Al rescate de la imagen del teleférico de la mina de La Jayona

Fotos de principios del siglo XX de la mina en las que el investigador ha situado los caballetes y otros elementos del teleférico. :: HOY/
Fotos de principios del siglo XX de la mina en las que el investigador ha situado los caballetes y otros elementos del teleférico. :: HOY

Un fuentelarqueño realiza la primera aproximación a este medio de carga que desapareció con la Guerra Civil

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

En 2017 la mina de La Jayona, al sur de la región, cumplió veinte años desde que fue declarada monumento natural. Este lugar ubicado en el municipio pacense de Fuente del Arco es uno de los cuatro que tienen esta categoría en Extremadura. De la antigua mina de hierro, cerrada en 1921, destaca su ecosistema gracias al microclima que hay alrededor de sus túneles y galerías. Su variada flora y una fauna no menos singular se subraya en cada visita. Pero hay detalles que asoman alrededor de esta montaña convertida en mina a cielo abierto que revelan mucha más información valiosa.

«Imagínate de niño, que en los resbaladeros se subían a las cubetas y desde abajo los veíamos pasar. Les decía adiós con la manina cuando tiraban para la mina». La frase da pie a la primera aproximación científica al funicular de la mina de Fuente del Arco, realizada por José Ignacio Jiménez Gordón, y procede de una de las pocas personas vivas que recuerdan su existencia.

Según el investigador, la historia del teleférico que sustituyó a los borricos de carga ayuda a entender el pasado del pueblo, cómo era exactamente este lugar que hoy recibe miles de visitantes anuales y qué grado de industrialización alcanzó esta parte de la región en el primer tercio del siglo XX. José Ignacio Jiménez Gordón, vecino de Fuente del Arco, se ha propuesto desentrañar un siglo después cómo era y qué fue del teleférico que a lo largo de seis kilómetros y medio transportaba el mineral hasta la estación de tren, un vestigio en el que apenas se ha indagado y que ahora ha vuelto a emerger a través de dibujos y reproducciones sobre fotografías reales.

«Me di cuenta de que si mi nieto me preguntara qué había aquí no sabría qué responderle»

«Me di cuenta de que si mi nieto me preguntara qué había aquí no sabría qué responderle» José Ignacio Jiménez Gordón | Geógrafo y arqueólogo

Jiménez Gordón estudió Geografía del Territorio en la Universidad de Extremadura. Ha ejercido diferentes oficios, desde albañil a camarero o profesor. En los últimos tiempos ha trabajado en Barcelona de arqueólogo. Sin embargo, la iniciativa de investigar cómo era aquel aparato que surcaba el cielo de su pueblo le viene porque él era de los que jugaba de pequeño por esta mina cuando era un lugar abandonado y misterioso.

Según cuenta, le eran familiares algunos indicios de unas estructuras que la maleza fue tapando con los años. «Un día empecé a imaginarme si el día de mañana mi nieto me preguntara qué había aquí y entonces me di cuenta de que no sabría qué responderle». Con esta reflexión José Ignacio aprovechó en 2018 un contrato de seis meses como guía turístico en la mina y en sus ratos libres, ayudado por restos de un reguero de material férrico, empezó a seguir la línea imaginaria de aquel teleférico que servía para llevar el hierro extraído hasta la estación de tren y que llegó a sacar 400 toneladas diarias de mineral. Sin embargo, este dato y algunos más es lo poco que se conoce de aquella estructura cuyo sistema fue importado a Extremadura desde las principales cuencas mineras europeas.

Seguimiento por el campo

Con las botas de campo, una cámara y jalón, José Ignacio Jiménez se propuso indagar en una parte de lo que fue el paisaje de su pueblo y que estaba cayendo en el olvido.

«Al hacer ese seguimiento por el campo empecé a ver estructuras con la misma argamasa o los mismos grosores y entonces empecé a situar las torretas o caballetes que sujetaban la línea del funicular. Al lado había como unos pozos y después de investigar por Internet llegué a la conclusión de que eran para las pesas que mantenían en tensión el cable y que servían para que las cubetas vacías subieran otra vez gracias a la gravedad de las que bajaban llenas, todo ello diseñado por unos ingenieros extranjeros que llegaron a Fuente del Arco a principios del siglo XX».

En la mina había minerales apilados como si se parara de golpe la producción. «Esto ocurrió por la Guerra Civil y entonces se dijo que Franco desmanteló la instalación para hacer camas en los hospitales, cuando todo el mundo supo después que sirvió para hacer metralla. Pero es que el pueblo también se llevó su parte de la mina. He encontrado desde poleas que han sido aprovechadas para pozos en Fuente del Arco a piezas del motor que movía aquel funicular»

Con un amigo ha ubicado cada torreta y ha ordenado toda la información que había diseminada sobre el tema. La ha agrupado en 116 páginas que incluyen dibujos, recreaciones y elementos que ayudan a entender un pasado industrial que en Extremadura suele quedar eclipsado por la actividad ganadera y agrícola.

Contexto histórico, estado actual de las estructuras del funicular, los trayectos establecidos para su prospección e incluso propuestas para un posible aprovechamiento como bien de patrimonio industrial son parte de su trabajo de investigación que ha llegado tarde por muy poco. Y es que la Junta de Extremadura ha presentado hace apenas unas semanas el libro 'oficial' sobre la mina de la Jayona, el cual pasa por alto mucha de la información relacionada con el teleférico que después recopiló este fuentelarqueño.

Recreación de por dónde pasaría el teleférico en la actualidad:: HOY
Recreación de por dónde pasaría el teleférico en la actualidad:: HOY

Además de entrevistar a la única persona que queda viva en el pueblo que recuerda aquel viejo funicular y fijar así un testimonio único, a Jiménez Gordón la búsqueda de información sobre este medio de carga le ha llevado a varias conclusiones. Una es que esta solución técnica fue más barata que la de hacer un monorraíl o ferrocarril de la época que salvara la orografía y cuyo coste se dispararía por tareas de mantenimiento o adquisición de vagones. También que el complejo de punta a punta estaba compuesto por dos cables, uno fijo más grueso de sujeción y otro móvil más fino para la tracción. O que para cambiar la dirección hubo que construir, al menos, dos estaciones de ángulo, ya que fue imposible proyectar el teleférico en línea recta debido a conflictos con propiedades privadas

También sabe que un par de generaciones antes que él sus paisanos divisaban desde el pueblo un funicular que iba y venía en una instalación que era la principal fuente de riqueza en la zona. Según señala en la introducción, «este informe es solo un breve trabajo, una primera piedra para que la historia de aquel cable aéreo que cruzó las tierras de Fuente del Arco no caiga en el olvido».