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Una oleada de robos en la calle Rafael Lucenqui alarma a los comerciantes

Alberto Monje Cerrato señala la ventana por la que han intentado entrar los ladrones.
Alberto Monje Cerrato señala la ventana por la que han intentado entrar los ladrones. / JOSÉ VICENTE ARNELAS
  • Los ladrones logran entrar en seis establecimientos y lo intentan en otros cuatro en menos de un mes

La peluquería Susi, el zapatero Poli, la Granja El Cruce, la papelería Martínez, la inmobiliaria Área 73 y el bar Refugio. Los cacos han entrado en todos estos comercios ubicados en la calle Rafael Lucenqui y aledañas (barrio de Santa Marina) en menos de un mes. En todos han entrado y han robado. En otros muchos lo han intentado. La noche de este lunes en la carnicería Casaseca, la noche del martes en la carnicería Alberto, el viernes pasado en la tienda de manualidades Tardes de Lluvia, hace menos de un mes en la inmobilaria Zona Urbana... Los comerciantes están alarmados y angustiados. Se sienten impotentes por esta oleada de robos que no alcanzan a entender porque se trata de comercios de barrio, con objetos de poco valor. Reclaman más presencia policial.

A Alberto Monje Cerrato, de la carnicería Alberto en la calle San Isidro, le tocó en la madrugada de ayer. Al llegar a su local vio que le faltaba el cristal superior de la puerta. Es una ventana que llama 'respiradero' y que mantiene abierta en horario comercial. La desplazaron, pero quedó enganchada. No pudieron entrar. La Policía Nacional tomaba huellas en la mañana de ayer.

En la Carnicería Casaseca, Miguel Ángel se encontró desmontado el cerrojo de la cancela en la mañana del martes. Lo rompieron para desbloquear el sistema automático que levanta la persiana. El propietario no se explica cómo dejaron ese trabajo así sin llegar a entrar. «Seguramente verían a alguien o no lograron desbloquearla».

Esa misma noche robaron en el pub Refugio. Su propietaria es Estefanía Lorenzo, quien se muestra sorprendida de que nadie oyera nada durante el robo. Los ladrones reventaron dos cerraduras de seguridad y una máquina de tabaco. Se llevaron dinero en efectivo. Aún le dura el susto, pero tiene claro que los comerciantes no se pueden dejar llevar por el miedo. «Debemos estar serenos, que se puedan aprovechar de nuestro miedo», dice.

En la papelería Martínez están cambiando la puerta por una con mayor seguridad y una nueva cancela. Incluso, Manuel Martínez, uno de los dueños, pasó la noche del martes durmiendo dentro. Le daba miedo que volvieran a entrar aprovechando la obra. Han intentado robar en tres ocasiones y lo lograron la última, hace un mes. Aquel día los ladrones quitaron la cerradura. Por eso Marisol, la hermana de Manuel, confiesa que están asustados. Se llevaron el cambio de dos cajas registradoras y todo con lo que pudieron arramplar: mochilas, lápices, gomas, compases, calculadoras...

Hipólito Delgado pegaba ayer suelas de zapatos mientras contaba que la noche del 7 al 8, la de hace dos viernes, se llevaron de su taller lo que pudieron. Una máquina pequeña que hace réplicas de chips para llaves de vehículos y puertas de garaje automáticas. Y un billete falso de diez euros que le habían colado y él había colgado de un corcho junto a otras notas. Y tres cervezas de su nevera. El resto, todo mezclado y tirado por el suelo de Reparaciones El Poli.

Uno de los primeros locales donde robaron fue la inmobiliaria Área 73, en la calle San Isidro. Su propietario, Ángel Sotoca, puso la denuncia por robo el día 19 de septiembre. Se llevaron dos ordenadores y dos cámaras de fotos, pero cree que buscaban dinero. Se encontraron todos los documentos revueltos y los archivadores en el suelo. Quitaron el bombín de la cancela de cuajo. «A los dos días robaron en la peluquería», dice.

La peluquera es Susi, que perdió bastantes productos durante el robo. Ese día había recibido un pedido de perfumes y productos cosméticos. Se llevaron también tenacillas, varias planchas, las maquinillas de pelar a los hombres, una tablet y un ordenador. «Creo que estaba vigilada porque no es normal que me roben el mismo día que recibí el pedido», dice desde su peluquería en Héroes de Cascorro, justo a la vuelta de Rafael Lucenqui. En su caso, además, arrancaron la cámara de seguridad que tenía dentro del local y la dejaron sobre la caja registradora. «Llevo 30 años en esta calle y nunca ha sido así, casi todos los días hay robos. Estamos esperando soluciones por parte de la Policía».

Lo han intentado en otros

Los ladrones han intentado entrar en muchos otros establecimientos. Lo habitual es que el día que traten de robar lo intenten en más de un establecimiento. Por eso, son muy pocos empresarios los que no se han sobresaltado al encontrarse su puerta abierta. Le ocurrió a Rafael Rodríguez, de la inmobiliaria Zona Urbana. Ayer por la mañana colgó un cartel de su puerta advirtiendo que allí no hay dinero. Se encontró la cerradura manipulada y una chapa de la puerta tirada en el suelo hace varias semanas. Ha tomado precauciones, como no tener dinero nunca en el local y pasar por su puerta si está en la calle antes de volver a casa. Incluso los fines de semana.

Tardes de Lluvia es una tienda de artesanía. Organizan talleres, venden papeles decorados, piezas de madera, chapas, pinturas... A pesar de que el material es barato, han intentado entrar en dos ocasiones. Rompieron la cerradura el día 7, pero no consiguieron abrir la puerta. «¿Qué se pueden llevar de una tienda de manualidades? ¡Si aquí no hay nada de valor! Ni siquiera hay cambio porque la gente está acostumbrada a pagar con tarjeta», dice Carmen. Este comercio está en la calle Nicolás López de Velasco, una de las perpendiculares a Rafael Lucenqui. Aquel día robaron en la Granja el Cruce.

Los comerciantes tienen miedo. Y aquellos a los que no han robado pasan las noches en vilo, pensando que a la mañana siguiente se encontrarán su local desvalijado. Antonio Calderón, de la joyería, se pasó la noche de ayer mirando las cámaras de su negocio a través de su teléfono móvil. Sol Morán, de la herboristería, se levanta de su cama a las 3, las 4 y las 5. Siente desazón e impotencia. Y cuando cierra la tienda de su negocio comprueba tres veces que ha echado bien los cerrojos.