Eusebio, el abuelo que enseña a su nieto cómo mejorar Cáceres

Es el «ciudadano desconocido» que colocó carteles en las farolas antiguas del Paseo de Cánovas para pedir que las pinten

Eusebio y Lucas junto a una de las farolas antiguas de Cánovas./Jorge Rey
Eusebio y Lucas junto a una de las farolas antiguas de Cánovas. / Jorge Rey
María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Se llama Eusebio Rodríguez Rodríguez y es el «ciudadano desconocido» que colocó el pasado 10 de febrero carteles en las tres farolas más antiguas del Paseo de Cánovas para llamar la atención sobre su mal estado y solicitar una mano de pintura para ellas. Su iniciativa, de la que este diario se hizo eco el pasado domingo, es solo una de las lecciones de civismo, explica, que intenta transmitir a su único nieto, Lucas Benito, un alumno de nueve años del colegio Alba Plata.

Abuelo y nieto están muy unidos. Son habituales sus paseos por la ciudad, sobre todo por el Parque del Príncipe, donde es fácil verlos retirando las hojas secas que caen y afean las fuentes del recinto y donde han llegado a contar, cinta métrica en mano, la distancia que hay entre el primer surtidor y el último. «Son 837 metros», detalla Eusebio mientras despliega un plano lleno de anotaciones.

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Hace poco María, una de sus hijas, se apuntó a la visita 'Cáceres para cacereños' organizada por la asociación de guías-historiadores de Extremadura. Aquí descubrió que en Cánovas existían tres farolas antiguas, instaladas a comienzos del siglo XX. Sabedora del interés que despierta en su padre todo lo relacionado con la historia de la ciudad, se lo contó. Y Eusebio no tardó en ir a conocerlas.

«Un sábado le dije al niño: 'vamos a ver si encontramos las tres farolas de las que nos ha hablado tu tía, que son centenarias'. Y dimos con ellas». rememora. Sin embargo, no les gustó el estado en el que se encontraban, cubiertas de óxido. «Y, además, están muy escondidas», precisa el abuelo.

«Pensé que era una pena que muchos cacereños no las conocieran y que, con el tiempo, se lleguen a estropear y a caerse», admite. Así que decidió pasar a la acción y pegó tres carteles, uno por farola, para llamar la atención. El texto decía: «Farola centenaria, fabricada en Sevilla por la empresa J. Miró y Cía. Colocada en el parque hace más de cien años. Necesita ser pintada para mantener su conservación, para contemplación de los cacereños presentes y del futuro. (Un ciudadano desconocido)».

Esta firma anónima, cuenta Eusebio, tiene su historia. Hay que remontarse a la época en la que se marchó a trabajar a Cataluña, donde estuvo desde los 18 a los 28 años. «Estando en Ripoll, los domingos salía con los amigos a tomarnos el vermú. En el bar leía 'La Vanguardia'. Había un señor que todas las semanas mandaba una carta al periódico y firmaba así: ciudadano desconocido. Y se me quedó», explica.

Tras colocar sus carteles, vio la información publicada en este diario, bajo el titular 'El guardián anónimo de las farolas de Cánovas'. «Me emocionó pero, sobre todo, me alegró. Pensé que habíamos encontrado el camino para que pudieran arreglar las farolas. Y dije: 'Va a ser la forma de que el Ayuntamiento se fije en ellas'», confiesa.

No andaba demasiado desencaminado Eusebio. Tras la publicación del reportaje, ha trascendido que la empresa cacereña Eléctricas Pitarch, a petición de la Concejalía de Cultura, sufragará la restauración de las tres farolas. La intervención tiene un presupuesto de 6.000 euros y será ejecutada por Patricia Penis Rentero. Las farolas serán desmontadas por los operarios de la brigada municipal de obras y se trasladarán al taller de restauración. Después, se colocarán en un lugar más visible al actual, donde la vegetación las mantiene ocultas para la mayoría. La previsión es que regresen al Paseo de Cánovas antes del verano.

Conserje en Diputación

Eusebio nació en Cáceres en 1937. El mes que viene cumplirá 82 años. Se quedó huérfano cuando era muy pequeño e ingresó en el antiguo colegio San Francisco de la Diputación, conocido popularmente como el hospicio. Después residió durante diez años en Cataluña. Y fue a su regreso a Cáceres, revela, cuando descubrió la belleza de la ciudad. Gran parte de su vida laboral ha estado vinculada a la Diputación Provincial, donde ejerció como ordenanza y después como conserje durante 29 años. Aquí se ofreció voluntario para mostrar a los turistas el Palacio Provincial.

Entre este abuelo y este nieto existe una conexión muy especial. «Empecé enseñándole la parte antigua. Le llevo a exposiciones y museos y nuestros paseos por el Parque del Príncipe son un vicio», admite Eusebio. La de las farolas no ha sido su primera misión conjunta. El pasado verano enviaron una carta al Ayuntamiento en la que pedían que se suprimiera una plaza de aparcamiento situada en la calle José Luis Cotallo porque obstaculizaba la visión de los conductores y de los viandantes que utilizaban un paso de peatones próximo para acceder al Parque del Príncipe. Lo consiguieron, presumen. Bravo por ellos.