Cuando todo un pueblo compra en media hora

Más de una veintena de núcleos de población de la región carecen de comercios y sus vecinos dependen de tiendas móviles para llenar su despensa

Vecinos de Ovejuela ante la tienda móvil que acude a su localidad dos veces por semana. /David Palma
Vecinos de Ovejuela ante la tienda móvil que acude a su localidad dos veces por semana. / David Palma
José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

Hay lugares en los que el ritmo de vida viene impuesto por el claxon de las furgonetas que vienen de fuera. «Yo estaba en la cama y me he vestido rápido cuando he oído la bocina para llegar a comprar», dice Berta, una vecina de Ovejuela mientras espera su turno ante la tienda móvil de Sergio Garrido. «Y hoy hay poca gente, porque es primer miércoles de mes y se hacen análisis en el centro», apostilla Mini, que a los pocos minutos regresa enfadada hacia su casa porque, después de ir en ayunas, no le han podido hacer la extracción de sangre ya que la enfermera no ha acudido a trabajar. «Que avisen», protesta. «Llevamos casi 20 años sin tienda en el pueblo, ya nos hemos acostumbrado, los problemas de verdad son los del médico, porque ahora tenemos que esperar otro mes para los análisis», insiste.

Las prisas de Berta están justificadas. La puerta lateral del camión, tras la cual se encuentran dos cámaras refrigeradas con paredes transparentes para que los clientes puedan ver su interior, no está levantada más de media hora en cada sitio en el que aparca el vehículo. En varios puntos de la ruta ese tiempo es bastante más reducido.

Ovejuela es uno de los muchos núcleos de población de Extremadura en los que no hay tiendas de alimentos o de productos de primera necesidad. Sí hay un bar para los cerca de 60 vecinos que residen en esta pedanía de Pinofranqueado. Normalmente, Sergio toma café en ese establecimiento antes de continuar su recorrido por las pequeñas localidades diseminadas por el entorno del río Esperabán. Pero hoy el bar está cerrado y tiene que prescindir de esa breve parada.

La propietaria del establecimiento de hostelería no está en el pueblo, pero no se queda sin su compra. Encargó sus productos el día anterior y otra vecina recoge las bolsas que ya estaban preparadas. «Ya pagará otro día, aquí no hay problema», comenta Sergio.

Él hace entre 55 y 90 kilómetros todos los días, dependiendo de la ruta, algunas jornadas con el camión y otras con la furgoneta. Siempre comienza en Pinofranqueado, donde está su almacén. «Los miércoles es la más larga, porque voy a todas las pedanías; empiezo sobre las nueve de la mañana y acabo cerca de las cuatro de la tarde», dice. Lleva seis años haciendo este trabajo, pero antes que él lo hicieron su cuñados, ya que la familia de su esposa es la dueña de una tienda física de Covirán en Pinofranqueado. «Esto empezó con el abuelo de mi mujer, que traía el pan desde Pinofranqueado en burro y lo dejaba en una tienda que ya no existe», cuenta.

Sergio Garrido atiende a los clientes de Ovejuela desde su tienda móvil, en la que aprovecha al máximo el espacio.
Sergio Garrido atiende a los clientes de Ovejuela desde su tienda móvil, en la que aprovecha al máximo el espacio. / David Palma

Ahora, la variedad de productos es mucho más amplia, aunque el pan y la leche son los más vendidos. En el camión, aprovechando al máximo el espacio, en el que también tiene que reservar un hueco para el ordenador y el lector de códigos de barras, lleva fruta, productos lácteos, bollería, cortes de carne, azúcar o arroz, pero también lejía, pilas o palos de fregona. Todo lo que se puede necesitar en una casa. Y lo que no tiene, se encarga para el día siguiente. «Si queremos pescado fresco, lo pedimos; eso o cualquier otra cosa que necesitemos, solo hay que ser un poco previsores», apunta Teresa Sánchez, que también reside en Ovejuela.

Sergio apunta las demandas de sus clientas, porque sobre todo son mujeres las que se acercan a comprar. «¿No te vas a ir hasta que lo anote, verdad?», bromea con una de ellas en Pedro Muñoz, otra de las alquerías de la zona.

En este pequeño pueblo viven una treintena de vecinos. Algunos de ellos no se acercan al camión y hacen la compra a distancia, principalmente el pan. Al lado del lugar en el que se suele situar la tienda móvil hay una leñera con varios clavos en la pared. De ellos cuelgan bolsas de tela que parecen vacías. Sergio las recoge y busca en su interior hasta que extrae varias monedas. «Con el dinero que hay, ya sé el pan que tengo que dejar», explica. Incluso en una de ellas hay un breve listado de productos, que él también deposita con cuidado. Otra compra que fía sabiendo que tampoco dejará de cobrarla.

En total, menos de una decena de personas han pasado por la tienda en Pedro Muñoz y la lluvia es el tema de conversación. La preocupación es que afecte a las cerezas, principal fuente de ingresos, junto a los olivos, del territorio.

La media de edad de las clientas es elevada. No es casualidad. El envejecimiento de sus habitantes y la despoblación son los principales males que afectan a las localidades y a la comarca. «Se nota que los pueblos se van quedando sin gente; antes se vendía mucho más», dice Sergio, sentado al volante de su camión.

En Ovejuela no vive ningún niño pequeño. Los residentes más jóvenes rondan la treintena. Sí hay tres niños en edad escolar en Pedro Muñoz, donde no hay escuela y los padres llevan a sus hijos a Pinofranqueado, que es uno de los municipios más grandes de Las Hurdes.

«Casi todo lo compro en la tienda móvil, no suelo desplazarme a otros establecimientos»

«Casi todo lo compro en la tienda móvil, no suelo desplazarme a otros establecimientos» Leonarda Sánchez, Vecina de Robledo

«Si queremos algo, lo encargamos y al día siguiente lo tenemos, hay que ser previsores»

«Si queremos algo, lo encargamos y al día siguiente lo tenemos, hay que ser previsores» Teresa Sánchez, Vecina de Ovejuela

«Aquí hace mucho tiempo que no tenemos comercios, por lo menos 20 años»

«Aquí hace mucho tiempo que no tenemos comercios, por lo menos 20 años» Mari Cruz Vázquez, Vecina de Pedro Muñoz

Hasta allí también acuden los vecinos de la zona cuando tienen intención de hacer una compra más grande. «Y aprovechamos cuando vamos a Plasencia por algún tema médico», según Mari Cruz Vázquez, vecina de Pedro Muñoz, que no recuerda con claridad cuándo se quedó sin comercios esta alquería de Casar de Palomero. «Más de 20 años, seguro», trata de rememorar. «Yo no he conocido ninguno abierto», se encoge de hombros el único varón de la cola, que supera con facilidad la treintena de años.

Más productos

El camión de Sergio no es el único que recorre las alquerías de Pinofranqueado. «Los jueves viene el de los congelados», detalla María Milagros, que reside en Mesegal.

Hace más de dos décadas que no hay tienda en esta pedanía de unos 25 vecinos. «Hay más gente empadronada, pero no vive aquí», señala Paco, que está esperando a que deje de llover para continuar su trabajo y aprovecha para comprar una docena de huevos.

Cuatro ventas rápidas y continúa la ruta de Sergio, que conoce por el nombre a la inmensa mayoría de las personas que se acercan a comprar. Su siguiente destino son dos domicilios particulares, por los que pasa casi todos los días. En ambos siempre vende pan y algún otro producto, como comida para gatos, que también lleva en el camión.

Una de estas paradas es en la casa de Leonarda Sánchez, clienta de esta tienda móvil desde hace varios años. Antes residía en Robledo, pero ahora vive a las afueras de Pinofranqueado. «Yo casi todo se lo compro a él», reconoce señalando a Sergio. «No suelo desplazarme a otros establecimientos», apostilla.

La existencia de otros vehículos con productos más específicos ayuda a los habitantes de las pequeñas poblaciones en las que ya no hay tiendas. Gargüera, en la comarca de La Vera, se quedó sin tienda hace algo más de medio año. Los jueves se instala en su plaza la pescadería Hermanos Ruano. De esta forma, los vecinos pueden comprar pescado fresco sin tener que desplazarse a otros pueblos.

Detrás del mostrador de esta tienda móvil, que está habilitada con todo lo necesario para la atención a los clientes, se encuentra Jon Andoni Ruano. Normalmente acude a un solo pueblo al día, aunque la jornada en la que se sitúa en Gargüera pasa parte de la mañana en Barrado, ya que son municipios más pequeños. Precisamente, Gargüera es el único pueblo en el que se instala Jon que carece por completo de tiendas, en el resto hay comercios, pero no pescaderías. Lleva ocho años dedicado a esta tarea, pero nota que las ventas disminuyen poco a poco. «La idea es abrir una tienda física en Malpartida de Plasencia, desde donde inicio el recorrido todas las mañanas», relata Jon, que apostilla que lo que más vende son sardinas, merluza o boquerones. «En Extremadura el pescado no es lo que más se compra», lamenta.

Igualmente, la carne y los embutidos llegan hasta Gargüera gracias a la venta ambulante. Algo que no sucede en Collado de la Vera, donde desde el Ayuntamiento confirman que hace años iba una furgoneta con distintos productos desde Jaraíz, pero que cuando se jubiló su dueño, los vecinos perdieron este servicio y tienen que comprar todo fuera del pueblo. Lo mismo ocurre en Pajares de la Rivera, que depende de Riolobos, donde tampoco hay tiendas.

Jon Andoni instala su pescadería cada día en un municipio.
Jon Andoni instala su pescadería cada día en un municipio. / David Palma.

Berrocalejo o Campillo de Deleitosa son otros ejemplos de localidades que no disponen de comercios y cuyos vecinos deben hacer frente a esta incomodidad.

Pan

Furgonetas rotuladas de empresas de panadería son habituales por las carreteras comarcales que unen los pueblos extremeños. En muchos casos, los panaderos aprovechan las rutas de reparto a las tiendas para vender directamente en los núcleos de población que pueden quedar desabastecidos por la ausencia de negocios.

Esto sucede en Trevejo, en Sierra de Gata, o en Cachorrilla, de la mancomunidad Rivera de Fresnedosa, a los que todos los días acude algún panadero. Este último pueblo también está en los recorridos de un camión que transporta y vende productos congelados, pero para la mayor parte de las necesidades sus habitantes se deben desplazar hasta Coria.

La provincia de Cáceres es la que más núcleos de población tiene afectados por la falta de tiendas. Benquerencia no es el único pueblo sin comercio de la comarca Sierra de Montánchez, que está en las rutas de empresas reparten alimentos a domicilio por encargo.

Las Hurdes, debido a las numerosas alquerías que componen su territorio y a su lejanía de grandes poblaciones, es una comarca en la que la venta ambulante, más allá de los tradicionales días de mercado, goza de gran protagonismo.

En la pequeña plaza que tiene Fragosa, el último punto de esta localidad hurdana al que se puede acceder en coche, escasean los huecos para aparcar en las proximidades del mediodía. «¿Te vas ya, Manuel?», pregunta alguien desde una furgoneta blanca con la intención de ocupar el espacio para ofrecer sus productos. Un vehículo muy parecido tiene el destinatario de la cuestión, Manuel Sánchez, que asiente con la cabeza mientras baja de su tienda rodante desde la que vende dulces, principalmente. «Salgo de Béjar (Salamanca) y hago la ruta por esta zona una vez a la semana», especifica el propietario de la empresa Dulces Manolo, que tampoco tiene un punto de venta fijo y cada día se hace cerca de cien kilómetros. «Papel higiénico y otros productos de primera necesidad son otras de las cosas que traigo», aporta, consciente de que varios de los pueblos en los que se detiene carecen de otros establecimientos.

Para los vendedores no es sencillo cuadrar el presupuesto mensual. Los gastos son cada vez mayores gastos, como el de la gasolina, y el descenso de la ventas que causa la despoblación va en aumento. «Si mis ingresos dependieran exclusivamente de los beneficios de la tienda móvil, tendría que buscar otro empleo», afirma Sergio, mientras conduce hacia Mesegal, su segunda parada del día. Si no deja el camión es porque la caja que hace diariamente sirve para completar los ingresos de la empresa familiar que gestiona la tienda física que tiene abierta en Pinofranqueado. Así, seguirá con su ruta, por lo menos mientras los pueblos que recorre continúen vivos.

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