del dictador entre el 26 de agosto y el 3 de octubre de 1936. Aquí, de hecho, fue nombrado jefe de Estado y generalísimo de los ejércitos. Hay una placa que lo recuerda en la fachada principal el edificio, a la vista de los turistas que pasean por el casco viejo.

Y en la Plaza de América, núcleo neurálgico de Cáceres, la Cruz de los Caídos permanece inamovible, convertida ya en un referente de localización en el callejero, tanto para conductores como para viandantes.

Con el 18 de julio asomando en el calendario, la eliminación de los vestigios franquistas se ha vuelto a poner de actualidad después de que Ahora Madrid, el partido liderado por Manuela Carmena, incluyera en su programa la revisión del callejero para depurarlo de referencias a esta época del siglo XX.

La Ley de la Memoria Histórica, aprobada en el año 2007, plasmó sobre el papel la obligación de las administraciones públicas para tomar medidas destinadas a la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos relacionados con la sublevación militar, la Guerra Civil y la posterior represión. Sin embargo, no especifica de manera explícita qué se considera un nombre franquista ni si el hecho de contar con otros méritos profesionales supondría valor suficiente para que el homenajeado en cuestión siguiera ostentando el nombre de un espacio público. El debate sigue abierto por este y otros aspectos.

«Una cuestión fundamental que se olvida en los debates sobre los símbolos franquistas es que una cosa es el contenido y otra el continente. Una cosa es el significado y otra el significante. En este punto se pierden políticos y expertos en heráldica, que ignoran o quieren ignorar con fines políticos que una cosa es la forma de un símbolo y otra el significado que la sociedad le da», apunta el cacereño César Rina, profesor e investigador de Historia Contemporánea en la Universidad de Lisboa. Es autor, además, del libro titulado 'La construcción de la memoria franquista en Cáceres'. Pone como ejemplo de su argumento el caso de la utilización del águila imperial en un escudo. «Puede tener una forma determinada que lo asigna a los Reyes Católicos, pero la sociedad en su imaginario lo relaciona con Franco. El debate sobre si es franquista o no es yermo, sin salida, porque es la comunidad la que dota de significado a los símbolos. De ahí su fuerza», apostilla.

Otra cuestión en la que el historiador pone la lupa es en el control simbólico del espacio que los diferentes partidos políticos han ejercido desde siempre. «A lo largo de la historia se han cambiado el nombre de las calles, símbolos e incluso héroes -unos han pasado de villanos a héroes y viceversa- según han ido cambiando los modelos de estado, los regímenes o los gobiernos. Cada gobierno o modelo de estado construye su relato imaginario justificador cambiando símbolos. Y que el sistema democrático o de la transición haga eso forma parte de la normalidad histórica», explica. «La pregunta es, y yo no tengo la respuesta, ¿cambiar a qué? ¿Qué nombres escoger? En este proceso entra el juego político, el uso público e intencionado del pasado y la memoria de la sociedad», dice César Rina.

Más allá de la teoría y de las interpretaciones, la realidad demuestra que todavía hay huellas franquistas en Cáceres. Una de las más explícitas es, sin duda, el grabado del edificio de los sindicatos, aunque, según la información a la que ha tenido acceso este diario, puede tener los días contados.

Encargado a un arquitecto

El Ministerio de Trabajo, titular del inmueble, ha encargado al arquitecto Edmundo Hernando Morán la realización de un estudio que proponga una solución técnica para retirar el yugo y las flechas del edificio de la avenida Primo de Rivera, teniendo en cuenta que se trata de una construcción protegida. De esta manera, el gobierno central ha respondido a la petición formulada el pasado mes de marzo por el Ayuntamiento para que eliminara este símbolo. Con esta petición, el Consistorio cumplía lo dispuesto en la Ley de la Memoria Histórica y, además, daba respuesta a la demanda judicial de que había sido objeto la alcaldesa, Elena Nevado, junto con los máximos representantes de otras 37 ciudades de España, por permitir la permanencia de vestigios de la Dictadura.

Desde la Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres (Amececa) avanzan que presentarán un escrito en el Ayuntamiento para que se proceda a la retirada de los símbolos que aún quedan en el callejero cacereño. «No son muchos porque la mayoría ya se quitó en su momento», indica el historiador José Hinojosa, vicepresidente de este colectivo. En su propuesta, avanza, harán especial hincapié en la retirada de la Cruz de la Cruz de los Caídos de su emplazamiento actual. Este tema ya se planteó en el Ayuntamiento en el año 2004, con José María Saponi en el sillón de alcaldía. Entonces, el pleno aprobó por unanimidad una propuesta de IU en la que se pedía una remodelación urbanística de la zona de la Plaza de América, con la retirada de la Cruz al cementerio y su sustitución por otro monumento en favor de la paz. 11 años después todo sigue igual.

«La Cruz se colocó en honor a los muertos por Franco, que tras la Transición cambió su letrero para aglutinar a los dos bandos. Fue el símbolo franquista mas importante de la ciudad y tiene más que ver con el nacionalcatolicismo de estética fascista que con la religión. La cuestión está en si ese significado ya lo ha perdido para convertirse en un lugar común, desideologizado para los cacereños o si mantiene su espíritu franquista», reflexiona César Rina.

Amececa también solicitará que se cambie el nombre de la calle Sánchez Herrero, dedicada a un comandante franquista de origen cacereño fallecido en Asturias, recuerda Hinojosa. El colectivo al que representa considera, además, que habría que borrar del callejero el parque de Calvo Sotelo.

El caso de Calvo Sotelo, explica César Rina, es un ejemplo de espacio público cuyo nombre fue cambiado por Franco pero cuya denominación se ha mantenido hasta el día de hoy al no considerarse en la actualidad franquista. «Calvo Sotelo era el líder asesinado de las derechas durante la II República. Luego coincidió que tuvimos un presidente de gobierno democrático con esos apellidos. Por eso no se cambió», ilustra el investigador.

Entre las huellas que aún permanecen está el monumento al regimiento de Argel -encargado de ejecutar el golpe militar en la ciudad- ubicado frente a la Plaza de Toros. En la iglesia de Santo Domingo hay una placa en honor a los irlandeses que estuvieron en Cáceres para apoyar a las tropas sublevadas en la Guerra Civil. En una de las fachadas de la Concatedral de Santa María se puede leer el nombre de José Antonio, fundador de Falange, grabado en piedra. Y la avenida de Alemania debe su nombre a los dos nazis que murieron en accidente de tráfico cuando se estaban formando en el Castillo de la Arguijuela.

Mención especial requiere el escudo imperial que hay en la Plaza de Conquistadores (Colón). En marzo de 2010 el Ayuntamiento lo retiró pensando que era un blasón franquista y los sustituyó por un escudo constitucional. Cuatro meses después, el Consistorio restituyó el escudo original al tratarse, en realidad, de un emblema de los Reyes Católicos. «Aunque es de los Reyes Católicos, cuando se coloca tenía una clara connotación franquista relacionada con la misión espiritual hispanoamericana de la raza española. De hecho, la plaza se llamaba de Falange», zanja César Rina.