Ullate se retira con una Antígona que roza la perfección en escena

La obra del Festival de Teatro Clásico de Mérida, que narra con danza la tragedia de Sófocles, carecía de texto, pero llegó al espectador por su emoción

Hemón, interpretado por Josué Ullate, y Lucía Lacarra, haciendo el papel de Antígona. :: / J. M. ROMERO
MARÍA CANCHO BLANCO

¿Cómo entender la historia de Antígona a través de un ballet sin diálogo? ¿Cuántos tipos de sentimientos diferentes puede despertar el ballet? ¿Cómo puede ser una danza delicada y firme y fuerte a la vez? Las respuestas a estas preguntas solo las conoce el creador de la versión de 'Antígona' en forma de danza para el Festival de Teatro Clásico de Mérida, Víctor Ullate.

Contar una historia sin mencionar una sola palabra y que el público la entienda, sin perderse en ningún momento, es una capacidad atribuible al maestro que firma el montaje junto a Eduardo Lao, director artístico. El ballet fue su única herramienta para mover al espectador a su antojo de un lado a otro, a través de la tragedia de Sófocles.

El día del estreno de la quinta obra de la programación del festival en el Teatro Romano de esta obra de arte, el coreógrafo regaló al público emeritense durante una hora y media un espectáculo lleno de detalles, bailes perfectamente coordinados y una iluminación que no dejó indiferente al espectador.

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Además, el sonido de Miguel Lizarraga, que comenzó simulando una tormenta en el mar, ayudó durante toda la función al gentío que observaba desde unas gradas casi llenas para adentrarse de lleno en la historia.

El vestuario de Iñaki Cobos, elegante, bello y práctico a la vez, dejaba a los bailarines total libertad para realizar unos movimientos delicados y precisos.

Los bailarines Mariano Cardano (Creonte) y Keiko Oishi.
Los bailarines Mariano Cardano (Creonte) y Keiko Oishi. / J. M. ROMERO

Los tonos ocres predominaban en el vestuario de estilo grecolatino, exceptuando los de color violeta de los bailarines principales. La detallada iluminación de Luis Perdiguero acompañaba siempre a la tonalidad del vestuario, de manera que cuando salía un grupo de ballet con trajes predominantemente de colores terrosos, la iluminación se tornaba anaranjada. Pero cuando salían a escena Antígona y Hemón, con sus atuendos violeta, el suelo del teatro y el fondo, decorado con pilas de barriles, formaban un conjunto de luces homogéneas.

Los danzantes, más que bailar, parecían deslizarse flotando por el suelo del Teatro Romano y, como movidos por el viento, volaban como si de hojas se tratasen.

Destacable en este juego de bailes es el personaje de Antígona interpretado por Lucía Lacarra, una de las principales figuras del ballet clásico actual. Desde 2018, Lacarra es directora artística del Víctor Ullate Ballet.

No es de extrañar que los bailarines de una compañía profesional como la de Víctor Ullate consiguieran una perfecta coordinación y gran carga expresiva en los bailes tanto grupales como en pareja. La danza clásica, acompañada de música de estilo parecido al árabe, dejó apreciar algunos pasos típicos de este baile oriental.

Notable fue también la actuación y el diseño de la capa con capucha, típica de adivino, del bailarín Dorian Acosta, dando vida al vidente Tiresias. Así como la interpretación de Keiko Oishi, haciendo el papel de Eurídice, madre de Hemón.

Creonte de frente y de espaldas Hemón y Eurídice, interpretada por Keiko Oishi. ::
Creonte de frente y de espaldas Hemón y Eurídice, interpretada por Keiko Oishi. :: / J. M. ROMERO

Hipnotizado

Gracias a la fuerza expresiva del baile, los espectadores podían sentir desesperación, tristeza o angustia por el destino injusto que le había tocado a Antígona y rabia al conocer la intransigencia de Creonte, rey de Tebas. Mario Cardano, que da vida a Creonte, bordó un papel en el que, gracias a la destreza de sus movimientos, se pudo ver fácilmente que él era el malo de la obra.

Durante la danza, los bailarines congelaban algunos de sus movimientos para que el público pudiera deleitarse por unos segundos. Como la imagen de la típica bailarina de la caja de música.

Hubo momentos en los que el público se quedó hipnotizado al ver la combinación de luces, bailes, trajes y música, ya que lo único que desprendía este montaje era belleza.

Una pila de barriles, también en tonos ocres, era la única decoración de este escenario que ayudó a dar simbolismo a la obra, al reflejarse en ellos las figuras de los bailarines. En estos toneles también se recreó, sin dar lugar a dudas, el trono de Creonte y la ciudad de Tebas.

En su última obra como director, Ullate quiso alcanzar la perfección. Y a juzgar por los cerca de 10 minutos de aplausos del público, parece que lo consiguió. Con esta Antígona, Ullate se despide del mundo artístico. Pero como dijo en la presentación, le seguiremos viendo en los teatros, aunque a partir de ahora, como espectador. Además, se viene a vivir a Villanueva de Vera, por lo que los extremeños le veremos más.