«Hay señoras mayores que me abrazan porque ahora pueden leer las revistas»

El próximo mes de septiembre se jubila y deja libre la dirección que ha ocupado durante 37 años José Manuel Martín Cisneros Director del Centro de Educación de Adultos

MARÍA JOSÉ TORREJÓNCÁCERES.
«Hay señoras mayores que me abrazan porque ahora pueden leer las revistas»

José Manuel Martín Cisneros (Cáceres, 1950) ha ocupado durante los últimos 37 años la dirección del Centro de Educación de Adultos, ubicado en el edificio de la vieja Escuela de Maestría Industrial, en la calle Gómez Becerra. Casado y padre de una hija, se jubila el próximo mes de septiembre. No le faltarán ocupaciones, vaticina. Apasionado por la historia local, la cocina y la Semana Santa cacereña, hay quien ya ha pensado en él para optar a la presidencia de la Unión de Cofradías Penitenciales. Martín Cisneros habla con cautela. No quiere adelantar acontecimientos. Presume de haber dado clases a niños de cinco años y a mujeres de 90. El centro que dirige cuenta en la actualidad con 3.800 alumnos que llenan sus aulas para aprender a leer y escribir, obtener el título de graduado en Secundaria, preparar su acceso a la Universidad o adentrarse en el mundo de la informática. Tiene una memoria prodigiosa para recordar datos y fechas.

-¿Cómo fueron sus inicios profesionales?

-Empecé en el año 67 dando clases en el colegio Licenciados Reunidos, que antes estaba en esta misma calle, en Gómez Becerra, donde ahora está la Escuela de Música. Allí estuve dos cursos completos, incluyendo los veranos. Y luego, cuando comenzó el curso 69/70, convocaron las oposiciones de Magisterio. Entonces, dejé de trabajar y me puse a preparar las oposiciones y las aprobé. Ese mismo año, en septiembre, tomé posesión de mi plaza. Entré en la Campaña de Alfabetización en 1970 (se creó en el año 1963 con el objetivo de que los maestros y las maestras fueran por los pueblos para hacer una campaña directa de alfabetización). Estuve unos meses en Aliseda y Jaraíz de la Vera y luego me vine a Cáceres. Y en 1973 se creó el Programa de Educación Permanente de Adultos porque España tenía que demostrar en ese momento ante Europa que ya no había analfabetos y declaró extinguida la Campaña de Alfabetización. El Programa de Educación Permanente de Adultos se puso en marcha en el colegio La Montaña. Allí estuvimos desde el año 73 hasta el 84.

-¿Y cuándo se instalaron en este edificio?

-En el año 1985. En el 84 tiraron el colegio La Montaña para construir uno nuevo. Los niños del centro se fueron al Seminario y nosotros nos vinimos aquí.

-¿Cuántos alumnos han pasado por este centro desde entonces?

-Si nos ceñimos a los diez últimos años, por el centro han pasado 45.000 personas. Hemos tenido momentos en los que el centro ha contado con 4.500 alumnos en un solo curso. Tenemos grupos por la mañana, por la tarde y por la noche. Uno de nuestro grupos más mayoritarios está en la cárcel.

-Después de 43 años dedicados a la enseñanza, ¿qué se le pasa por la cabeza cuando piensa en la jubilación?

-Me voy con una gran satisfacción porque cuando empezamos en el año 1973 no teníamos dinero ni para comprar tiza. La comprábamos los maestros. No teníamos absolutamente nada. Éramos cuatro profesores y ni siquiera teníamos competencia para dar títulos. El centro estuvo en seis o siete ocasiones a punto de desaparecer.

-¿Qué ha sido lo más gratificante de su trabajo?

-Tenemos una función social muy importante. Enseñamos a personas que han salido del sistema, las volvemos a recoger y las reintegramos para que puedan conseguir un trabajo. Esta es una de las grandes satisfacciones que me ha dado este trabajo. La otra es ver que señoras mayores te abrazan, te dan un beso y te dan las gracias porque antes iban a la peluquería y veían los santos y ahora pueden leer las revistas.

-De no haber sido maestro, ¿a qué le hubiera gustado dedicarse?

-Yo creo que hubiera sido maestro siempre. También me hubiera gustado tener un restaurante.