El tren de los engañados y el suicida Felipe Trigo

El tren de los engañados y el suicida Felipe Trigo

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

En la Redacción se habla de lo divino y de lo humano, y es curioso ver la manera en la que se van enlazando temas que tienen que ver con el pasado, el presente y el futuro de Extremadura. El lunes 25 de junio Salvador Guinea hablaba de lo impactante de una imagen de pasajeros del ferrocarril de Extremadura a Madrid, caminando por un erial bajo el calor del sol, cargados con sus maletas, huyendo de un tren en llamas.

–La foto es de premio, porque retrata el actual abandono que sufrimos en Extremadura. ¡Qué razón tiene la plataforma Milana Bonita! Los señoritos de Madrid quieren que nosotros sigamos siendo personajes de los Santos Inocentes. Teníamos que ir otra vez a protestar a Madrid disfrazados de Paco el Bajo, de Azarías, de Régula, de Quirce... Pero nada de estar en la Plaza de España quietecitos como la otra vez. Hay que hacer una gran manifestación por la Gran Vía. Yo me llevo en una cesta a la Pasionaria y a la Malinche. – dijo nombrando a sus dos gallinas, una roja y otra araucana que le da huevos azules, bajos en colesterol.

Luego María José Torrejón anunció que ya había salido la Memoria Anual del Instituto de Medicina Legal de Cáceres. Yo me la descargué para ver una realidad que siempre me llama la atención.

–¡Aquí está! El año pasado se suicidaron en la provincia de Cáceres 35 personas, hubo 7 muertes más por suicidios que por accidentes de tráfico, y seguimos hablando mucho de prevenir accidentes de tráfico pero casi nada de prevenir los suicidios. Mirar – dije mostrando los documentos –, aquí hay otra cosa que yo no entiendo. La mayoría de los suicidios son de hombres. De los 35 suicidas, 26 eran hombres y sólo 9 mujeres. ¿Por qué los hombres nos suicidamos más que las mujeres?

Empezamos a hablar de la cobardía o no del suicidio, de la curiosa asociación de Cáceres Qué Bonita es la Vida, que hace poco pidió a la Junta de Extremadura que elabore un Plan de Prevención del Suicidio, y recordé que el añorado periodista Sanjosé una vez me dijo que el suicidio que menos entendía era el de Felipe Trigo. Entonces decidimos que teníamos que leer más al extremeño que en un mes escribió la obra maestra Jarrapellejos.

Felipe Trigo, que nació en Villanueva de la Serena en 1864, se suicidó cuando estaba en la cumbre del éxito, el 2 de septiembre de 1916, con 52 años.

Federico Utrera en su libro 'Memorias de Colombine. La primera periodista', describe como a Colombine, seudónimo de Carmen de Burgos, le impresionó el suicidio de Trigo, del que reconocía su talento, aunque no le gustaba que hubiera criticado que ella se hubiera emparejado con Ramón Gómez de la Serna, porque ella era 20 años mayor que el autor de las greguerías. Colombine señala en el libro: «Era el escritor mejor pagado, publicó 32 ediciones de 19 obras diferentes y de esas 32 ediciones sólo 5 se vendieron a menos de 3,50 pesetas (...) Don Benito Pérez Galdos lleva publicadas 32 ediciones de 32 obras diferentes, pero su precio es más asequible, pues se venden a dos pesetas». Se quejaba de que ella no había hecho la fortuna de Trigo, «del que leí en La Esfera que confesaba ganar 60.000 pesetas al año, cuando Ortega y Gasset no pasa de las 3.500 como catedrático de la Universidad». Eso es lo que decía la famosa periodista que se murió teatralmente en 1932, a los 64 años, de una insuficiencia cardiaca cuando celebraba una reunión literaria en el Círculo Radical Socialista. Rodeada de gente sus últimas palabras fueron: «¡Muero feliz porque muero dentro del pleno triunfo republicano! Señores, griten ustedes conmigo: ¡Viva la República!». Y se murió.

No fue así la muerte de Felipe Trigo. Tomás Martín Tamayo ha escrito que el día que se suicidó se levantó especialmente activo, se acicaló con esmero, desayunó con su familia, paseó sus perros por los jardines de su casa Villa Luisiana en Madrid. Luego recorrió todas las dependencias de la casa, besó a su mujer y a sus hijos, y se encerró en su despacho en donde con un revólver se disparó en la sien derecha a las once de la mañana.

Ahora hay médicos que aseguran que ese suicidio se podía haber evitado si se hubiera tratado bien su grave trastorno bipolar.

Lo cierto es que varios de nosotros empezamos a leer algunas de sus obras: Manuel Caridad escogió 'En la carrera', una novela autobiográfica en donde cuenta sus vivencias cuando estudiaba medicina en Madrid, alrededor de 1883, antes de que se casara con 22 años en 1886.

El viernes por la mañana en la Redacción también comentamos que el presidente extremeño Guillermo Fernández Vara, se había entrevistado el día anterior con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, al que le enseñó la foto de los pasajeros del tren en el erial. El presidente Vara dijo claramente que no podía haber españoles que recorrieran 250 kilómetros en tren en media hora y otros lo hagan en ocho horas. «Tiene razón. Yo creo que le van a hacer caso en Madrid», dijo Manuel Caridad.

En el periódico tenemos distintos horarios. Los del digital, como Caridad, hay veces que comen en la Redacción para ahorrar tiempo. Él suele leer un libro en su mesa antes de volver al trabajo a editar noticias. Ese viernes, cuando entré a primera hora de la tarde, el compañero juraba en arameo.

–¡Siempre nos han tomado el pelo! – Gritaba mientras tenía el libro de Trigo en la mano.

–¿Qué te pasa? –Le pregunté.

–Mira. Aquí cuenta como Felipe Trigo (Esteban en la novela) viaja en tren por primera vez para ir de Badajoz a Madrid a estudiar Medicina y monta en un tren al que la gente llama 'el rápido'. Aquí escribe que el joven 'por primera vez hacíase cargo de que Badajoz no era un aislado rincón donde él hubiera pasado preso de cariños su niñez, sino un pueblo que estaba abiertamente en los caminos de la tierra'. En el viaje un revisor le abre los ojos y le dice que a ese tren le llaman 'el rápido' de cachondeo, porque el viaje de Badajoz a Madrid duraba ¡20 horas! y que en realidad el tren, oficialmente, se llamaba 'correo mixto' porque iban personas y animales de cuatro patas, y le animó a que se asomara por la ventanilla para ver jaulas de borregos. Ya cerca de Madrid Esteban ve otros trenes que para nada tienen que ver con el de Extremadura. Aquí lo escribe, en la página 32: 'Otro tren, en otra línea, apareció a lo lejos, también a escape. Era de coches enormes, con una locomotora rara y colosal... Algún exprés. Esteban deploró que teniendo otras provincias estos trenes, la suya, únicamente, por todo lujo, tuviera un correo mixto'. ¿No lo ves? ¡Llevan siglos engañándonos! Dile a Guinea que coja a la Pasionaria y a la Malinche. ¡Vámonos a Madrid! ¡A tomar la Gran Vía!

 

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