El rap de Iván Redondo

Monago durante un mitin de las autonómicas. :: hoy/
Monago durante un mitin de las autonómicas. :: hoy

En Extremadura, no se entiende el fichaje sorpresa de Pedro Sánchez

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Hasta los 20, asistí a mítines; hasta los 30, di mítines; desde los 30, cuento mítines. Me gustan los mítines políticos. Sé que han quedado anticuados, pero en ellos, el candidato y el ciudadano se conocen de cerca, se tocan, se hablan... Los mítines son como el fútbol en directo comparado al fútbol en televisión: la parte viva de la política.

Últimamente, los mítines recurren al estilo Club de la Comedia. Todo vale con tal de que el público asista a un espectáculo divertido. Uno de los primeros que adoptó esa estética fue Guillermo Fernández Vara. En su primera campaña electoral como candidato a presidente de la Junta, se reunía en las ciudades con los activistas culturales y el acto tenía escenografía de monólogo: se solía celebrar en un pub, en Cáceres, fue en el Aldana, y Vara hablaba solo en el escenario, cercano y directo, sentado en un taburete alto como acostumbraban a hacer en aquel tiempo Quique San Francisco o Eva Hache.

He asistido a mítines con candidato tocando la guitarra, a mítines en los que el candidato hacía preguntas a los asistentes, casi los examinaba, a mítines-baile y a mítines-verbena, a mítines-comida y a cenas-mitin, a mítines-plasma y a mítines-plasta y hasta a un mitin de Fraga en Salamanca con el servicio de orden de Fuerza Nueva sacando navajas automáticas para intimidar a los revoltosos.

Pero de todos los mítines que he dado, he recibido y he contado, el que más me ha hecho alucinar fue uno de José Antonio Monago en la plaza de España de Mérida. ¡Una pasada! Aquello sí que fue un monólogo de club. Antes de que apareciera el candidato, unas chicas raperas, desastradas 'come il faut', hicieron las delicias del público que llenaba la plaza. Unas delicias heterodoxas porque yo miraba a los lados y lo que veía era a señoras «ojipláticas», que se preguntaban qué era aquello y meneaban la cabeza como diciendo lo que hay que hacer para ganar unas elecciones.

Después comenzó el mitin de Monago y, la verdad, yo nunca me había reído tanto ni me lo había pasado tan bien en un acto político. El candidato estuvo ocurrente, hizo comparaciones graciosas y no dejó ni un resquicio al aburrimiento. Allí todo era tensión dramática o cómica. Tanta que, en un momento del mitin, mientras Monago se paseaba por el centro de la plaza, con un micro de diadema, de lado a lado, comentó algo sobre lo feliz que era recorriendo Extremadura y dijo que era tan feliz como un servidor, para después preguntar por mí, que dónde estaba. Se pueden imaginar mi desazón. Reaccioné como el niño pillado en falta en el colegio y levanté la mano. Solo me faltó decir: 'Aquí estoy, profe'.

Lo dicho: ¡una pasada! Pero Monago perdió las elecciones. Detrás de aquel mitin inenarrable, que formaba parte del gran espectáculo 'El PP deja la derecha y se escora hacia el centro', estaba el especialista en estrategia e imagen política Iván Redondo. Su propuesta fracasó electoralmente, pero tras su paso por Extremadura, el PP se ha sacudido su imagen de derecha trasnochada de rancios señoritos 'repeinaos'.

Ahora es Pedro Sánchez quien ha contratado a Iván Redondo para que le diga cómo hacer para acabar con su punto débil: fue un candidato centrado y ahora se ha escorado a la izquierda, pero la gente no acaba de creérselo. Me cuentan que Redondo estuvo flirteando con Pablo Iglesias. Pero el dilema de Iglesias es irresoluble: o convierte Podemos en un partido clásico y pierde encanto o mantiene su estructura fragmentaria y se estrella, y Redondo no lo ha debido de ver claro.

En el resto de España, este fichaje pasará desapercibido, pero a los extremeños nos ha dejado helados porque Redondo cometió el error de casi formar parte del gobierno de Monago y ahí dejó de ser un estricto profesional de la imagen para venderse por un plato de poder. Por eso no entendemos a Sánchez. Aunque igual lo vemos en los mítines arrancarse con un rap y nos lo explica todo.

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