Luces y sombras de Isla Valdecañas

En El Gordo y Berrocalejo, los pueblos que mejor conocen el polémico complejo de lujo, son mayoría quienes no quieren que sea demolido

Zona de playa artificial del resort:: DAVID PALMA/
Zona de playa artificial del resort:: DAVID PALMA
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Un tercio del terreno que ocupa Marina Isla Valdecañas está en el término municipal de Berrocalejo, que según el INE tiene 102 habitantes, aunque si se cuenta solo a los que cada día duermen y despiertan en el pueblo, la cifra baja a menos de la mitad. «Que vivamos aquí de fijo durante todo el año, somos 44», detalla Ángel Pedro Martínez Cáceres, 42 años, soltero, alcalde de la localidad por el PSOE. Son tan pocos y los conoce tan bien que no necesita pensar demasiado si le preguntan cuántos de sus vecinos trabajan en ese complejo residencial y de ocio en el que tienen casa un hijo del expresidente Aznar, Beltrán Gómez-Acebo –es primo del rey Felipe VI– o Koke, futbolista del Atlético de Madrid y la selección española que hace unos meses celebró su boda en este resort en el que cada verano organiza un campus para niños.

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«De Berrocalejo hay un vecino trabajando de vigilante, otro de jardinero y otro en el campo de golf, y dos mujeres que limpian casas allí», detalle el alcalde, al que la prensa reclama estos días como nunca antes. Todo a cuenta del caso Valdecañas, uno de los procesos judiciales más conocidos de los últimos años en Extremadura. En el año 2011, una sentencia del TSJEx (Tribunal Superior de Justicia de Extremadura) ordenó que los terrenos que ocupa el complejo sean restituidos a su estado orginario. Un fallo que el Tribunal Supremo ratificó en el año 2014. Casi desde entonces, la causa estaba hibernando, pero hace unos días la despertó una prueba pericial que las partes esperaban con expectación.

Campo de golf de 18 hoyos del complejo Marina Isla Valdecañas:: ANDY SOLÉ
Campo de golf de 18 hoyos del complejo Marina Isla Valdecañas:: ANDY SOLÉ

Es el informe que la Estación Biológica de Doñana ha elaborado a petición del TSJEx. Entre otras muchas cosas, dice que lo ideal para el medioambiente del lugar es demoler el complejo y restaurar la zona, una conclusión que derrumba las ilusiones del alcalde de Berrocalejo. «Lo mejor para nosotros –comenta– sería que se hiciera la segunda fase del proyecto, porque contempla unos sesenta chalés en la parte del complejo que está en nuestro término municipal, y eso nos reportaría unos ingresos muy importantes en concepto de impuestos».

Ingresos vía impuestos

Por esta vía, la de los tributos locales, en concreto los que abona todo aquel que hace una obra de este tipo, el Ayuntamiento ha recibido hasta ahora 1.350.000 euros, que le llegaron entre los año 2007 y 2011, mientras se construía el complejo. Según el actual alcalde (PSOE), su predecesor (PP) dedicó ese dinero a contratar a vecinos del pueblo que estaban en el paro.

La lista de lo que el resort le reporta a Berrocalejo como ingresos directos no va mucho más allá de esos 1,3 millones ya gastados. «Recibimos –detalla el alcalde– seis mil euros al año (o si se prefiere, 500 al mes) por el alquiler de las instalaciones deportivas que están en nuestro término (diez pistas de pádel, cinco de tenis, dos polideportivas o dos campos de fútbol, entre otras), y nos dan doscientos euros de donativo para las fiestas patronales».

Desde este punto de vista, han tenido mejor suerte en El Gordo, el pueblo de al lado (375 habitantes). Suyos son dos tercios de los terrenos que ocupa Marina Isla Valdecañas, y en ellos está casi todo lo que se ha edificado hasta ahora, lo cual tiene su traducción en dinero. Mientras se construía, el Consistorio ingresó unos 5,5 millones de euros por el impuesto de obras. Y según Elías Correas, actual alcalde por el PP, ahora reciben del resort unos 250.000 euros anuales en concepto de IBI (el último presupuesto anual municipal fue de 1.052.000 euros). «Además –sigue el alcalde–, nos pagan el aperitivo de las fiestas patronales, que lo elijo yo y que unos años cuesta mil euros y otros cuatro mil». «Gracias al dinero que nos llegó por la construcción del complejo –añade– pudimos construir una residencia de ancianos de 59 plazas, el hogar del pensionista y la piscina municipal, hicimos mejoras en el centro de salud y equipamos una nave para hacerla multiusos».

La construcción del resort reportó 1,3 millones a Berrocalejo y 5,5 a El Gordo, y ahora uno recibe del complejo 6.000 euros al año y el otro, 250.000

«Si el complejo cierra, el pueblo se muere», sentencia Corrales, que no se para aquí. «Se muere El Gordo y se muere Berrocalejo y se muere la zona», añade. Según sus cálculos, «entre 25 y 30 vecinos del pueblo» trabajan en 'la isla', que es como todos aquí llaman al lugar en el que se levantó el resort. «Yo soy nacido y criado aquí, he estado aquí toda mi vida, y la isla es lo que llamábamos 'Cerro burro' –evoca el regidor–. Yo he ido ahí muchísimas veces, de crío y de adulto, y lo que había antes de que se construyera Marina Isla Valdecañas era un secarral y un vertedero. No había más que eucaliptos y matorral, y cadáveres de vacas y colchones y muebles que la gente tiraba allí. Eso está ahora mucho mejor. No voy a decir que el cien por cien de los vecinos de El Gordo esté a favor del complejo, pero sí digo que son más del noventa por ciento con total seguridad».

Fachada del ayuntamiento de Berrocalejo:: DAVID PALMA
Fachada del ayuntamiento de Berrocalejo:: DAVID PALMA

Recuerdos coincidentes

Esto último es lo único en lo que coinciden el alcalde y Carlos Morante, concejal de la oposición por Extremadura Unida, aunque en las próximas elecciones municipales concurrirá por el PSOE. «Además de que ha puesto a El Gordo en el mapa, es que la isla está ahora mucho mejor que antes –afirma–. Antes era un secarral al que no íbamos ni a cazar porque no había fauna. Había cadáveres de vacas y basura. Lo más que veías era una paloma alguna vez. Ahora hay más árboles y mejores, porque han quitado los eucaliptos. Yestás por allí y no dejas de ver pájaros. Y hay más animales. Está aquello lleno de corzos y ciervos. Llegas a verlos incluso cruzando el campo de golf». Según explica Morante, «en el complejo trabajan, según los datos que me dieron hace unos pocos meses, 84 personas, 44 de ellas en el hotel. Lógicamente, no todas son de El Gordo, pero sí muchas. También hay bastantes que viven en Navalmoral de la Mata. Si mañana cierra, pues son 84 familias que se quedan en el paro».

Una visión parecida tiene Olga Bravo, que atiende el autoservicio 'El Chato', que está pegado a la iglesia, el monumento más importante del pueblo. «Que quieran demoler eso es un despropósito», resume la mujer. «Yo a aquello no le veo ningún aspecto negativo: le da trabajo a gente del pueblo y está mucho mejor que antes de que se construyera. Hay más árboles y más animales. Es raro el día que vas dando un paseo por ahí y no ves una liebre o un zorro». «Allí hay gente de El Gordo trabajando de camareros, de limpiadoras, de monitores deportivos... A ver dónde va a ir toda esta gente si eso cierra... A ver qué va a ser de todos esos jóvenes... Pues está claro que se tendrán que ir, porque aquí no hay posibilidades de trabajo». Ella apunta otra repercusión positiva: se han podido reformar el altar, la fachada y el techo de la iglesia. Y en gran modo, ha sido gracias a los donativos que algunos de los habituales a 'la isla' dejan en el cepillo de la iglesia durante la eucaristía del domingo.

Iglesia de El Gordo. El generoso cepillo de la misa dominical ha ayudado a reformar su altar, su tejado y su fachada.
Iglesia de El Gordo. El generoso cepillo de la misa dominical ha ayudado a reformar su altar, su tejado y su fachada. / DAVID PALMA

«Deberían tirarlo»

Cuesta más encontrarlos, pero también hay otros puntos de vista. «Vienen a misa en sus cochazos, se meten en la iglesia, y cuando acaba la misa, se vuelven a subir a sus coches y se van», asegura una vecina de Berrocalejo que prefiere no dar su nombre, lo mismo que su marido. «Ni una caña en el bar se toman», añade la señora, que tiene claro que el complejo turístico, de salud, paisajístico y de servicios Marina Isla de Valdecañas, que es su nombre oficial, debe ser demolido. Y su marido piensa igual. «El beneficio que se supone que iba a traer al pueblo, no ha sido tal para nada», afirma la vecina, que recuerda que «el gran golpe que sufrió esta zona fue cuando Franco construyó el pantano y se inundaron las tierras de un montón de gente, que se quedó sin sustento y tuvo que emigrar».

Ella, de hecho, vive en Madrid, aunque conserva casa en Berrocalejo, que en opinión de otro vecino que tampoco quiere dar su nombre, solo tiene futuro si llegan más proyectos como el que protagoniza las conversaciones estos días. «Este pueblo, y los de la zona igual, no necesita una Marina Isla Valdecañas sino cuatro o cinco, pero bien hechas», propone el hombre. «Esto se hizo mal desde un principio y ahora tiene difícil arreglo –continúa–. Ya no tenemos escapatoria: tirarlo estaría mal y dejarlo como está, también».

Que suceda una cosa o la otra depende de la Sala de lo contencioso-administrativo del TSJEx, que ahora debe analizar el contenido del informe de 1.118 páginas que hace unos días le entregó la Estación Biológica de Doñana. Ese estudio obligó a todas las partes excepto a los que llevaron el asunto a los tribunales hace más de una década (las asociaciones Adenex y Ecologistas en Acción) y a la promotora –que no consideraba necesario hacerlo– a pagar 467.247 euros. No a partes iguales, sino conforme al reparte que fijó la Sala. El gobierno autonómico abonó el setenta por ciento del total –o sea, 327.072 euros–, el veinte por ciento lo pusieron los dueños de viviendas (93.449), y el diez por ciento restante entre los ayuntamientos de El Gordo y Berrocalejo. Pero este último Consistorio se quejó, porque le parecía injusto que los dos municipios pagaran lo mismo cuando uno aportaba el 66 por ciento del suelo y el otro el 33. Al final, el informe del CSIC, organismo público al que pertenece la Estación, le costó a Berrocalejo 14.000 euros, lo que equivale a 137 euros por vecino. Una cantidad a considerar para una localidad cuyo último presupuesto anual fue de 229.800 euros.

«No quiero que lo tiren, ha dado vida al pueblo y a la zona»

«No quiero que lo tiren, ha dado vida al pueblo y a la zona» gloria gonzález, vecina de el gordo

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«Lo ideal para nosotros sería que acabaran la segunda fase, que se paró» alcalde de berrocalejo, Ángel Martínez

«Si cierra, el pueblo se muere. Y Berrocalejo. Y la zona»

«Si cierra, el pueblo se muere. Y Berrocalejo. Y la zona» elías corrales, alcalde de el gordo

Para hacer frente a esos 14.000 euros, el Ayuntamiento tuvo que subir algunos impuestos, entre ellos el IBI, según recuerda su alcalde, que empezó la legislatura sin tener sueldo. Pidió que se lo pusieran un año y medio después de quedarse en el paro, cuando ya había agotado la prestación por desempleo que le correspondía y no encontró ningún trabajo (es albañil y fontanero, y ha trabajado en mantenimiento). Como alcalde de su pueblo, gana 900 euros brutos por catorce pagas.

Una realidad muy diferente a la de El Gordo, cuyo alcalde, que ganó las últimas elecciones municipales por mayoría absoluta, cobraba justo el doble, 1.800 euros al mes. Así era hasta el pasado día 18, cuando el pleno municipal aprobó reducir su salario a cero. La oposición lo logró gracias al apoyo de un concejal del PP que hace un año le retiró el apoyo a su compañero alcalde y pasó a ser un edil no adscrito, tal como adelantó HOY el pasado 19 de diciembre.

No es la única diferente entre un pueblo y otro. Por El Gordo hay que pasar sí o sí para ir a Marina Isla Valdecañas, mientras que a Berrocalejo hay que dirigirse ex profeso. Lo hace, por ejemplo, el vendedor ambulante que lleva su furgoneta cargada de fruta. Recorre el pueblo anunciando la mercancía y dos vecinas salen de casa para comprarle. «De ninguna manera quiero que derriben la isla», dice en tono tajante Gloria González. «El complejo ha dado vida al pueblo y a la zona, hay muchos millones de euros metidos ahí, y además, no creo yo que la Junta de Extremadura tenga dinero suficiente para pagar lo que costaría echar abajo todo eso».

Su reflexión pone sobre la mesa otra pregunta: Qué repercusiones económicas tendría que el TSJEx decidiese que hay que demoler todo lo construido en 'la isla', ese espacio al que durante décadas nadie de la zona prestó demasiada atención y al que ahora miran todos.

«No cabe en este caso valorar el coste socioeconómico», advirtió ya el TSJEx

La cuestión clave que tiene que tiene pendiente aclarar el TSJEx es si se pueden o no ejecutar las sentencias de él mismo y del Tribunal Supremo, de los años 2011 y 2014, que orden restituir a su estado originario los terrenos que ocupa Marina Isla Valdecañas. «No cabe duda de que existe un intenso debate fáctico, pues las partes discrepan radicalmente», decía la Sala de lo contencioso-administrativo en su auto de marzo del año 2015, en el que encargaba el informe a la Estación Biológica de Doñana. En ese mismo documento, ya respondía de forma tajante a una pregunta que ahora alimenta el debate social generado en torno al lujoso resort, y es si los magistrado deben o no tener en cuenta razones sociales o económicas a la hora de decidir cómo se cierra esta causa judicial.

«Se considera inútil toda la prueba propuesta sobre contenido económico (coste de demolición, razones socioeconómicas en general y posible responsabilidad patrimonial)», advertía el TSJEx hace casi tres años. «No cabe ponderar, a los efectos de la inejecución de las sentencias, las consecuencias de esta índole que conllevaría para la Junta de Extremadura y los ayuntamientos y los propietarios», añadía. Yremataba el párrafo con un argumento más: «Es doctrina reiterada del Tribunal Supremo que 'el superior coste o la mayor complejidad de las demoliciones no son causa suficiente para firmar que la sentencia sea de imposible cumplimiento'».

 

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