Madres y padres a tiempo parcial

Las custodias compartidas en la región son el doble que hace dos años y alcanzan ya el 16,2% del total, pero están muy por debajo de la media nacional del 30,2%

Carlos García juega con sus hijos en un parque de Badajoz durante el último día de sus vacaciones con ellos . :: C. MORENO /
Carlos García juega con sus hijos en un parque de Badajoz durante el último día de sus vacaciones con ellos . :: C. MORENO
JOSÉ M. MARTÍN

«Deberían tenerse solo en cuenta los intereses de los menores». La afirmación es siempre la misma, no importa quién responda. Padres, madres, psicólogos, asociaciones... El acuerdo es absoluto. En teoría. Porque en la práctica hay ocasiones, y no son pocas, en las que se suelen olvidar estas buenas palabras y los hijos sufren de forma directa las consecuencias de la ruptura de una pareja.

En Extremadura hubo 1.940 sentencias en el año 2017, el último del que hay datos oficiales, como consecuencia de 1.824 divorcios, 114 separaciones y dos nulidades matrimoniales. El 53% de estas parejas tenían hijos menores en común y hubo que dictaminar quién y cómo se haría cargo de ellos.

En la mayor parte de los casos, el 82,8%, las custodias decididas fueron uniparentales (el 77% para la madre y el 5,8% para el padre) y solo en el 16,2% de estas situaciones se concedió la custodia compartida. El escaso 1% restante fue para otros familiares o instituciones, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Sin embargo, hay que subrayar que el porcentaje de custodias compartidas en Extremadura casi se ha duplicado en los últimos dos años. En 2015 solo se concedieron el 8,6%. «Hemos mejorado, pero era fácil hacerlo siendo los últimos», opina José Carlos Hernández, presidente de la Asociación Por los Derechos de los Niños Custodia Compartida.

Los roles sociales establecidos y la falta de una legislación favorable son las causas que explicarían el elevado porcentaje de custodias uniparentales en la región

Pese a ese aumento estadístico, los datos en nuestra comunidad todavía están muy alejados de la media nacional, que prácticamente es el doble que el porcentaje extremeño, el 30,2% en el año 2017.

¿A qué responde tal diferencia? A la hora de abordar los motivos, sí hay disparidad en las respuestas: diferentes legislaciones entre las regiones, falta de figuras profesionales en Extremadura que medien en caso de conflicto entre los progenitores o la prevalencia de los roles de género establecidos son algunas de las causas mencionadas por los afectados.

«En el caso de Extremadura influye que hay jueces muy tradicionales y solo hemos mejorado las cifras cuando ha habido renovaciones», indica Hernández, quien recuerda que para el Tribunal Supremo la custodia compartida es la solución preferente pensando en los niños.

También es cierto que el alto tribunal ha recordado en alguna sentencia que una de las premisas para que haya custodia compartida es que «entre los padres exista una relación de mutuo respeto que permita la adopción de actitudes y conductas que beneficien al menor».

En el caso de Esther, que prefiere no aportar su nombre real, se dieron los condicionantes y tiene junto a su exmarido la custodia compartida de sus hijas de quince y ocho años. Las menores están dos semanas con cada uno de sus progenitores. «No es la mejor situación para ellas, no les viene bien, incluso me dicen que es un rollo tener que estar cambiando de casa cada quince días», asegura esta madre, que, no obstante, es una firme defensora de la custodia compartida. «Pero no en los términos en los que las tenemos en Extremadura», apostilla.

Las sentencias de custodia a favor de la madre se han reducido del 87% al 77% en los últimos cinco años en Extremadura y en España son del 65%. :: HOY
Las sentencias de custodia a favor de la madre se han reducido del 87% al 77% en los últimos cinco años en Extremadura y en España son del 65%. :: HOY

Lo habitual en este tipo de soluciones es que los hijos pasen la mitad del tiempo con cada uno de sus padres. No hay un formato fijo y los periodos pueden ser más o menos largos dependiendo del acuerdo al que lleguen los miembros de la pareja o en función de lo que dicte la sentencia judicial.

Esto último fue lo que vivió Esther. En el momento de la separación las niñas se quedaron con ella y pasaban varias noches a la semana con su padre, que terminó solicitando una modificación de las condiciones. Ambos tenían claro que la mejor opción para sus hijas era la custodia compartida. Sin embargo, la falta de acuerdo en los plazos hizo que acabasen ante el juez.

«Hay progenitores que utilizan a los menores como arma», lamentan desde la asociación

«Antes era un simple visitador, me perdí muchas cosas de mis hijos», dice un padre

Pese a la buena predisposición, la sentencia no contentó a ninguna de las partes. «Tal y como está no nos conviene a ninguno, pero después de tanto tiempo te acabas amoldando», indica Esther, que defendía que los periodos fuesen más largos, al igual que hacía su expareja.

Ella echa de menos un figura profesional que actúe en casos en los que no hay acuerdo y evite tener que iniciar un proceso legal. «Tengo problemas que están sin resolver o que se resuelven de aquella manera porque evito pasar por el juzgado», reconoce Esther.

A los 12 años

Quienes más sufren los procesos judiciales son los menores. «Son tremendamente estresantes y complicados para un niño», afirma el psicólogo Alberto Blanco.

Es el juez quien toma la decisión de que un menor hable o no en el juicio, aunque pueden ser los progenitores los que pidan su participación. La edad mínima para hacerlo está fijada en 12 años, pero en algún caso se ha permitido que declaren siendo más jóvenes. Por norma general, su intervención no dura más de 15 minutos. «Realmente, es un derecho que tiene el niño, pero se transforma en una obligación», entiende este psicólogo que afirma que hay ocasiones en las que el pequeño se presenta ante el juez con un guion con lo que tiene que decir.

Este experto apunta hacia el conflicto de lealtades como el aspecto que más estresa a los menores. «La idea de responder a preguntas sobre a quién quiere más o con quién quiere estar agudizan esa sensación», detalla Blanco.

Con la idea de evitar el juicio a sus hijos, tuviesen o no que llegar a declarar, alcanzaron un acuerdo Carlos García y su expareja. «Al separarnos, le dieron la custodia a mi mujer, pero cuando pedimos el divorcio solicité una modificación de las condiciones», expone este pacense, que ahora tiene la custodia compartida de un niño de diez años y una niña de seis.

Los menores pasan una semana en su casa y otra en la de su exmujer. Los dos residen en Badajoz y bastante cerca, por lo que tienen bastante fácil realizar los cambios. Esos periodos se alargan hasta los quince días durante julio y agosto, para adaptarse a las vacaciones escolares. «Mis hijos lo llevan muy bien y cuando están conmigo duermen en el que era el domicilio familiar, en su cuarto», puntualiza García, que detecta que la relación con los menores ha mejorado desde que tiene la custodia compartida. «Era un simple visitador y me perdía muchas cosas», comenta, al mismo tiempo que incide en que nunca tuvo problemas para verlos. «Incluso la relación con mi exmujer ha mejorado y miramos los dos por el bien de los niños», añade.

Él es militar de profesión y tiene facilidades a la hora de cambiar su horario laboral en la semana que tiene a sus hijos. «Yo recupero horas cuando no están conmigo, pero entiendo que haya padres que por trabajo o economía no quieran la custodia, lo que no es lógico es que se nos ponga todo cuesta arriba a los que sí queremos tenerla», aporta García, que cree que la justicia falla con más facilidad a favor de las madres.

El pasado mes de julio se conoció la decisión de la Audiencia de Badajoz de revocar la custodia compartida concedida a un camarero debido a su larga jornada laboral. La sentencia, que ha tenido un gran eco nacional, reconocía incluso la buena voluntad del progenitor por atender a su familia, aunque alguna vez no había llevado a los dos menores al colegio por quedarse dormido. «Conocemos el caso de este hombre y nos consta que ya tenía acordado con la empresa una flexibilización de sus horarios», dice Hernández, que asegura que se están dando fallos diferentes para las mismas situaciones. «Hay sentencias a favor de la madre porque el padre trabaja y otras porque el padre precisamente no trabaja», ejemplifica. El presidente del colectivo lamenta, en cualquier caso, que cuando llegan los juicios «hay tanto padres como madres que utilizan a los menores como arma».

«Tengo problemas sin resolver por no volver a pasar por el juzgado», afirma una madre

«Los procesos judiciales son muy estresantes para los niños», según el psicólogo Alberto Blanco

Otro de los motivos que citan desde la asociación para explicar la menor tasa regional de custodias compartidas es la primera decisión de los jueces en los procesos de urgencia. «Se decide que los niños se queden con las madres hasta que sale el juicio, pero cuando esto pasa han transcurrido más de doce meses y los jueces entienden que es mejor no cambiar las condiciones».

Hernández preside la asociación de custodia compartida. :: L. CORDERO
Hernández preside la asociación de custodia compartida. :: L. CORDERO

Un padre que no ha podido acceder a la custodia compartida es Antonio García. Reside en Cáceres, al igual que su exmujer, y quiere pasar más tiempo con su hijo, que ahora está con él dos tardes a la semana y fines de semana alternos. «Solo puede dormir conmigo cuatro noches al mes», lamenta, para añadir que los horarios que se marcan los días de diario son muy restrictivos y le impiden organizar actividades con su hijo. A la hora de solicitar la modificación de condiciones, que le fue denegada, pidió la intervención de un mediador parental. No se trata de algo extraño. «En otras comunidades hay un plan de parentalidad y mediadores que evitan juicios y malos rollos posteriores», informa Esther, que cree que esas figuras serían necesarias en Extremadura.

Precisamente, la diferencia entre las distintas regiones es uno de los caballos de batalla de la asociación a favor de la custodia compartida. «En Cataluña, País Vasco, Aragón y la Comunidad Valenciana tienen legislado que la custodia compartida es lo favorable y son los territorios en los que más custodias compartidas se dan», indica Hernández.

Esther abunda en esa idea. «Las que conozco son por acuerdos previos o concedidas en instancias superiores». En su opinión es necesario un cambio de mentalidad para resolver este problema. «Ambos progenitores tienen que estar presentes en la vida de los niños, y compartir responsabilidades, buenos ratos y malos momentos», concluye.